No había pasado ni una hora desde que Narcissa se despidió cuando escuché golpecitos suaves en la puerta. Me levanté sin pensarlo demasiado, con la manta aún sobre los hombros. Cuando abrí, allí estaba Draco, descalzo, en pijama, con el cabello un poco revuelto y una expresión que era mezcla de "¿estás bien?" y "no puedo dormir si no estás conmigo".
—¿Puedo quedarme contigo? —preguntó sin rodeos, su voz apenas un susurro.
—¿Esta no es tu habitación?
—Técnicamente sí. Pero pregunté por educación.
Sonreí, dejándolo pasar. Se sentó en la cama como si fuese la cosa más natural del mundo y me esperó mientras cerraba la puerta. Me senté junto a él, nuestras rodillas rozándose, los pies bajo la misma manta.
—¿Qué dijo tu madre? —preguntó con cautela.
—Que está agradecida. Porque la haces feliz.
Él se quedó en silencio unos segundos. Después alzó la mirada, y me sorprendió ver sus ojos más brillantes de lo usual.
—Ella nunca dice cosas así. Ni siquiera a mí. Me alegra que lo hiciera contigo.
—A mí también —respondí, apoyando la cabeza en su hombro.
Hubo un momento de silencio reconfortante. Sólo el crepitar de la chimenea y nuestra respiración acompasada. Entonces él me abrazó por la cintura y me recostó suavemente en la cama, girándose para quedar frente a mí.
—¿Estás bien con esto? —susurró, con la frente casi tocando la mía.
Asentí.
—Quiero estar contigo, Draco. Y no solo porque me haces sentir segura. Sino porque me haces sentir... como yo misma. Como si no tuviera que esconderme.
Él no respondió con palabras. Sólo me besó despacio, con esa intensidad suya que parecía desarmarme sin romperme nunca. Nuestros cuerpos se fueron acomodando juntos entre las sábanas oscuras de su cama, los brazos entrelazados, los pies rozándose bajo la manta.
No hicimos el amor esa noche. Pero dormimos juntos, por completo entregados a la paz que el otro le daba. Por primera vez en semanas, no tuve pesadillas. Y por primera vez en su vida, Draco Malfoy durmió abrazando algo más fuerte que su orgullo: a mí.
Desperté con el rostro pegado al pecho de Draco, el sonido lejano de elfos domésticos corriendo por los pasillos y vajilla siendo movida agitadamente. Afuera, la luz de la mañana se colaba a través de los gruesos cortinajes, dándole a todo un tono dorado cálido que contrastaba con el mármol frío de la habitación.
Draco se estiró, aún medio dormido, y murmuró contra mi cabello:
—¿Crees que si no bajamos fingirán que no estamos aquí?
—Lo dudo. Tu madre es eficiente... y perceptiva —respondí mientras me sentaba y me recogía el cabello.
Veinte minutos después, ya vestidos y algo más presentables, bajamos juntos por las escaleras principales. A cada paso, se sentía el cambio. La mansión, ya de por sí majestuosa, ahora se transformaba en algo digno de una portada de "Brujas Nobles y Encantadoras".
Grandes guirnaldas de hiedra encantada colgaban flotando del techo, las paredes se iluminaban con faroles dorados que no necesitaban llama, y un grupo de elfos organizaba candelabros de cristal y bandejas de plata con una coordinación casi militar. Las ventanas estaban abiertas de par en par, dejando entrar el aire fresco de diciembre que movía suavemente las cortinas de terciopelo verde oscuro.
En la entrada del gran salón, Narcissa daba instrucciones con la precisión de una comandante.
—Las rosas deben ser negras y escarlata, no carmesí, ¿me oyes, Bimby? Y el piano debe estar encantado para tocar en segundo plano, nada demasiado escandaloso. Esta no es una boda, es un baile de sociedad.
Cuando nos vio, una leve sonrisa curvó sus labios.
—Buenos días. Espero que hayan dormido bien.
—Sí, madre —dijo Draco con naturalidad, pero su mano en mi cintura se mantuvo firme, como si no quisiera dejarme ir.
—Buenos días, señora Malfoy —añadí, tratando de no sonar demasiado nerviosa.
—Narcissa —me corrigió de inmediato—. Ya te dije que no necesitas formalidades aquí.
Nos guio hacia el comedor, aunque su mirada se detuvo unos segundos en el par de decoradoras que intentaban encantar el centro de mesa para que pareciera flotar en forma de un dragón dorado. Suspiró con paciencia.
—Esta noche será muy importante —dijo mientras nos sentábamos—. Asistirán las familias más influyentes del mundo mágico. Les interesa saber qué Malfoys aún se mantienen firmes en esta época de confusión política. Será un evento... observado.
—¿Y por qué invitaron a Lianne? —preguntó Draco, en tono neutral pero protector.
Narcissa lo miró con serenidad.
—Porque ella es parte de tu vida, y porque en esta casa, al menos mientras yo tenga voz, eso será suficiente.
Se me formó un nudo en la garganta, pero asentí en silencio.
—¿Y qué se supone que llevaremos? —pregunté intentando aligerar el ambiente.
Narcissa sonrió con complicidad.
—Ya mandé a preparar un vestido para ti. Está en tu armario. Es verde esmeralda... y sé que te irá perfecto con el colgante de serpiente que Draco aún no te ha regalado.
Draco soltó una risa suave, alzando una ceja.
—Gracias por arruinar la sorpresa, madre.
—No arruiné nada, querido. Ustedes se arruinan con mirarse —dijo con elegancia mientras bebía su té.
Draco y yo nos miramos... y supimos que esa noche sería mucho más que un baile. Sería una prueba. De imagen. De pertenencia. De lealtades. Y de amor.
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Always | Draco Malfoy |
Fanfiction¿Que pasaría si Harry Potter no fuera hijo único? ¿Si los Potter fueran descendientes de Merlin? ¿Que pasaría si no fuese Harry Potter el que derrotara a Voldemort? Victoria Lianne Lupin o debo decir Potter en secreto. "La princesa de Slytherin"...
