Premio

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Mi premio aún está atorado
en la máquina de cristal,
frío, solo,
como nuestro amor.

Trago mi orgullo,
pero oculto mis intenciones.

Tres de la mañana y maldigo tu nombre,
culpo a mi inconsciente
cuando proyecta tu sonrisa en mis sueños.

No limpio mis ojos,
se volverán a mojar.
No he cambiado las sábanas,
el mar es parte de mi rutina.
Está bien,
tú lo estás.

Hago memoria de mis pecados
y, aun así,
¿merecía tanto dolor?

Porque, pequeño,
tú fuiste mi karma,
la ternura disfrazada de demonios.

No fingas inocencia,
detente,
esto ya no es ficción.

Uso las olas como refugio,
ellas bailan,
ellas entienden mi dolor.

Desnudé mi anular,
no hay diamante que lo adorne.
Ganaste,
porque ya no conozco el amor.

Mientras me das la espalda,
me prometo recordar tu cumpleaños,
tu gesto gracioso
y aquel que odiaba tanto.

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