Después de salir de la casa con Horace, Dumbledore nos guió hacia un carruaje tirado por caballos que esperaba a la orilla del camino.
—Ahora, les llevaré a un lugar donde siempre serán bienvenidos —dijo con una sonrisa amable.
El viaje fue corto, y pronto llegamos a una casa colorida y bulliciosa: la madriguera, hogar de los Weasley.
Tan pronto como pusimos un pie dentro, una cálida ola de alegría nos envolvió. Ginny nos recibió con un abrazo apretado, Ron nos dio palmadas en la espalda, y Hermione apareció con esa sonrisa dulce y sincera que siempre me reconfortaba. Fred y George intercambiaban bromas en un rincón, y Pansy y Astoria también estaban allí, saludándonos con afecto.
—¡Lianne! —exclamó Ginny, —¡Te extrañamos muchísimo!
—Sabíamos que volverías pronto —dijo Ron con una sonrisa—. Y Harry, claro, siempre eres bienvenido aquí.
Sentí como si aquel lugar fuera un refugio seguro, una familia real en medio del caos que nos rodeaba.
Dumbledore nos observaba desde la puerta, satisfecho.
—Aquí están en casa —dijo en voz baja.
Subimos las escaleras de la casa de los Weasley, el crujido de la madera bajo nuestros pies y el murmullo de la conversación llenaban el aire. Hermione y Ron nos seguían de cerca, y aunque el ambiente era cálido y familiar, la tensión latía bajo la superficie. Ron, con una expresión un poco preocupada, comenzó a hablar mientras cruzábamos el pasillo.
—Mi madre me ha dejado claro que no debería volver a Hogwarts —dijo Ron con un suspiro—. Cree que es demasiado peligroso para nosotros. Que ese lugar está lleno de problemas y que es mejor no volver.
Pausé un instante, mirando a mi hermano. Luego, con una sonrisa traviesa, respondí:
—Ron, por mucho que tu madre lo intente, Hogwarts es lo más seguro que hay. Al menos, más seguro que salir a comprar una poción en Diagon Alley un sábado por la tarde. ¿Te imaginas las caras de los vendedores si aparecieras vestido con túnica de pijama y descalzo? Eso sí que sería peligroso para tu reputación.
Ron puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar soltar una risa. Hermione nos miró con esa mezcla de exasperación y diversión que siempre tiene cuando intentamos bromear.
—¿Seguro que Hogwarts es seguro? —preguntó Hermione—. A veces parece que las cosas se ponen más raras cada año. ¿Recuerdan la última vez que un dragón aterrizó en el castillo? O cuando los dementores aparecieron en los pasillos...
—¡Exacto! —interrumpí, sonriendo ampliamente—. Por eso es que es seguro. Quiero decir, ¿quién más puede presumir que sobrevivió a una avalancha de dragones, dementores y... Fred y George con fuegos artificiales en el aula? Eso es lo que llamo entrenamiento de primera.
Ron se rió de nuevo, más relajado, mientras Hermione suspiraba con resignación pero sin poder ocultar su sonrisa.
—Bueno —dijo ella—, tal vez tengan razón. Pero aun así, mamá no quiere que volvamos.
Nos detuvimos frente a la puerta de la habitación que compartiríamos los cuatro. Miré a Harry y, luego, con un tono más suave, añadí:
—Sabes, Ron, a veces las madres se preocupan demasiado porque quieren protegernos. Pero Hogwarts es nuestro hogar, y donde están nuestros amigos, ahí está nuestra verdadera seguridad. Además, ¿dónde más podríamos encontrar a unos hermanos que parecen salidos de una novela de aventuras mezclada con comedia?
Ron se encogió de hombros, una sonrisa cómplice apareció en su rostro, y abrí la puerta para entrar. Dentro, el aire tenía ese aroma familiar a libros viejos, madera pulida y un toque de magia.
Mientras cerraba la puerta, no pude evitar pensar que, a pesar de todo, enfrentaríamos lo que viniera juntos, con risas, bromas y, claro, alguna que otra explosión inesperada gracias a Fred y George.
Entramos a la habitación y dejamos caer las mochilas sobre las camas, que ya tenían ese aire acogedor de hogar temporal. Hermione empezó a sacar unos libros de su bolso, mientras Ron miraba por la ventana con una expresión pensativa.
Harry se sentó en una silla y me lanzó una mirada, como pidiendo que tomara la palabra para aliviar un poco la tensión.
—Bueno —empecé, apoyándome en la mesa—, podemos quejarnos todo lo que queramos, pero lo cierto es que Hogwarts siempre nos vuelve a reunir. No importa lo que pase afuera, este es nuestro lugar. Y si alguien intenta hacernos sentir que no debemos volver, solo le diremos que no sabe con quién se está metiendo.
Ron se rió y respondió:
—Oye, eso suena bastante amenazante viniendo de ti, Lupin. No sabía que te habías convertido en una rebelde tan peligrosa.
Me encogí de hombros con una sonrisa pícara.
—Claro que sí. Además, tengo más trucos bajo la manga que un mago de sexto año en día de exámenes.
Hermione levantó una ceja y preguntó:
—¿Trucos? ¿Qué tipo de trucos?
Antes de que pudiera responder, Ron soltó una carcajada.
—Seguro se refiere a hacer desaparecer las tareas de pociones y echarle la culpa a Malfoy.
Miré a Draco con una sonrisa socarrona y él, desde la puerta, me lanzó una mirada burlona que decía "cuidado, que es verdad".
Harry rió y añadió:
—Si eso no es familia, no sé qué es.
El ambiente se relajó y por primera vez en días, sentí que todo iba a estar bien. Compartiendo risas y confidencias con quienes siempre habían sido mi apoyo, supe que aunque los tiempos fueran difíciles, no estaba sola.
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Al día siguiente, después de desayunar en la ruidosa y acogedora casa de los Weasley, nos dirigimos hacia el Callejón Diagon. La emoción me recorría entera: íbamos a visitar la tienda de bromas de Fred y George, el lugar favorito de cualquiera que disfrute de una buena travesura.
—No puedo creer que estemos aquí otra vez —dijo Ron con una sonrisa que delataba toda su emoción—. He esperado tanto para ver qué locuras nuevas han inventado los gemelos.
Hermione, con su típica expresión seria, rodó los ojos.
—Espero que esta vez no sea nada demasiado peligroso, Ron. No quiero que termines en detención... otra vez.
Cuando llegamos, Fred y George nos recibieron con esa mirada traviesa que solo ellos saben poner. Fred me saludó con una sonrisa amplia.
—¡Lianne! ¡La famosa hermanita Potter! Ya sabes que aquí se comenta todo, especialmente que eres la reina del baile en la mansión Malfoy.
George asintió y añadió:
—Sí, y Draco está más blando de lo que nadie esperaba. Nos contó él mismo. Parece que estás conquistando al más difícil.
Sentí cómo se me calentaba el rostro y sonreí, un poco tímida.
—Bueno, Draco tiene sus momentos —respondí con una sonrisa cómplice—. No me quejo.
Ron me miró con una mezcla de orgullo y emoción.
—Ahora que todos saben quién eres, Potter, creo que te vendrían bien algunos trucos nuevos para defenderte. ¿Quieres?
Fred me pasó una pequeña caja llena de artefactos para bromas.
—Estos te vendrán genial —dijo George—. Y si quieres, podemos enseñarte a usarlos.
Hermione me miraba con esa mezcla de diversión y preocupación que solo ella sabe poner, mientras Harry se reía y comentaba:
—Con estos dos, nunca sabes si saldrás victoriosa o acabarás cubierta de pintura explosiva.
Pasamos la tarde entre risas, planes de travesuras y esa sensación de estar en familia, donde nadie te juzga y siempre te aceptan tal cual eres.
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Always | Draco Malfoy |
Fanfiction¿Que pasaría si Harry Potter no fuera hijo único? ¿Si los Potter fueran descendientes de Merlin? ¿Que pasaría si no fuese Harry Potter el que derrotara a Voldemort? Victoria Lianne Lupin o debo decir Potter en secreto. "La princesa de Slytherin"...
