C. 29: Lo que fue
-¡Tengo miedo! ¡Pero estaré pronto mejor, confía en mí!
La chica avanza ligeramente, de un lado al otro, irrumpiendo su recta trayectoria. Envuelta en sangre, levanta su mirada hacia la luna, que resplandece contrastando con su cabello.
-Por favor, vuelve. Esto no es lo que quieres, créeme.
Ríe inocente, aunque sarcásticamente, si es que eso es posible.
-¿Estás loco? ¡Esto es lo que he querido toda mi vida!
Se vuelve hacia él y camina de espaldas, oponiéndose al viento. Aquel estremecedor viento.
-Estás temblando...esto no es lo que quieres.
-¿Acaso quieres que sea egoísta...-la voz de la mujer se quiebra, para romper en llanto-Porque eso no es algo que puedo concederte...no todos podemos ser como tú...
-Por favor, detente.
-No todos podemos...tener al amor de nuestras vidas frente a nosotros...no todos tenemos la oportunidad de hacer lo que nos plazca con sus sentimientos...no todos podemos ser tan perfectos como tú...
-Para...para...¡para ya!
La cabeza le pesaba a la dama vestida de rojo, y por más que luchara, el viento la empujaba hacia otro camino. Éste era su destino.
-Tengo miedo...pero es un riesgo que debo tomar. Todos debemos hacer un sacrifico por quienes amamos...¿estarías dispuesto a hacerlo tú, por tu amada?
Él se desploma en el suelo, tiñendo sus frágiles rodillas de moretones.
-P-por supuesto que lo haría...
-Debes resignarte entonces...pero no te preocupes, todos, algunas veces, hacemos promesas que no podemos cumplir después de todo. Eso no nos hace malas personas, nos hace almas con vida.
-¡No te vayas!
-Cuida de ambos, ¿sí?
El joven se resigna a quebrarse, llenando su rostro de lagrimas.
-Esto no puede ser...
-Entonces...-susurra ella, mientras anda con sigilo hacia el bosque desolado, atendiendo el canto de mujer que la atrae hacia allí-¿por qué lo es?
***
Le tomé de la mano, y se la apreté con cariño. Ambos estábamos asustadísimos. Nuestras vidas podrían cambiar por completo en treinta y cinco segundos.
Treinta y cuatro.
Treinta y tres.
Treinta y dos.
Treinta y uno.
Treinta.
-¿Estás nervioso?
Exhalé. Sí, lo estaba. Y tampoco podía ocultarlo bien.
-Un poco, sí.
Maravillada, me tomó de la quijada y me plantó un beso en el labio superior.
Chocolate amargo.
Diecinueve.
Dieciocho.
Diecisiete.
-¡Han pasado ya dos minutos!-exclamó, extrayendo aquel artefacto de la dichosa bolsa de plástico que lo envolvía.
-Bueno...¿y?-indagué, con el corazón estallando.
-Es...negativo-suspiró ella, aunque sin dejar de sonreír.
-Oh, bueno-carraspeé mi garganta, retomando mi compostura-. Supongo que eso es bueno, ¿no?
-P-por supuesto...-mencionó algo decepcionada-Supongo.
La miré a los ojos, ambos llenos de brillo.
-Eh, no te preocupes. Tendremos uno algún día, ¿vale?
Le sostuve de la mejilla, enrojeciéndola por completo.
Ella asintió.
-Por ahora estamos bien...-acercó su mano derecha hacia mí, y un resplandor, proveniente de su dedo anular, iluminó mi mirada-Aún tenemos mucho de qué encargarnos, una vida por delante.
Otro beso alegró nuestra noche. Uno magnífico.
-Aunque...Diego...-titubeó.
-¿Sí, Fran?
-Cuando, bueno, ese día llegue...me encantaría llamarlo, si es varón claro...Max.
-¿Max?-corroboré.
-Sí, me encanta ese nombre.
-Bueno, normalmente un chico no discute el nombre de sus futuros hijos una noche después a su propuesta, pero...-sonreí ampliamente, tomándole de la mano-Estoy encantado con Max.
***
La encontré. La encontré. ¡La había encontrado!
El niño dentro de mí saltaba de alegría, tenía deseos de abalanzarse sobre ella y echarse a llorar en sus brazos. No por tristeza, sino tan sólo por llorar.
Se acercó hacia mí, con sutileza en cada movimiento.
Estaba diferente.
Y pues claro que estaría diferente, no era la misma de hace un mes.
Y bueno, no un mes, sino treinta y dos noches.
Era la cuarta vez que la buscaba entre la oscuridad, y la primera vez que conseguía encontrarla. Pero eso no tenía cuidado, no me importaba si cada noche me adentraba ciegamente, a esperar a algo que probablemente no estaba ahí.
Ahora lo estaba.
-¿Qué haces aquí?-musitó con ansiedad, inquieta.
-He venido a verte-entrelacé mis dedos con los suyos, a lo que ella se apartó.
-No necesito esto...no ahora...no en este momento...-susurró entre lágrimas.
La sostuve entre los brazos, acallando su llanto con mi cercanía.
-No estoy lista para hacer esto de nuevo...dolió tanto la primera vez...
-Pero esta vez es diferente...porque ahora estoy aquí contigo.
Y ambos nos perdimos, entre treinta y dos noches.
Treinta y dos frías y solitarias noches.
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Novela Diego - Ser quien soy 2da Temporada
FanfictionDiego y Francesca, juntos desde hace 3 años, su vida no podría ser más maravillosa. Pero cuando Violetta Castillo regresa a la vida de ambos, es capaz de destruir todo su futuro como pareja. Y Diego sabe que aún no ha dejado de pensar en ella. Diele...
