¿Cómo llegamos a esto?

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Si le preguntan a Wen Qing por su vida, ella dirá que ha tenido suerte, que la vida es una oportunidad ahora más que cuando se sentaba a la diestra del hombre más poderoso del mundo de la cultivación. Durante su niñez y su juventud, pasó innumerables horas preguntando el por qué de las cosas, ¿para qué aprender a curar? ¿para qué tanto poder? ¿para qué ser ella cuando podía ser cualquier otra? Aprendió la medicina como herencia, como lo que se esperaba que supiera hacer, más allá de llevar un apellido y se volvió buena, demasiado buena, más buena que sus maestros, que los maestros de otras sectas, que las mujeres y los hombres con más poder y más sabiduría.

Pero es una mujer, un pecado difícil de esconder. Una mujer que sabe es una mujer peligrosa, a la que hay que poner una correa corta, que no se escape ni piense más allá de lo necesario para quien tiene el otro lado del instrumento.

En este caso fue su tío. Wen RuoHan no podía perder un efectivo como ella, por eso no la comprometió nunca, esperando encontrar a alguien lo suficientemente obediente para darla, como se da una mascota. Además, la amenaza velada a toda su familia cercana, con sus gentes abocadas al cultivo de plantas, a la observación de la naturaleza y al cuidado de otros, personas que por generaciones crecieron a la sombra de sus familiares más grandes, más llenos de esa egolatría que solo llevan los que pueden pisar a otros. Wen Qing hubiese podido aceptar su realidad tal cual, vivir para siempre allí, deslizarse en la comodidad de ello.

Pero eligió ayudar, seguir su instinto, esa parte de ella, de mujer, de cuidadora, de sanadora para la vida y no para la guerra, ayudar a alguien que no tenía nada más que perder. Se dijo que fue por devolver un favor, él también había hecho tanto por ellos antes, también demostró ser una buena persona, aun en lo peor, ahora, con el tiempo, sabe que es su propia rebeldía. Nunca ha aceptado la autoridad de verdad, no esa que viene desde la mano dura, sino que prefiere esa camaradería regia que puede encontrar en los barracones, en los barcos, en las filas de campesinos arando el campo para el arroz otra temporada. Prefiere a la comunidad que es fiera en su propia defensa, que el lobo acosador en el poder que cree que con una orden puede devastar todo.

Casarse la ha hecho más feliz. Estar embarazada es tan nuevo, tan ajeno a los conocimientos técnicos de la medicina. Los cambios la retienen, al tiempo que le prometen nuevas aventuras. Nie MingJue no ha hecho más que llenarla de elogios, facilitar su vida y la de los que ama, la cuida y la trata con un respeto que no esperó... sigue odiando a su tío, sigue odiando a los Wen como familia, pero a ella no, y no a las personas que cogió en su secta por su relación con ella. Es complicado, no ha estado exento de discusiones largas, silencios hoscos, pero nada que no pudiese pulirse con suavidad.

Ambos se casaron porque era lo adecuado, porque era el arreglo político perfecto, porque serían estúpidos si no aprovechaban la ocasión para sacar partido antes que sus detractores. Hasta la boda, la tensión era una marca clara de lo que sería su futuro, de las disputas que no podrían saldar entre ellos y entre sus pasados, entre lo que se esperaba y lo que tenían delante. Ella no era la dama perfecta y él olvidaba la caballerosidad en cuanto las cosas se ponían demasiado cercanas.

―Mejorará ―le dijo Nie HuaiSang la noche antes de la ceremonia―. Mi madre decía que los hombres de la secta Nie solo gruñen cuando se preocupan.

Entonces le pareció imposible, ahora lo cree una verdad universal. Ha aprendido que el tiempo tiene sus formas de sanar, de perdonar, de limar los bordes puntiagudos de las cosas y ahora sabe que puede amar, de otras maneras, con otros horizontes y que hay alguien se preocupa por ella. Por eso, cuando la Araña llegó desde YunMeng Jiang a QinGhe, no dudó en alistar lo que necesitaba para iniciar una travesía que no sería agradable. Demoraría más que el resto, no podía usar todos sus recursos estando embarazada, pero sabía que debía estar en la destrucción del Sello.

MentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora