The fall of a great man

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La noche estaba fría, más de lo habitual.

El aire cortaba como si Hogwarts mismo supiera que algo se avecinaba, algo que nos cambiaría para siempre. Me recosté contra el borde de piedra de la torre de astronomía, mirando las estrellas. El cielo estaba despejado, y la luna brillaba con un halo blanquecino que envolvía el castillo con un extraño silencio.

Dumbledore se acercó lentamente, con sus manos cruzadas tras la espalda y la túnica ondeando como si flotara. Harry estaba a mi lado, en silencio. No nos habíamos dirigido la palabra en todo el trayecto. Seguía molesta. Y él lo sabía.

—A veces —empezó el director, su voz suave como el viento nocturno—, olvido cuánto han crecido.

Me giré a mirarlo. Su expresión era serena, pero había algo detrás de sus ojos. Algo que me revolvió el estómago.

—Los miro y, por un instante, solo veo a los dos pequeños bebés que rescatamos aquella noche. La tragedia los rodeaba, pero había una luz tan fuerte en ustedes... una luz que ni siquiera la oscuridad más profunda pudo apagar.

Me quedé callada. Harry también. Era raro verlo así. Nostálgico.

—Profesor... —murmuré, con un nudo en la garganta—. ¿Está bien?

Él sonrió con tristeza.

—Oh, no te preocupes, querida. Estoy bien. Solo... me estoy poniendo sentimental. Ya estoy muy viejo para fingir que no me afecta. —Se giró hacia nosotros, y su mirada se tornó más firme—. Escúchenme bien, los dos.

Nos enderezamos.

—Lo que está por venir será peligroso, difícil, y a veces parecerá imposible. Pero deben prometerme algo, y es lo más importante de todo.

Asentimos, atentos.

—Protéjanse entre ustedes. No importa lo que pase. No importa lo que escuchen, lo que teman. Son hermanos. Son Potter. Y lo que llevan dentro es más poderoso que cualquier maleficio, más fuerte que cualquier cicatriz.

Mi corazón se apretó. Dumbledore hablaba como si... como si supiera que no nos volvería a ver.

—¿Hay algo más, profesor? —preguntó Harry, la voz más baja de lo normal.

—Sí —dijo, mirando especialmente hacia mí—. Esta noche emprenderé una misión. Una importante. Y, lamentablemente, Lianne, no podrás venir conmigo.

Lo miré, sorprendida. Iba a decir algo, a protestar, pero su mirada me lo impidió.

—Es por tu seguridad. Y por la de Harry también. No quiero que lo tomes como una muestra de desconfianza, sino como una decisión... paternal.

Esa palabra. Paternal. Me caló hondo.

—Está bien —susurré, aunque no me lo parecía—. ¿Volverá, verdad?

Dumbledore no respondió enseguida. Solo colocó una mano sobre mi mejilla, como lo hacía mi padre cuando era niña. Luego la retiró lentamente, y susurró:

—Siempre estoy con ustedes. Aunque no me vean.

El viento sopló más fuerte. Algo me hizo abrazarme los brazos. Dumbledore se giró, caminando con Harry hacia la salida de la torre. Yo me quedé unos segundos más, sin poder moverme.

Se estaba despidiendo. Lo sentí en cada palabra. En cada gesto.

La oscuridad se sentía más cerca que nunca.

El pasillo estaba vacío, pero no en silencio.

El viento se colaba por los vitrales del castillo con un silbido extraño, como si el aire mismo estuviera intentando advertirme algo. Mis pasos resonaban firmes, pero mi corazón no lo era tanto. Había algo mal. Lo sentía.

Always  | Draco Malfoy |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora