El salón privado donde Slughorn organizaba sus reuniones olía a galletas recién horneadas, dulces cítricos, y una pizca de ambición desbordada. El cielo encantado del techo reflejaba una luz dorada cálida, y sobre las mesas había bandejas con delicias que probablemente costaban más que todos los libros del curso juntos.
Me senté junto a Blaise, que ya estaba sirviéndose una copa de zumo espumoso de uva encantada.
—Entonces... —dijo él con su sonrisa ladeada mientras tomaba una trufa dorada— ¿cuántos elogios falsos crees que lanzará Slughorn antes de que empiece la verdadera cacería de conexiones?
—Yo apuesto a seis y medio —respondí, riendo—. Aunque si Cormac sigue hablando de su "tío famoso del Ministerio" le ganará la carrera.
—Mira cómo le brillan los dientes —susurró Blaise, señalándolo—. Le faltan las plumas y se convierte en un pavo real con carnet del Ministerio.
Solté una risa, tapándome la boca con la mano. Al frente, Slughorn estaba justo en su punto de ebullición social:
—¿Cormac, querido, me habías dicho que tu tío era miembro del Comité de Regulación de Escobas de Carrera, ¿no? ¿O era en la Comisión de Leyes Antimágicas para Criaturas Domésticas?
Cormac se aclaró la garganta como si le hubiera pedido que pronunciara un discurso en Gringotts.
—Ambas, en realidad —respondió con aire pomposo—. También ha trabajado con el Departamento de Deportes Mágicos. Él personalmente inspeccionó el torneo de Duelo Internacional el año pasado.
—¡Oh, brillante! Brillante —aplaudió Horace con entusiasmo—. Debo presentarle a uno de mis antiguos alumnos que trabaja con los Búlgaros. ¡Quizá os podríamos cruzar en algún evento!
Rodé los ojos con discreción y me giré hacia Hermione.
—¿Y tú? —le pregunté con una sonrisa real— ¿Tus padres siguen con su clínica dental, verdad?
—Sí, aunque cada vez entienden menos por qué desaparezco en verano con maletas llenas de libros sobre criaturas invisibles y pociones explosivas —rió Hermione—. Mamá dice que si sigo así terminaré sin dientes, como resultado de alguna explosión mágica.
—Bueno, sería una ironía preciosa —bromeó Blaise, alzando su copa—. Hija de dentistas, bruja sin dientes.
Todos reímos, incluso Neville, aunque pareció un poco confundido. Justo cuando el ambiente se tornaba agradable, se abrió la puerta lateral.
Ginny.
Entró con paso seguro, los rizos cayéndole sobre los hombros, la mirada aguda. Llevaba una túnica elegante, sencilla pero de buen gusto. Se notaba que sabía que no encajaba del todo, pero no se le notaba ni una pizca de incomodidad. Lo cual, irónicamente, hizo que todos los demás se tensaran.
Hermione fue la primera en saludarla con una sonrisa, pero Ginny ni la miró. Su mirada fue directa a Harry, luego a mí. Y ahí estaba: esa tensión sin resolver. Esa sombra de algo no dicho.
—Hola, Ginny —dije, intentando sonar casual.
—Lianne —respondió, con un gesto de cabeza.
Se sentó al otro extremo de la sala, junto a uno de los estudiantes de séptimo que no conocía mucho. Slughorn pareció encantado de sumarla a la mezcla, como si un nuevo ingrediente acabara de entrar en su poción social.
—¡Ah, la señorita Weasley! ¡Hermana de uno de mis antiguos favoritos, Fred! —exclamó—. Encantado, encantado. Siempre es un placer tener sangre Weasley entre nosotros, tan brillantes todos...
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Always | Draco Malfoy |
Hayran Kurgu¿Que pasaría si Harry Potter no fuera hijo único? ¿Si los Potter fueran descendientes de Merlin? ¿Que pasaría si no fuese Harry Potter el que derrotara a Voldemort? Victoria Lianne Lupin o debo decir Potter en secreto. "La princesa de Slytherin"...
