De vuelta a Hogwarts

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Salimos de la tienda de bromas aún con las risas pegadas a la piel. Fred me había hecho probar un caramelo que cambiaba la voz y no podía dejar de hablar como si tuviera un sapo en la garganta. Ron casi se ahoga de la risa, y Ginny me grabó con una pluma mágica que, según dijo, iba a mostrarme el ridículo que había hecho por años.

Pero la alegría se disipó tan rápido como había llegado.

Al doblar la esquina del callejón principal, nos topamos con un silencio extraño. Allí, justo frente a nosotros, la tienda de Ollivanders... destruida. La fachada estaba cubierta de hollín, los cristales hechos trizas y la puerta colgaba de una bisagra torcida. Un cartel hecho a mano decía "Cerrado por tiempo indefinido".

Me detuve en seco.

—¿Qué...? —murmuró Hermione, a mi lado—. ¿Cuándo pasó esto?

—Esto no estaba así el verano pasado —dijo Ron con el ceño fruncido.

Sentí un escalofrío bajarme por la espalda. Había algo en el aire. Algo que no encajaba.

Y entonces los vi.

Caminando por un callejón lateral, casi ocultos por las sombras, reconocí a Narcissa Malfoy... y a Draco.

—Allí —dije en voz baja, señalando con el mentón—. Mirad.

Hermione entrecerró los ojos.

—¿Es Draco?

Asentí sin decir nada. Sentí el corazón retumbarme contra las costillas.

Draco caminaba con la cabeza gacha, los hombros tensos, y su madre parecía hablarle con urgencia. No era el porte altivo al que nos tenía acostumbrados. Algo no estaba bien.

—Vamos —dije antes de pensarlo dos veces, y sin esperar, empecé a seguirlos a cierta distancia.

—¿Estás segura de esto? —susurró Harry, alcanzándome.

—No —repliqué—. Pero tengo que saber qué hacen aquí... y por qué parecen tan... distintos.

Nos escabullimos entre tiendas cerradas, manteniéndonos en las sombras. Fred y George se quedaron atrás con Ginny, pero Hermione, Ron, Harry y yo seguimos avanzando.

Draco y su madre se detuvieron frente a una antigua tienda con la ventana cubierta de polvo. Narcissa le entregó algo que no alcanzamos a ver bien, y él asintió, con la mandíbula apretada.

No escuchábamos lo que decían, pero la tensión entre ellos era casi palpable. Parecía... una despedida.

—Esto no me gusta —dijo Ron.

—A mí tampoco —murmuró Harry.

Yo no podía apartar la vista de Draco.

Algo estaba tramando. Y fuera lo que fuera, sabía que no podía ser bueno.

Estábamos demasiado arriba. Sinceramente, no sé en qué momento decidimos trepar hasta ese techo desvencijado, pero ahí estábamos: Harry, Hermione, Ron y yo, asomados entre las tejas polvorientas de una tienda olvidada, conteniendo la respiración mientras espiábamos a Draco Malfoy.

Él no tenía idea de que lo observábamos.

Se había separado de su madre hacía unos minutos. Ahora estaba completamente solo, justo frente a una gran puerta de madera gastada en uno de los rincones más oscuros del callejón Knockturn. Su varita apuntaba hacia una cerradura con runas extrañas, y tras unos segundos, la puerta se abrió revelando un interior apenas iluminado.

Me incliné un poco más, entrecerrando los ojos.

Allí, en medio de lo que parecía un almacén abandonado, había un gran armario. Alto, imponente... y siniestro. Como si la oscuridad se aferrara a él con uñas invisibles.

Always  | Draco Malfoy |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora