Decreto educacional N* 82

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—Hoy hablaremos del valor de la obediencia —dijo Umbridge con su voz melosa y aguda, esa que me daba ganas de convertirla en un sapo y soltarla en el Bosque Prohibido.

Estaba en mi sitio, entre Theo y Hermione, girando la pluma entre los dedos. Draco me lanzó una mirada de advertencia desde más adelante, como diciéndome *ni se te ocurra*. Pero claro que se me iba a ocurrir.

—¿Señorita Lupin? —canturreó Umbridge—. ¿Tiene algo que añadir?

—Solo una duda, profesora —dije con una sonrisa—. Si algún día nos enfrentamos a un mortífago, ¿le pedimos amablemente que espere a que le leamos el reglamento del Ministerio?

La risa contenida en el aula fue evidente. Umbridge apretó los dientes tan fuerte que juraría que se le movió el moño.

—Cinco días de detención —declaró—. Y diez puntos menos para...

—Slytherin, profesora —dije dulcemente—. Qué triste que castigue a su propia casa.

Theo me chocó el hombro con el codo. Blaise sonrió. Hermione suspiró como si estuviera cansada de rescatarme. Y Draco bajó la cabeza, murmurando algo en voz baja que no alcancé a oír.

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Sala de los Menesteres – Esa noche

Harry ya estaba allí cuando entré. Se giró y sonrió, esa sonrisa que compartimos solo nosotros dos. Porque, aunque el mundo no lo sabía, éramos familia.

—¿Qué tal la clase con Umbridge? —preguntó, cruzando los brazos.

—Tortura psicológica con aroma a rosas y encaje —respondí, tirando mi mochila a un rincón.

—¿Cinco días?

—Cinco —asentí, quitándome la túnica—. Estoy empezando a pensar que me lo hace por deporte.

Los demás ya habían llegado: Ron, Hermione, Ginny, Luna, Cedric, Neville... Era nuestro refugio. Nuestro espacio para entrenar, lejos de los ojos del Ministerio. Y de Umbridge.

Harry alzó la voz.

—Hoy vamos a trabajar con *Protego Totalum* y *Expelliarmus*. Necesitamos que todos puedan defenderse.

Yo me coloqué junto a Ginny y levanté una mano, canalizando la magia sin varita. El escudo brotó de mi palma como un cristal líquido.

—¿Aún sin varita? —dijo Cedric, cruzando los brazos, impresionado.

—Claro. Ya casi ni me molesto en buscarla —bromeé.

Harry nos observó con esa mezcla de orgullo y algo más. No sabía todo. No sabía que Draco Malfoy, a quien apenas soportaba, era mi novio. Ni que Draco también sabía la verdad sobre mí. Pero los que estaban aquí —mi gente— sabían. Y guardaban el secreto.

Por ahora.

Luna se acercó con su mirada soñadora.

—Tu magia brilla diferente, Lianne —susurró—. Como si te recordara algo que olvidó.

La miré en silencio. A veces Luna decía cosas que parecían acertijos, pero terminaban teniendo más sentido del que querías admitir.

Y mientras Harry empezaba a dirigir los duelos, me pregunté cuánto tiempo más podríamos mantener tantas verdades ocultas.

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Pasillos de Hogwarts – Noche cerrada

Los demás corrieron en distintas direcciones cuando salimos de la Sala de los Menesteres. Harry fue con Ron y Hermione hacia la torre de Gryffindor. Cedric y los Hufflepuff se escabulleron por el ala oeste. Yo tomé el camino hacia las mazmorras, sola, con el corazón aún acelerado por los hechizos y el leve miedo de que algún prefecto entrometido me pillara.

Always  | Draco Malfoy |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora