El miedo al futuro

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Realmente, Lan WangJi no está preparado para lo que encuentra una vez llegan a la habitación señalada por Qin Su. La chica abre la puerta, después de un breve saludo de: ―A-Yang, vine a traerte bocadillos robados.

Al parecer, Jin GuangYao la designó a cuidar del niño después de que varios guardias fueran mordidos, abofeteados y golpeados por el pequeño. El obligado estudio y exposición a la energía resentida al que lo han expuesto, no ha mejorado las cosas, pues las emociones del chiquillo están inestables debido a que no tiene un núcleo perfectamente formado. Lan WangJi hizo un par de preguntas al respecto, pero su joven acompañante no tiene los detalles, de los que ha sido excluida. Ella teme por el niño.

―No ha llegado aún a los nueve, además de estar flaco... Sé que el camino para hacer un núcleo no es sencillo. Apenas si pude obtener el mío. Ese pobre chiquillo ―había contado, aún en la posada, mirando con tristeza a la taza de té en sus manos―. No está mejor que Mo XuanYu.

―¿Quién es Mo XuanYu? ―preguntó Jiang WanYin.

―El otro hijo bastardo de Jin GuangShan. Parece que tiene los mismos talentos que Xue Yang, pero es menos dedicado y más tímido.

Ahora, viendo a un niño lloroso esconderse detrás de otro con una mirada firme, puede asumir quien es quien.

―¿Qué haces aquí A-Yu? ―pregunta suavemente Qin Su, entrando en la habitación sin hacer escándalo. Lleva en su mano una bandeja con bocadillos. Tanto Jiang WanYin como Lan WangJi esperan en las sombras, del pasillo. Llevan una capa austera sobre sus ropas, escondiendo a medias sus espadas.

La habitación no es más que una cama, una mesa con sus cojines y una pequeña biblioteca. No tiene ventanas, tampoco espacios adicionales, parece una cárcel. Las velas que iluminan la estancia son pocas, erguidas en elegantes candelabros que contrastan al austero mobiliario.

―No... No quiero... estar solo ―Mo XuanYu habla de manera pausada, tiene unos ojos enormes y expresivos, como un siervo. HanGuang-Jun piensa en el pequeño Wen Yuan cuando lo ve―. Yang-er me está enseñando a usar los platos.

Delante de los niños, en una mesa baja, hay tres platos de metal. Lan WangJi no puede asegurarlo estando tan lejos, pero percibe en ellos una ligera película de energía resentida. Una gota oscura en toda una superficie brillante. No son realmente poderosos, nada más que una baratija para asustar incautos o jugar una broma, pero para entrenar a alguien en el uso de la energía resentida, parece una estrategia ingeniosa. Es controlable, dentro de lo que cabe, y puede ser levemente manipulada por un bajo nivel espiritual si se necesita.

―No necesitan estudiar a esta hora ―vuelve a decir ella―. Es hora de dormir. El hermano Yao se enojará si se desvelan.

―Hin GuangYao me puede besar el trasero ―contesta de inmediato Xue Yang, con toda la insolencia que puede tener un niño de su edad―. Ojalá hoy lo encuentre algún idiota y le clave un cuchillo.

Mo XuanYu emite un quejido a su lado, apretando las mangas de la túnica que lleva. Lan WangJi no sabe si es temor o protesta. Solo ve que el chico se acerca más a Xue Yang.

―Te he dicho que no digas eso ―continúa Qin Su, dejando la bandeja sobre la mesa y poniendo un tono severo―. Toma algo de comer A-Yu y vete a tu cuarto. Arreglaré la cama de A-Yang para que duerma.

Seguido de esto, se acerca a la cama y saca un pequeño baúl en el que hay colchas y prendas básicas de comer. En realidad no alista la cama, sino que selecciona algunas prendas. Mientras tanto, Mo XuanYu toma, como le han indicado, un bocadillo, antes de mirar una última vez a Xue Yang y retirarse. Pasa al lado de donde ellos están esperando sin verlos. En la oscuridad de los pasillos, las personas comunes no ven más de lo que la tenue luz de sus antorchas les revela, y el niño lleva una muy pequeña.

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