Sectumsempra

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La vuelta a Hogwarts había sido como un suspiro contenido. Como si todos supiéramos que el aire no volvería a sentirse igual. La Madriguera aún me ardía en la memoria como brasas sin apagar, pero no dije nada. Ni una palabra. Ni siquiera a Pansy o Astoria. No porque no confiara en ellas, sino porque no quería convertirlo en algo más real de lo que ya era.

—¿Y viste cómo Cormac se tiró encima de la pobre Lisa en el pasillo? —preguntó Pansy, recostada en mi cama con una revista flotando sobre su cabeza. Su voz sonaba ligera, despreocupada. Una burbuja de trivialidades que yo agradecía.

—La empujó como si el Bludger lo hubiera perseguido a él —agregó Astoria entre risas—. ¡Y encima se disculpó diciéndole que confundió su perfume con el de Hermione!

Las dos rieron, y yo sonreí. No de verdad. Pero sí lo suficiente para que no preguntaran.

Estábamos en mi habitación, rodeadas de golosinas de Honeydukes, esmaltes de uñas mágicos y unas velas flotantes que lanzaban destellos dorados al techo. En otro momento, habría sido mi lugar seguro. Pero esta vez, mi mente no dejaba de divagar.

Pensaba en Draco.

Desde que regresamos, lo había visto más nervioso que antes. Más tenso. Más silencioso. Sus ojos, aunque me buscaban con necesidad, también se perdían en algún lugar al que yo no podía seguirlo. Incluso después de que me contara todo... su misión, su marca, sus miedos... aún había algo que no decía.

Y yo lo sabía.

—¿Todo bien, Lianne? —preguntó Astoria, mirándome de reojo mientras se aplicaba un brillo de labios encantado que olía a frambuesas.

Asentí con una sonrisa tranquila.

—Sí. Solo pensaba en... bueno, que este año está siendo más largo de lo normal.

—Uf, sí —suspiró Pansy—. Y eso que apenas va por la mitad.

Cuando ellas se pusieron a charlar sobre qué llevarían al próximo picnic en los jardines (si el clima lo permitía), me recosté contra los cojines, dejando que sus voces llenaran el silencio. Era agradable, esa distracción. Ese momento sin hechizos oscuros, sin nombres que me perseguían por la noche.

Solo una habitación cálida y mis amigas riendo.

Y aún así, una parte de mí estaba allá afuera, buscando a Draco con la mirada. Sintiéndolo en cada pasillo, cada escalera, cada suspiro contenido que dejaba escapar cuando pensaba que no lo miraba.

Intentaba tranquilizarlo. A veces bastaba con una caricia en la mano, un roce de labios en su mejilla o un "te amo" susurrado entre clases para que su cuerpo dejara de temblar por un rato. Pero otras... otras, su mirada se volvía de acero y sabía que algo se avecinaba. Algo grande.

Así que me prometí estar lista. Por él. Por todos.

Aunque por dentro, yo también comenzara a temblar.

(...)

Corría por los pasillos de Hogwarts como si mis piernas no fueran mías. El corazón me retumbaba con fuerza, una mezcla de miedo y adrenalina golpeando mi pecho. Cuando me dijeron que Ron había sido envenenado, ni siquiera pensé, simplemente salí disparada hacia la enfermería.

Empujé la puerta con tanta fuerza que casi se estrelló contra la pared.

—¡Ron! —exclamé.

Mis ojos recorrieron rápidamente la habitación hasta que lo vi: tendido en la cama, pálido como la nieve fuera del castillo. A un lado estaba Hermione, con el rostro desencajado, apretando su mano. Al otro, Ginny, con los labios mordidos de rabia y ansiedad. Al pie de la cama estaban Horace Slughorn, el profesor Dumbledore, Snape, Harry y McGonagall.

Always  | Draco Malfoy |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora