Los días siguientes a la llegada de Ron y Hermione trajeron un aire diferente a la casa. Con ellos, las paredes de Grimmauld Place dejaron de sentirse tan frías y silenciosas. Se instalaron con facilidad, como si siempre hubieran pertenecido allí, y yo no pude evitar sonreír cada vez que los veía juntos, discutiendo sobre libros o planes para enfrentar lo que se venía.
Hermione se convirtió en mi compañera de estudio y confidente. Pasábamos horas revisando hechizos, pociones y textos antiguos, intentando prepararnos para lo que parecía inevitable. Ella siempre insistía en que no subestimáramos el poder de la información y el conocimiento, y eso me hacía sentir más segura, aunque el miedo nunca terminaba de desaparecer del todo.
Ron, por otro lado, era la risa constante en medio de la tensión. Sus bromas y ocurrencias rompían la solemnidad del lugar, y aunque a veces sus comentarios eran un poco torpes, su lealtad nunca estuvo en duda. Me recordaba lo que significaba tener una familia de verdad, más allá de la sangre.
Harry y yo continuamos fortaleciéndonos. Él se esforzaba por incluir a los demás, y a pesar de todo lo que habíamos vivido, trataba de mantener la esperanza viva en cada palabra. Cuando nos quedábamos solos, podíamos ser nosotros mismos, sin máscaras ni expectativas.
Una noche, después de una larga jornada de estudio, me senté junto a la chimenea con Hermione y Ron. La luz del fuego dibujaba sombras en sus rostros, y por un momento, todo parecía más simple, como si pudiéramos respirar sin la amenaza constante que nos rodeaba.
—Esto no va a ser fácil —dijo Hermione, rompiendo el silencio—, pero mientras estemos juntos, podemos con todo.
Asentí, mirando a mis amigos. Tenía suerte de tenerlos cerca, pero también sabía que la verdadera batalla apenas comenzaba.
Y en el fondo, aún esperaba la vuelta de Draco, preguntándome cuándo regresaría para caminar junto a mí de nuevo.
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Dumbledore nos condujo fuera de la estación, con Harry y yo siguiéndolo de cerca. El aire frío del atardecer nos golpeaba la cara mientras caminábamos por un sendero polvoriento que nos llevaba a un pequeño pueblo olvidado por el tiempo. Las casas eran modestas, algunas con las ventanas rotas y paredes cubiertas de hiedra; un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido.
Harry miró a su alrededor con ceño fruncido y dijo en voz baja:
—¿Esto es el lugar al que querías llevarnos? Parece que hasta los duendes se habrían ido hace años.
Yo no pude evitar soltar una risita y agregar:
—Sí, y si hay fantasmas, espero que al menos tengan sentido del humor.
Dumbledore nos lanzó una mirada divertida y replicó:
—No subestimen a los fantasmas de este pueblo, tienen más carácter que muchos magos que he conocido.
Seguimos avanzando hasta llegar a una casa particularmente vieja y desvencijada. La puerta colgaba de una sola bisagra y crujía con el viento, invitándonos a entrar. Harry se detuvo y miró a Dumbledore con algo de duda:
—¿Seguro que queremos entrar ahí? ¿No podría ser peligroso?
Dumbledore sonrió con esa calma inquebrantable que lo caracterizaba y dijo:
—Nada que un poco de magia y buen humor no puedan solucionar. Lianne, ¿quieres abrirnos paso?
Asentí, extendí las manos y murmuré un encantamiento luminoso. Una luz plateada brotó de mis dedos, iluminando el interior polvoriento y revelando muebles cubiertos de telas, telarañas y un silencio profundo. La luz parecía danzar suavemente por las paredes, haciendo que la casa, aunque vieja, luciera menos aterradora.
—¡Guau! —exclamó Harry, apartando una cortina de polvo—. Esto ya se siente menos como un refugio de dementores y más como la casa de alguien que simplemente olvidó limpiar.
Dumbledore avanzó hacia el centro de la habitación y alzó la voz:
—¡Horace! ¿Estás aquí?
El eco de su llamado resonó en las paredes vacías. Hubo un silencio largo, interrumpido solo por el sonido lejano de un búho que graznaba. Harry me lanzó una mirada de "¿quién es Horace?" y yo encogí de hombros.
Dumbledore frunció el ceño, luego con una sonrisa traviesa comentó:
—Parece que Horace tiene un gusto muy particular por el drama. Siempre llega tarde.
Mientras esperábamos, Dumbledore comenzó a contar anécdotas sobre Horace, haciendo que Harry y yo soltáramos carcajadas. La espera se volvió menos tensa y más como una reunión entre viejos amigos.
Finalmente, una figura encorvada apareció en el umbral, envuelta en una capa raída y con una expresión tan cansada como curiosa. Horace Slughorn, el famoso profesor de Pociones, había llegado.
—¡Albus! —saludó con una sonrisa pícara—. ¿Qué hacemos aquí en medio de la nada? ¿Acaso este lugar tiene alguna poción secreta que necesitemos?
Dumbledore asintió y respondió:
—Justamente, Horace. Este es un lugar especial, y hay algo que Lianne y Harry necesitan aprender. Algo que podría cambiarlo todo.
Harry y yo intercambiamos una mirada nerviosa, pero listos para lo que viniera.
Horace se acomodó la capa y, con una sonrisa pícara, se acercó a Dumbledore.
—Albus, ¿qué te trae a esta casa en medio de la nada? No me digas que es para arruinar otra vez mi retiro tranquilo.
Dumbledore rió suavemente.
—No exactamente, Horace. He venido a proponerte que regreses a Hogwarts. La escuela te necesita más que nunca, y creo que tú tienes mucho que aportar.
Horace se quedó pensativo, luego su sonrisa se hizo más amplia.
—Sabes que me gusta un buen desafío. Y si Dumbledore lo dice... ¿Cómo podría negarme?
Harry y yo los observábamos con atención, impresionados por la familiaridad y la complicidad entre ambos.
Cuando Horace terminó de aceptar, Dumbledore nos dirigió la palabra con su típica calidez:
—Muy bien, niños, ahora que nuestro amigo regresa a Hogwarts, prepárense. Horace querrá reclutarlos para su club. Los considera su "joya", un honor que no todos reciben.
Harry arqueó una ceja, y yo no pude evitar reír.
—¿Un club? ¿Eso significa que tendremos más deberes y tareas?
Dumbledore negó con una sonrisa.
—Puede ser, pero también serán parte de algo especial. Horace es un hombre complicado, pero con un gran corazón. Aprenderán mucho con él.
Salimos de la casa con una sensación de aventura en el aire. La luz del atardecer se colaba entre las nubes, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que el camino que teníamos por delante tenía sentido.
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Always | Draco Malfoy |
Fanfiction¿Que pasaría si Harry Potter no fuera hijo único? ¿Si los Potter fueran descendientes de Merlin? ¿Que pasaría si no fuese Harry Potter el que derrotara a Voldemort? Victoria Lianne Lupin o debo decir Potter en secreto. "La princesa de Slytherin"...
