Carta 3

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Hola, antiguo dolor.

No preguntaré cómo has estado, porque, si me permito ser sincera, ha dejado de importarme. Tú siempre has estado bien.

He dejado de romantizar tu desinterés, tus faltas de respeto y tus insultos. Sé que todo es evitable si uno se lo propone.

Las ganas de vomitar se fueron. Ya no necesito pastillas para eso, porque ya no están tus besos. Me alegra y celebro tus malos tratos, pues hoy, por fin, ya no te tengo.

Te pensé, te lloré, temblé, vomité... Mi cuerpo pasó por una desintoxicación completa. Viví y sentí cada etapa. Mi periodo de abstinencia lo superé sin un calor nuevo, y eso es algo que siempre me ha diferenciado de ti.

No me refugié en desconocidos, no pagué a nadie por amor. Tinder no fue el pilar de tu olvido. No necesité usar un apodo para que nadie me recordara en las esquinas.

Deseo que esto haga relucir tu ego. Disfraza tu amor, que a nadie le interesa. Escóndelo, pero también muerde tu veneno, porque de tanto probarlo, me volví inmune.

No necesito tu atención a medias ni tus mensajes llenos de mentira. No necesitas aclarar nada porque ya sé quién eres: un dios oscuro, solo y de mentira.

No te odio, aunque se tenga esa teoría. Tampoco escribo para ti, sino para mí, para no olvidar, para recordar lo que soy.

Al final, esto nunca se trató de nosotros, y me pregunto: ¿quién vivirá nuestros planes por nosotros? Nadie, porque ni tú puedes ni yo puedo. "Nuestros" significa tú y yo, y a estas alturas, ni estás tú ni estoy yo.

Ni en mundos paralelos ni en próximas vidas se completará. Es mentira. No te engañes.

Me habría quedado con tus ojitos de niño al principio, con tu risa nerviosa. Es la magia, son los filtros que el amor usa. Aun así, no puedo culpar solo al viento por el desastre: fui yo quien dejó las puertas y las ventanas abiertas.

Tal vez lo que me mostraste el último día fue lo que siempre fuiste. Quizás el metal en tus manos siempre decoró tus muñecas, y no un ramo de tulipanes. Quizás tus ojos eran negros y rojos, pero yo veía lo que necesitaba para no irme.

Te sueño a diario. No me hablas ni te hablo, solo nos miramos. ¿Qué significa? Nunca estamos cerca, y si alguno lo intenta, me despierto. Estoy harta de soñarte. No me aportas nada. Todo esto comienza a molestarme.

Tu recuerdo atormenta mi mente de manera cruel. Estás entre lo más oscuro de mí, secretamente, porque dejar que te vean es hacer que me odien. Y es normal. No entiendo cómo hice para amarte.

Vuelvo al inicio. Culparte por todos los daños sería estúpido, porque te brindé el manual para hacerlo. Te enseñé cada punto débil y te convertiste en un experto.

¿Cómo voy a odiarte, parka, si deseaba morirme abrazada a tu espalda?
Explicame, enséñame tú experto en desdichas, como hago para odiarte.
Aunque puede que solo me alcance con sentir que ya no te amo, es mejor, eso es todo.

Att: Estrella.





DATO: "Este poemario es una obra literaria inspirada en diversas experiencias, emociones y ficciones. No representa necesariamente hechos reales ni un testimonio autobiográfico."

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