Capítulo 35

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Camino sin siquiera mirar a los lados. Mentón en alto, con superioridad, recuerdo los consejos de mi madre. Tal vez después de todo, no es tan mala idea tenerla conmigo. Ser una completa perra, me saco de los peores lugares, demostrarles a todos cuál es su lugar, es algo que hice de adolescente. Aunque muchos me han llegado a odiar, no quita el hecho de saber de dónde vengo.

Entre dejar que pasen sobre mí, prefiero pasar sobre ellos. Y las dos personas delante de mí, aunque me crean un ser indefenso, no lo soy. Actuar con impulso, es lo peor o lo mejor que puedo hacer. Escuche la propuesta de Anielle, y ser manejada por alguien de nuevo, es algo que no deseo. Tengo el apoyo de Hayden, de Nate y aunque diga que no, el de mi padre.

Pero la presencia de esos gemelos, trae consigo una propuesta también. Y debo de saberlas todas para saber dónde moverme. Cada quién juega donde hay más beneficio, yo haré lo mismo. La razón por la que me salvaron, tal vez sea desconocida, pero también querré saberla en su momento. Cada paso que doy, es sentir la sombra de esa idiota respirando mi nuca.

Y no he deseamos más que mandarla al infierno, y que se joda. Subimos las gradas hasta una habitación espejo. Mismas que posee todos los night club de Anielle. Pocas personas hay presentes, mismas que tienen los contactos suficientes para estar en este mundo. Los veo sentarse en una mesa en una esquina esperando por mí.

Me doy la vuelta para toparme de frente con los ojos de esa idiota. El reto está ahí en esos ojos que son un color barro, una mezcla perfecta de tierra podrida y agua. Cruzo los brazos sobre mi pecho, le doy una repasa rápida a su atuendo. Un traje que ni siquiera resalta su figura, tan solo existe y ya, esa es mi perspectiva.

― Su perro me seguirá siempre. ―Suelto sin atisbo de culpa viendo a la castaña. ― Soy hermosa, pero tener su atención sobre mí tiende a ser incomoda.

― Lo sentimos. ―Se disculpan los dos, manda a sacar a la idiota que me observa de pies a cabeza.

― Me dices perro ―Susurra solo para las dos. ― Hasta donde sé, no te quedas atrás. Eres la mayor perra de todas.

« ¿Me ofendo? » Le dedico mi mejor sonrisa, tal vez el volver a ser una perra me haga conseguir lo que deseo.

― Même chez les chiens, il y a des races. Et même si ça te fait mal, je suis bien au-dessus de toi. (Incluso entre perros, hay razas. Y aunque te duela, estoy muy por encima de ti.) Ahora haz caso a tus amos, no quiero pulgas.

Da un paso adelante, y elevo mi ceja con reto. Puede que estrelle mi rostro en el suelo, pero ponerme una mano encima traerá problemas no solo para ella, si no para sus amos. Ni siquiera la observo, viene sin un rasguño, y me iré de la misma forma. Hay consecuencias para todo, e incluso yo las tendré.

Vattene via. (Vete de aquí)―Dice el gemelo dos, el que da más miedo.

Camino hasta tomar asiento frente a ellos. Un mesero se acerca, una botella de ron es puesta en la mesa de cristal. Tres copas. Detengo al mesero cuando esta por irse, ordeno mi vino favorito. Asiente, en cuestión de minutos la botella es puesta frente a mí. Me sirve una copa, la acepto. El primer sorbo, trae recuerdos de lo bien que sabe.

― Podemos hablar ahora. ―Les sonrió cruzando la pierna, bebiendo de mi vino.

Puedo tomar la botella completa, y aun así no tener un estado de embriaguadez horrible. Beberlo por tanto tiempo, tal vez me hizo un poco inmune. El gemelo número uno, saca un sobre que deja sobre la mesa. Lo estudio, sin siquiera tener intención de abrirlo.

― Ábrelo, creo que puede interesarte lo que hay dentro.

Tomo todo el contenido de la copa dejándola sobre la mesa. Estiro mi mano tomando el sobre. Al abrirlo, solo veo hojas. Un contrato, una asociación con ellos he de suponer. Massimo y Fabrizio Capone, Jefes de Camorra. Una de las cuatro mafias que controla Italia. Socios de Anielle hasta donde tengo entendido.

Dejame Amarte | | Libro 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora