Capitulo 4

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C. 4: Viejos sentimientos

Y transcurrieron las semanas, y quizás yo ya había superado todo el asunto de Violetta. O quizás no.

Aún que no lo quisiera, seguía escuchando su voz en mis sueños.

En mis sueños, ella y yo formábamos una hermosa familia, y éramos más felices que nunca.

Quizás eso es lo que quería, lo que siempre quise, un futuro con Violetta. Pero todo eso estaba atrás. Y me iba a casar con la chica más maravillosa del mundo.

-Diego...-me dijo Francesca una mañana, mientras se cepillaba los dientes-¿Estás bien?

-¿Yo? Estoy perfecto. ¿Por qué?-respondí, tratando de ser indiferente mientras hojeaba un libro.

-Bueno, no sé.-continuó-Hace unas semanas que te noto un poco distante, ¿seguro que estás bien?

-Sí. Seguro.

Francesca volvió del baño algunos minutos después, y sin ningún aviso se acercó a mí y se sentó en mi regazo.

-Eh, hola.-arqueé una ceja.

-Hola.-río-Ahora, ¿me vas a contar lo que te pasa?

-No me pasa nada, Francesca, estoy bien, lo juro.-asentí nuevamente.

-Venga, hemos estado por más de 3 años, ¿no confiás en mí como para...-Francesca se quedó en silencio por unos segundos, hasta que por fin intuyó-¿Acaso tiene que ver con Violetta?

-¿Cómo? ¿Qué tiene que ver Violetta en esto?-dije, tratando de sonar irónico.

-Si, desde que fuimos a ver a Violetta has actuado extraño.-me rodeó tiernamente el cuello con sus brazos-¿Aún te pasan cosas con ella?

-Obvio que no. Te amo a ti.-susurré, y le di un dulce beso.

-¿A sí?-sonrió indecentemente-¿Qué tanto?

-Hasta el espacio exterior.-bromeé, tocándole la nariz, pues siempre le molestaba eso.

-Yo también, y no podría estar más feliz en este momento.-se acercó a mí lentamente y me besó.

Los labios de Francesca. Esos labios que con tan sólo verlos me daba cuenta de su belleza. Me hacían enloquecer. Tenía ganas de besarlos y morderlos hasta quedarme sin aliento. Sencillamente tóxicos.

Un par de horas después, salí a comprar algunas cosas para almorzar, pues Francesca iba a estar ocupada todo el día y yo no sé cocinar ni un huevo frito.

Y mientras estaba a media fila para pagar en el supermercado, mi celular sonó:

-¿Hola?-dije yo, creyendo que era Francesca.

-Diego...-exhaló Violetta, su voz era irreconocible-Perdón, no quería llamarte, debe ser que marqué equivocadamente, perdonáme...

-No, está bien.-sonreí-¿Y qué haces ahora mismo?

-¿Yo? Eh, bueno, estoy con Ariana, sabés esto de ser madre...-insinuó-Pero, ¿por qué preguntas?

-Nada, sólo quería saberlo.-respondí, sin dejar de sonreír.

La inocencia de Violetta me daba ternura, la dulzura y sinceridad con la que me hablaba.

-Bueno, eh, te dejo.-se despidió.

Me apresuré a pagar y rápidamente salí del lugar. No quería demorarme mucho, pues primero debía hacer algo.

Algo en mí me impulsaba a ir hacia a aquel lugar, a la casa de Violetta. Algo en mí había tomado el control de mi juicio, pues por alguna razón debía verla. Ver su bella sonrisa, y hundirme en sus profundos ojos.

Cuando llegué, inmediatamente toqué a la puerta.

Violetta abrió. Y la vi.

La vi de pies a cabeza. Traía puesto una bata trasparente de encaje, encima de su ropa interior. Y lo demás...vaya, estaba prácticamente desnuda.

Una sensación interna recorrió todo mi cuerpo intensamente cuando la vi de esta manera.

Y cuando Violetta me vio, se sobresaltó y se cubrió con las manos. Estaba roja como tómate.

-¡Diego!-exclamó sorprendida-¿Q-qué hacés aquí?

-Pensaba visitarte y almorzar contigo.-extendí la bolsa de comida que había comprado-Sé que ser madre no es nada fácil, en especial en invierno.

-Oh, bueno, claro, pasa...-podía ver sus mejillas ardiendo, y sus piernas temblaban delicadamente-Sentate, yo...regreso enseguida.

Tomé asiento en la sala de estar, y mientras Violetta se vestía, no pude evitar voltear a ver a la tierna niña.

Me asomé hacia su cuna, y vi como dormía cual angelito. Me causaba sentimientos inexplicables, me daban ganas de abrazarla y jamás soltarla, protegerla por el resto de mi vida.

-Listo...-dijo Violetta, entrando a la habitación, ahora con una blusa y unos jeans. Quizá se percató de que estaba viendo a su hija, pues se acercó a mí y susurró-Es hermosa, ¿no?

Asentí calladamente.

-Justo como su madre.-reí.

Violetta y yo nos incorporamos en los sillones y comenzamos a almorzar.

-Y bueno...-dijo Violetta después de un largo rato-¿Ahora me vas a decir la verdadera razón por la que viniste?

-Ya te la he dicho.

-Ajá, sí claro. Porque alimentarme es un muy motivo para venir hasta acá, EN INVIERNO.-enfatizó, y después río ligeramente-¿Francesca y vos se pelearon?

Negué con la cabeza.

-Vale, ¿quieres saber la verdadera razón?-cuestioné, y la miré a los ojos-Me gustaría preguntarte algo que me ha estado matando estos últimos días...

Violetta se quedó en silencio, esperando mi respuesta con atención.

-¿Te gustaría venir a la boda?

Mentí. La pregunta que en realidad le quería hacer era para saber si seguía sintiendo algo por mí, pero preguntárselo estaba completamente fuera de lugar.

Violetta suspiró, aliviada.

-Ah, ya me había asustado.-mencionó, y con certeza contestó-Me encantaría ir a la boda.

-¿Segura? Digo, porque no sé si te sientas de lo más cómoda yendo a la boda de tu ex...-intuí.

-Iré.-replicó.

Sonreí con alegría. Y ella sonrió de vuelta. Ambos nos quedamos ahí sonriendo, como unos bobos enamorados. Por supuesto, lo de "enamorados" no estaba tan seguro.

Después de disfrutar nuestro almuerzo, comenzamos a charlar de tonterías, nos pusimos al día, de todo lo que habíamos hecho los últimos 3 años.

El tiempo avanzaba con velocidad, pero para mí las manecillas se detenían solamente para nosotros. Para capturar la esencia de un momento maravilloso como este.

-Bueno, fue divertido.-dijo ella, sin parar de reír, mientras me acompañaba a la puerta-Pero es hora de que te vayas.

-Vale, vale, tampoco me eches.-reí. Me paré en la puerta, mirándola-Me alegra que vayas a la boda. Se sentiría incompleta sin ti.

-Nada me haría más feliz que ir a la boda de dos de mis mejores amigos.-me tomó de las manos cálidamente-Y a pesar de todo lo que pasamos, nada me gustaría más que formáramos una amistad.

-A mí también me encantaría.-respondí, mientras temblaba por dentro.

-Bueno, entonces somos amigos.-bajó la mirada, esbozando una ligera sonrisa.

-Entonces...yo me voy.-reafirmé, sus manos parecían no querer dejar ir a las mías-Mándale besos a Ariana de mi parte.

Asintió, forzando una sonrisa.

-Hasta pronto, amiga.

-Hasta pronto...-me soltó de la mano lentamente-amigo.

Novela Diego - Ser quien soy 2da TemporadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora