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El baúl crujió cuando cerré la última hebilla. Todo estaba empacado. Mis túnicas, mis libros, los recuerdos de un año que había sido demasiado... todo. Demasiado largo, demasiado doloroso, demasiado revelador. Afuera, la tarde se deshacía en tonos cálidos y dorados que se filtraban por los ventanales del dormitorio de Slytherin. Las maletas alineadas junto a la pared eran testigos silenciosos de nuestro inminente regreso a casa.

Draco estaba sentado en la cama, observándome en silencio. Llevaba un rato sin hablar, lo cual en él era raro. Tenía una expresión suave, casi melancólica, y cuando terminé de guardar todo, se puso de pie.

—¿Lista? —preguntó en voz baja, acercándose.

—Tan lista como puedo estar —respondí, encogiéndome de hombros. Pero no me moví. Me quedé ahí, mirándolo. Mirando esos ojos grises que durante tanto tiempo habían sido barreras, y ahora eran puentes.

—Este año... —empezó, y se detuvo—. Fue una locura. Y tú... tú estuviste en medio de todo. Luchando por los demás. Por tu hermano. Por lo que es correcto.

—Tú también —le recordé, dando un paso hacia él.

—Yo solo seguí a la chica que no podía dejar de mirar.

Le sonreí, y él extendió la mano para tomar la mía.

—No sé qué va a pasar ahora, Lianne —dijo, más serio—. Con Voldemort suelto, con lo que tú y Potter deben enfrentar. No sé si... si el próximo año será igual.

—No lo será —le respondí sinceramente—. Nada volverá a ser igual.

Él apretó mi mano. Luego la llevó a sus labios y la besó con una delicadeza que me rompió el alma. Me atrajo hacia su pecho, y hundí mi rostro en su túnica. El latido de su corazón fue un refugio, una melodía estable en medio del caos que nos rodeaba.

—Pero estaremos juntos, ¿sí? —susurré contra él.

—Siempre. Te lo juro por mi vida —murmuró.

Y entonces me besó.

No fue un beso lleno de fuego y pasión como los que compartíamos a escondidas en las noches. Fue distinto. Fue suave, profundo, casi triste, como si cada segundo contara más que cualquier otra cosa. Como si estuviéramos sellando un pacto silencioso: **nos enfrentaremos a lo que venga, pero no nos soltaremos**.

Cuando nos separamos, apoyé mi frente contra la suya.

—Te amo, Draco Malfoy.

—Y yo a ti, Lianne Lupin —dijo con una media sonrisa—. Aunque me cuesta compartirte con la historia mágica del mundo.

Reí suavemente, y nos abrazamos una vez más. En silencio. Sin promesas imposibles. Solo con la certeza de que, pase lo que pase, nos tendríamos el uno al otro.

Y por ahora, eso bastaba.

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Las ruedas del carrito crujían sobre el suelo de la estación mientras arrastrábamos nuestro equipaje. Draco caminaba a mi lado, su presencia firme, aunque algo nerviosa. Iba a quedarse unos días conmigo en Grimmauld Place... y eso lo tenía inquieto. No lo culpaba. Después de todo, esa era mi casa, no la suya.

Pero mi mundo y el suyo ya no estaban tan separados. Y ahora, él iba a formar parte del mío.

Cuando la puerta negra del número 12 se abrió, sentí una oleada de nostalgia en el pecho. El aire denso, la oscuridad de los pasillos... y, sin embargo, algo se sentía diferente. Más cálido.

—¡Ahí están! —exclamó Tonks, bajando corriendo las escaleras con el cabello rosa desordenado y los brazos abiertos—. ¡Mis críos favoritos!

Yo solté mi maleta de golpe y me lancé a abrazarla. Ella me atrapó en un fuerte apretón, riéndose como si no hubiéramos estado semanas separados.

Always  | Draco Malfoy |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora