The Horrocrux

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La noche estaba silenciosa. Tan silenciosa que parecía que hasta la luna contenía el aliento.

Me senté en el suelo de mi habitación, con los pergaminos extendidos frente a mí. Notas escritas a mano por Dumbledore. Un dibujo de un relicario en forma de "S". Marcas que señalaban las posibilidades: la cueva, la copa, el anillo, la diadema... todos fragmentos de algo tan maldito como Voldemort.

El primero. Tenía que ir tras el primero.

El relicario.

Cerré los ojos por un instante. Sentí la voz de Dumbledore resonar en mi mente: "No todos los Horrocrux están protegidos por trampas físicas. Algunos lo están por recuerdos, por emociones... por lo peor de uno mismo."

Me levanté lentamente, tomé la varita, la coloqué en mi cinturón y me acerqué al armario. Ya había preparado una pequeña mochila con pociones, ropa y algunas provisiones. Luego fui al rincón más alto del armario, donde tenía escondida la capa.

La capa de invisibilidad de mi padre. Harry me la había prestado hace años. Yo nunca se la devolví. Una parte de mí siempre supo que un día la necesitaría.

Coloqué una nota corta en mi escritorio, solo por si acaso:

"No me busquen. Volveré. —L"

Me cubrí con la capa, salí al pasillo y descendí las escaleras de puntillas, cada crujido retumbando como tambores en mi pecho. Al llegar a la puerta, me giré una última vez para mirar el hogar que mis padres me habían dado.

"Lo siento", murmuré en voz baja. "Pero esta guerra ya es mía."

La noche me abrazó en cuanto crucé el umbral. Aparicioné.

El lugar estaba desolado.

Calles húmedas. Faroles apagados. El rumor del mar lejano. La costa. Era una aldea casi olvidada, donde Dumbledore alguna vez mencionó que un antiguo artefacto de Salazar Slytherin había estado oculto, al cuidado de uno de los seguidores de Voldemort más antiguos.

La cueva estaba cerca.

Comencé a caminar.

Pero entonces lo sentí.

Presencias.

Mortífagos.

Me oculté entre unas rocas, saqué la varita y respiré hondo. Eran tres. Estaban bromeando, como si no supieran que la muerte caminaba a su lado. Uno llevaba el símbolo de la serpiente en la túnica. Otro tenía la cara descubierta. Joven. Riendo.

Esto no es un entrenamiento, pensé. No es un duelo de clase. Esto es guerra.

Me levanté sin sacar la capa y levanté la varita.

—¡Expulso! —grité.

Uno de ellos voló contra una roca y cayó de inmediato. Los otros dos apenas tuvieron tiempo de reaccionar.

El primero lanzó una maldición que esquivé con un giro y devolví con un "Confringo". Estalló fuego por todos lados. El último intentó correr, pero ya era tarde.

—Crucio —susurré con rabia contenida.

Lo vi gritar. No por diversión. No por venganza. Sino porque ese dolor era el reflejo exacto del que yo sentía cada vez que recordaba la risa de Bellatrix, la sangre de Draco, la muerte de Sirius, el miedo de Harry.

—Dime dónde está el relicario —le exigí, acercándome con pasos firmes.

Él lloró. Suplicó. Tartamudeó algo sobre un "guardapelo que el Señor Tenebroso ya había movido...".

Always  | Draco Malfoy |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora