The last Horcrocux

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Llegamos al castillo... o a lo que quedaba de él.

La gran entrada, antes imponente, era ahora un montón de ruinas humeantes. Las paredes, agrietadas y ennegrecidas por los hechizos. El aire olía a piedra quemada, a sangre... y a desesperanza.

Avancé sin pensar, con el corazón golpeándome el pecho. Mis pasos se volvieron cada vez más torpes al acercarme al gran comedor. La gran puerta estaba abierta de par en par, como una herida expuesta.

Y al entrar... el mundo se detuvo.

El comedor estaba repleto de personas. Algunos heridos, otros llorando, otros intentando curar como podían. Pero lo que me rompió el alma fueron los cuerpos... los cuerpos tendidos en el suelo, cubiertos con mantas.

Di un paso tembloroso.

Mi mirada buscaba con desesperación entre los vivos... a mis padres.

—Papá... mamá... —susurré, con la garganta cerrada.

Pasé junto a un niño que lloraba mientras una profesora trataba de consolarlo, y seguí, rezando mentalmente por no encontrarme con el peor escenario.

Y entonces... la vi.

Tonks.

Estaba de pie, despeinada, con la túnica hecha jirones y los brazos cruzados sobre el pecho. En cuanto me vio, sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Lianne!

Corrí hacia ella como si mi vida dependiera de ello. Nos abrazamos con una fuerza que dolía.

—Estás viva... —sollozó, apretándome tan fuerte que por un momento creí que podía fundirme en ella.

—¿Y papá? —pregunté, temblando.

—Está adentro... ayudando... está bien.

Mis rodillas casi cedieron del alivio. Me aferré a ella y cerré los ojos por un instante. Gracias. Gracias por esto.

Pero la tregua no duró.

Un grito ahogado, casi animal, rasgó el silencio del comedor.

Giré bruscamente.

A unos metros de nosotros... los gemelos Weasley estaban arrodillados en el suelo.

George sujetaba el cuerpo de Fred.

No... no, por favor.

Su rostro, siempre lleno de risa, ahora estaba inmóvil. La sangre manchaba su túnica. Molly lloraba desconsolada, Arthur intentaba contenerla sin éxito. Ron... Ron se había desplomado de rodillas y se cubría la cara con ambas manos.

Vi a Percy aferrarse al cuerpo de su hermano como si pudiera regresarlo.

Y Ginny... Ginny no parpadeaba. Estaba congelada, como si su mente se negara a entender lo que estaba viendo.

Sentí que algo dentro de mí se rompía en mil pedazos. Me acerqué lentamente, cada paso más pesado que el anterior. No podía apartar la mirada del rostro de Fred.

Ese chico que me había hecho reír tantas veces. Que me había abrazado cuando estaba triste. Que me había dicho que me consideraba como una hermana.

Caímos.

Era como si el suelo se desvaneciera bajo nuestros pies y el aire se volviera denso, líquido, mientras éramos arrastrados hacia otra época. Cuando abrí los ojos, ya no estábamos en Hogwarts. Estábamos en un campo verde, y allí, bajo un gran árbol, vi a una niña pelirroja reír mientras hacía flotar una flor frente a su amiga.

Always  | Draco Malfoy |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora