La verdadera entrada al infierno

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Los túmulos funerarios son, como los recuerda Wei WuXian, un pozo de maldad, decadencia y horror que parecieran engullir cualquier felicidad. No es el lugar donde deberían estar unos niños. Mo XuanYu y Xue Yang siguen a Jiang Cheng y Lan XiChen como dos pequeños discípulos que no saben muy bien a quién hacer caso. Ambos se habían asombrado de como Lan XiChen se parecía a Lan Zhan, por lo que decidieron que podían confiar en él.

Nie HuaiSang es el único tan preocupado como él. Camina despacio, agitando un abanico y girando su rostro hacia atrás cada que puede, mezcla de incertidumbre y de tristeza. Seguramente está pensando en Nie MingJue y en su arriesgada misión de darles tiempo, al menos el tiempo suficiente para que puedan hacer lo que deben. ¿Podrás sobrevivir? ¿Han sacado a estos dos infantes de un peligro para llevarlos directamente a la muerte? Quisiera llorar, pero se resiste.

El miasma que se respira en los túmulos le afecta, es al mismo tiempo alimento y desgaste. Su cuerpo, que ha conseguido recuperar algunos kilos y mantenerse firme, flaquea por el desperdicio de fuerza que implica resistirse a la maldad que lo rodea. Si mantuviera su núcleo, sería miles de veces más sencillo, sin él, sólo hay un pozo ansioso de ser llenado aunque no tenga fondo. No se atreve a mirar a Lan XiChen, mucho menos a Jiang Cheng, ambos sabrían de inmediato de su debilidad, de lo mucho que lo trastorna estar aquí y de como no sabe realmente cómo saldrá todo esto. Piensa en Wen Qing, en sus impecables buenas intenciones. ¿Sabrá ella que, al finalizar la tarde, posiblemente sea la última cultivadora descendiente de las grandes familias con vida? ¿Pensará ahora que el pequeño placer de los últimos meses vale el riesgo de todo esto? Wei WuXian cree que sí, ama a Lan Zhan y a Jiang Cheng; respeta a los Lan, quiere a los Wen y espera, por el bien de su shijie, que los Jin se ganen su respeto; si todo eso significa su sacrificio, no será remilgado al respecto.

Caminan en silencio, una marcha ardua. Los filos de la roca en sus botas y en sus manos, cuando tienen que ayudarse a subir, es terrible. El sol aquí quema, árido en todos lados. Es oscuro aunque la mañana se haya alzado mucho antes. Los detiene un único sonido, unos pasos, y no uno agradable. Detrás de ellos, en formación, se escucha una cuadra de infantería, los pasos sincronizados, las respiraciones controladas, el afán de organicidad que solo un buen comandante puede dar.

Si Nie MingJue está atrapado deteniendo a Jin GuangYao, Lan Zhan está intentando despistar a quienes persiguieron a sus hermanos y Jin FuRen se ocupa de la Torre Koi, solo hay una persona que queda para detenerlos en verdad. Uno con la suficiente sangre fría y cálculo para esperar a que subieran esa montaña para enfrentarlos allí. El mismo que envió su hijo a la batalla, esperando que su bando perdiera.

―Lan ZhangMen, Jiang ZhangMen, creo que tienen a dos chicos que me pertenecen ―Jin GuangShan vuela bajo en su espada, tiene sus manos casi tan enjoyadas como Nie HuaiSang y más que apurado parece aburrido cuando declara―: Creo que ya he soportado demasiadas transgresiones a mi persona como para dejarles pasar esta.

Los dos niños gritan, Xue Yang se mantiene al lado de Jiang Cheng, pero Mo XuanYu se esconde tras él, mucho más ansioso que el otro. Su hermano había comentado de pasada lo que la propia Qin Su le relató en LanLing sobre las motivaciones del hombre para mantener a los dos niños cerca. Si todo lo que ellos mismos estaban buscando durante los últimos meses era certero, Jin GuangShan había logrado ser más ambicioso que el propio Wei WuXian frente a la energía resentida.

―Creo que las transgresiones las inició usted, Jin ZhangMen ―menciona Lan XiChen, desenvainando a ShouYue y posicionándose frente a todos―. ¿No se atrevió a conspirar desde el fin de la guerra por la obtención de un poder que no se puede controlar.

Los ojos claros del hombre mayor, junto con su boca, parecen especialmente ofendidos con esta declaración. Arruga el gesto, deformando el sitio de la marca bermellón en su frente. Sus rasgos, usualmente juveniles y agradables, parecen convertirse en una máscara del asco. Supone que así ha sido siempre, mucho más un actor que un hombre decente; solo así podría haber negociado con el enemigo una rendición en caso de la pérdida de su propio hijo.

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