Capitulo 68

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Había pasado una semana desde que Pei Ming arrastró a Hua Cheng a aquella reunión. Parecía que se llevaban bastante bien.

Durante esos días, Xie Lian había llevado a su hijo a la oficina. Fue una experiencia agradable, aunque predecible: A-Yan se aburrió rápido. Un niño de cuatro años no estaba hecho para pasar horas en un ambiente de trabajo. Pero, en el fondo, Xie Lian sabía que lo había hecho más por su propia renuencia a dejarlo solo de nuevo. Aun así, no podía seguir así.

Esa mañana, dejó a A-Yan con Shi Qingxuan en su departamento.

A las nueve en punto, Xie Lian entró a la oficina con una bandeja en mano. Sobre ella, una taza de té y unos dumplings recién hechos.

—Gege, es muy cruel.— se quejó Hua Cheng, recostado contra su silla con evidente pereza —Si no quiere que me quede dormido, necesito café.

Xie Lian dejó la bandeja sobre la mesa —Lei que no es bueno tomar demasiado café.

—Gege, no debería creer todo lo que dicen por ahí.

Xie Lian tomó la taza de té y se la acercó. Durante toda la semana, había hecho lo mismo, le dió té. Xie Lian miró la taza con duda.

Hua Cheng bajó la mirada al contenido con resignación. —Gege, compadezcase de este pobre ser. Por favor, necesito café.

Xie Lian hizo una leve mueca. No era su lugar decidir qué debía o no consumir otra persona. Hua Cheng no era un niño. Si fuera otro jefe, seguramente ya lo habría despedido por tomarse esas libertades.

—Está bien, iré por su café.

Hua Cheng volvió a la vida —¿En serio? Gege es una buena persona.— dicho eso, tomó el té de todos modos. —¿A-Yan está bien? ¿Volvió al jardín?

—Esta con un amigo.

—Oh… —murmuró Hua Cheng antes de morder un dumpling.

Xie Lian lo observó de reojo. No era tonto. En la última semana, tanto Hua Cheng como A-Yan se habían entretenido juntos más de lo debido, interrumpiendo su trabajo. No debía seguir abusando de la amabilidad de su jefe.

No podía permitir que A-Yan desconcentre a Hua Cheng.

—Voy por su café.

Al llegar al buffet, se encontró con una larga fila. No le quedaba más remedio que esperar.

~.~.~.~

En otro piso del mismo edificio, Shi Qingxuan entró a una oficina con una sonrisa nerviosa. Vestía un buzo blanco y jeans, y llevaba una gran bolsa negra en una mano. En la otra, sostenía a A-Yan con su buzo azul marino y jeans a juego, quien agarraba en su otra mano libre una pequeña pelota azul, con desconfianza entrecerró los ojos al ver al hombre frente a ellos.

He Xuan, de pie a solo dos metros, miró en silencio al niño. Sus ojos recorrieron las marcas en su rostro, notando que parecían estar en mejor estado.

—Cuando lo mencionaste, no te creí —dijo al fin—. Pero ahora entiendo por qué.

Shi Qingxuan resopló, acomodando mejor la bolsa.

—Mingxiong, ya te dije que no perdí los lentes se los di a mi adorable sobrino. A-Yan ¿Por qué no lo saludas?

A-Yan lo hizo, aunque con evidente reticencia. —Hola.

—¿No es día de la semana? ¿Por qué no está en el jardín?— preguntó He Xuan sin apartar la mirada del niño.

Shi Qingxuan caminó hacia un sillón y se sentó con el menor sobre sus piernas.

Dulce StripperDonde viven las historias. Descúbrelo ahora