La noche se había vuelto eterna. Afuera, la luna se ocultaba tras nubes pesadas, y en la sala privada del hospital el tiempo parecía haberse detenido. Sasuke se había quedado a un costado de la camilla, sin dormir, con la mano de su padre aún entre las suyas. Apenas parpadeaba, como si cada segundo perdido pudiera significar no volver a verlo abrir los ojos.
Kakashi se mantenía de pie cerca de la ventana, en silencio, vigilando como un centinela. Sabía que Obito podía llegar a aparecer , y esa idea lo mantenía en un estado de alerta constante.
La puerta se abrió lentamente, y Tsunade entró con un pergamino médico en la mano. Su rostro estaba serio, más que antes. Se acercó a la camilla, revisando la red de chakra de Itachi con cuidado.
El Uchiha entreabrió los ojos al sentir la presencia de la mujer. Estaba exhausto, pálido, cada respiración que daba era pesada. Sasuke se tensó al ver la expresión de Tsunade.
—¿Qué ocurre? —preguntó el muchacho, su voz temblorosa, con temor a la respuesta.
Tsunade guardó silencio unos segundos, posando una mano sobre el vientre de Itachi, cerrando los ojos mientras extendía su chakra médico. El resplandor verde iluminó la sala, y después de un instante que pareció eterno, apartó la mano con un suspiro contenido.
Abrió los ojos, clavándolos primero en Kakashi, y luego en Itachi.
—Itachi… Sasuke… —su voz fue firme, aunque cargada de pesar—. Lo siento… pero el bebé murió hace una hora.
El aire se desplomó en un silencio mortal.
Itachi quedó inmóvil, sus ojos se abrieron de par en par, y por un instante no respiró. Luego, las lágrimas brotaron de golpe, cayendo sin control por sus mejillas. Llevó una mano temblorosa a su abdomen, como si buscara desesperadamente sentir algo que ya no estaba allí.
—No… —su voz se quebró en un susurro—. No… por favor…
Sasuke lo miró con el corazón hecho pedazos.
—¿Qué… qué dices? —su respiración se aceleró—. No, tiene que haber un error. ¡Tiene que haber un error! —le gritó a Tsunade con desesperación, aferrándose al brazo de su padre—. ¡Él sigue vivo, no puede haber muerto!
Tsunade apretó los labios, conteniendo su propia rabia contra la impotencia.
—El latido se detuvo, Sasuke. No hay vuelta atrás.
Itachi rompió a llorar con un llanto silencioso, desgarrador, que sacudía todo su cuerpo debilitado. Apretaba la sábana con fuerza, como si quisiera arrancarse el dolor con las manos.
Sasuke hundió el rostro contra su pecho, llorando con él, sintiendo que lo perdía todo de nuevo.
—No… no, papá… —repetía entre sollozos.
Tsunade bajó la mirada y habló con tono grave:
—Tenemos que realizar un legrado de inmediato. Si no lo hacemos, su vida corre un riesgo aún mayor. Ya está demasiado débil… no soportará más infecciones internas.
Las palabras se clavaron como cuchillas en el ambiente. Itachi apenas podía hablar entre sollozos, su voz rota por el dolor.
—Lo sabía… —susurró—. Desde el primer dolor lo supe…
Sasuke levantó la cabeza, desesperado.
—¡No digas eso! ¡No lo sabías, no podías! —gritaba, como si quisiera tapar la verdad a gritos, negándose a aceptar lo que acababa de escuchar.
Tsunade colocó una mano firme en el hombro de Kakashi, mirándolo con severidad.
—Saca a Sasuke. No puede ver lo que va a pasar.
El ninja bajó la mirada, su ojo brillando con pesar. Sabía que lo que vendría sería brutal.
Itachi, aún llorando, buscó con la mirada a su hijo, aferrándose a su mano con lo poco de fuerza que le quedaba.
—Sasuke… —su voz era un susurro roto—. Perdóname…
El muchacho sollozó con más fuerza, negando con la cabeza una y otra vez, como si así pudiera impedir lo inevitable.
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El pasillo frente a la sala de operaciones estaba sumido en un silencio opresivo, roto solo por los pasos rápidos de los médicos que entraban y salían a preparar todo lo necesario. Sasuke estaba de pie, con la espalda pegada a la pared, las manos crispadas contra los costados. El dolor en su pecho era tan intenso que apenas podía respirar.
—No debí dejar que esto pasara… —murmuró, más para sí mismo que para Kakashi, que permanecía a su lado.
Kakashi, con la máscara manchada de sangre por haberlo cargado, le posó una mano en el hombro. Su voz era baja, pero firme.
—Sasuke… él sigue con vida porque resistió más de lo que cualquiera hubiera soportado. No es tu culpa.
El joven giró el rostro con brusquedad, los ojos enrojecidos y llenos de rabia.
—¡Siempre es culpa mía! —gritó, golpeando la pared con fuerza—. Primero todo lo que pasó con él…lo que le hizo por mi … y ahora esto. Yo no puedo perderlo, Kakashi, no puedo.
Kakashi lo sostuvo de los hombros, obligándolo a mirarlo a los ojos.
—Entonces confía en que va a salir. Tsunade es la mejor en lo que hace. Tu padre es fuerte… no va a rendirse ahora.
La puerta de la sala se abrió con un golpe metálico y un médico entró corriendo con una bandeja de instrumentos. Por un instante, Sasuke pudo escuchar el eco del llanto apagado de Itachi desde dentro, antes de que la puerta volviera a cerrarse. Aquello lo destrozó. Se dejó caer de rodillas, cubriéndose el rostro con ambas manos mientras las lágrimas brotaban con violencia.
Dentro, Tsunade se inclinaba sobre el cuerpo del Uchiha. Itachi temblaba, sudor frío empapando su frente, su piel pálida contrastando con la sangre que manchaba las sábanas bajo él. Su respiración era agitada, y sus manos se aferraban a los bordes de la camilla como si se sostuviera a la vida misma.
—Aguanta, Itachi —ordenó Tsunade, su tono firme aunque sus ojos delataran preocupación—. Te voy a sacar de esta, pero necesito que no luches contra mí.
Itachi cerró los ojos con fuerza, lágrimas cayendo mientras el dolor en su vientre aumentaba con cada movimiento. En su mente, solo resonaba la voz de Obito, burlona, cruel, como si siguiera allí. “Ni tú ni ese hijo eran dignos de seguir vivos…”
Su pecho se sacudió con un sollozo y, aunque intentaba no hacerlo, murmuró entre dientes:
—Perdóname… Sasuke…
Afuera, Sasuke levantó la cabeza de golpe, como si hubiera sentido el eco de esas palabras atravesándole el alma.
Kakashi lo observó, en silencio, pero la tensión en su postura lo delataba: también estaba al borde del quiebre.
Los minutos se hicieron eternos. El reloj del pasillo marcaba cada segundo con un tic-tac ensordecedor. Hasta que, finalmente, la puerta volvió a abrirse. Tsunade salió, quitándose los guantes manchados de sangre. Su expresión era grave, pero no derrotada.
Sasuke se incorporó de inmediato, el corazón en la garganta.
—¿Él…?
Tsunade respiró profundo antes de responder.
—El procedimiento fue exitoso. El bebé… ya no estaba con vida cuando lo retiramos, pero Itachi resistió. Está débil, muy débil… pero vivo.
Sasuke se llevó una mano al rostro, sollozando con fuerza al mismo tiempo que una sonrisa de alivio aparecía entre lágrimas. Kakashi cerró los ojos, dejando escapar un suspiro que parecía contener semanas de tensión.
—Pueden verlo en unos minutos —añadió Tsunade—. Pero quiero que estén preparados: va a necesitar de ustedes más que nunca. Física y emocionalmente.
El silencio volvió al pasillo, aunque esta vez no era de miedo, sino de un dolor mezclado con esperanza.
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mentiras a la luz
Fanfictionver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
