sibling of a lunatic

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Estaba sentada en el suelo, con el libro de magia antigua sobre mis piernas. Las velas ardían tranquilas, y el murmullo del viento en el bosque parecía arrullarme mientras repasaba las antiguas escrituras sobre las fuentes de poder. Todo estaba en calma.

Hasta que no lo estuvo.

Un dolor me atravesó el pecho. Feroz. Seco. Inesperado.
Dejé caer el libro mientras mi espalda se arqueaba por reflejo. Mi mano fue directo al esternón, como si eso pudiera contener el ardor que me consumía desde adentro.

No era físico.
Era algo más profundo.

Era él.

—Harry... —susurré, y supe que algo iba mal.

Me levanté de golpe. Agarré mi capa, la varita (aunque no me hiciera falta), y sin pensarlo dos veces, Desaparecí.

Aparecí entre los árboles. La tierra húmeda y el aroma a hojas muertas me golpearon de lleno. Escuché gritos. Pasos. Maldiciones rebotando contra la corteza de los árboles.

—¡Hermione, corre!
—¡Ron!

Y ahí estaban.

Corrían a través del bosque, esquivando maldiciones lanzadas por al menos diez carroñeros. Era una escena de caos. Caos y miedo.

No lo pensé. Extendí la mano derecha hacia el cielo.

—¡Confringo!

La explosión iluminó el bosque. Dos carroñeros volaron por los aires, uno chilló envuelto en llamas. Salté por sobre unas raíces gruesas y me lancé hacia ellos. El corazón me golpeaba contra las costillas.

—¡Lianne! —gritó Ron al verme.

Hermione me miró boquiabierta, sin creérselo. Harry iba detrás, jadeando, pero antes de que pudiera hablar, ella le lanzó un hechizo.
Un Desfigurador.

—¿Qué estás haciendo? —exclamé.

—¡Es por si los atrapan! —respondió Hermione, y Harry cayó al suelo con la cara alterada, desfigurado. Apenas podía hablar.

Corrí hasta ponerme frente a ellos. Me giré con las manos en alto y una energía mágica salió de mí como un escudo. Un escudo sin varita.
Ni siquiera murmuré un conjuro. No me hizo falta.

—¿Quiénes son ustedes? —bramó uno de los carroñeros, apuntándonos con su varita.

—Barny Weasley —dijo Ron, imitando otra voz.

—Penélope Marchbanks —dijo Hermione, temblando.

—Alice Grey —mentí yo, manteniendo la cabeza alta.

Harry murmuró algo parecido a "Trevor Gold" entre los dientes.

Uno de los carroñeros me miró con ojos entrecerrados.
—¿Fuiste tú la que lanzó ese hechizo... sin varita?

No respondí.

—Yo he oído hablar de ti... —dijo uno más bajo, con una sonrisa torcida—. Nadie hace eso. Nadie, excepto...

—¿Y si es la Potter? —dijo otro, ansioso.

Sentí un escalofrío.

—No podemos llevarlos al Ministerio. ¡A la Mansión Malfoy!

Mi estómago se retorció. Conocía ese lugar demasiado bien.
La idea de volver allí... con ellos...
Con ella.

Intenté alzar la mano, pero uno me golpeó por la espalda con un Stupefy. Caí de rodillas, el aire escapando de mis pulmones.

Always  | Draco Malfoy |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora