El baile

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Regresé a la sala común de Slytherin con el corazón latiendo rápido, no por nervios... sino por incertidumbre. Busqué a Draco entre los sillones de terciopelo verde, las sombras del fuego reflejadas en los rostros de los pocos estudiantes que aún estaban ahí. Pero él no estaba. No en su rincón habitual, no en la biblioteca lateral, ni en su habitación.

Desaparecido.

Suspiré. Había querido que él me acompañara al baile, tal vez en un intento tonto de tener una noche tranquila. Una noche normal, sin sombras, sin secretos... solo nosotros dos. Pero si algo había aprendido en estos últimos meses, era que nada en mi vida era "normal".

—¿Lo buscas? —preguntó una voz detrás de mí.

Me giré. Blaise Zabini me observaba con esa mezcla de sarcasmo y complicidad que solo él sabía manejar.

—No está —dije, más para mí que para él.

—No. Lleva horas sin aparecer —respondió con una ceja alzada—. ¿Te dejó plantada para el gran baile de Slughorn? Imperdonable. Necesita clases de etiqueta sentimental.

Le dediqué una sonrisa ladeada.

—Entonces ven conmigo —dije, cruzando los brazos—. Eres guapo, tienes estilo, y no me harás dramas si bailo con alguien más.

—Dioses, Lianne Potter pidiéndome que la acompañe. Será la fantasía de todo Hogwarts —respondió con una sonrisa encantadora—. Vamos, pelirroja, muéstrales a todos de lo que se han estado perdiendo.

Me reí, agradecida por su forma ligera de salvar momentos pesados.

Subí a mi habitación sola. Las demás chicas ya se habían ido, dejando un rastro de perfumes dulces y maquillaje sobre los tocadores. Abrí el armario y saqué el vestido que Narcisa me había regalado semanas atrás. Satin azul profundo, ceñido en la cintura, con un escote elegante y la espalda al descubierto. No era demasiado llamativo, pero se movía como agua con cada paso.

Me solté el cabello, pero luego tomé varita en mano y con un simple hechizo hice un semirrecogido que dejaba caer mi melena lacia y cobriza sobre mi espalda. Me maquillé apenas: un toque dorado en los párpados, un poco de rubor, labios color vino. Lista.

Cuando bajé, Blaise me esperaba en la entrada de la mazmorra, luciendo impecable con una túnica negra de gala, con detalles plateados en los puños.

—Wow —fue lo único que dijo al verme.

—¿Eso es todo? ¿"Wow"? —me burlé mientras me acercaba.

—Si digo más, tendré que aguantar el ego de Malfoy cuando descubra que fui yo quien te llevó al baile.

Sonreí, le ofrecí mi brazo y, con esa mezcla de emoción y duda en el pecho, salimos juntos hacia el salón de eventos.

El gran salón estaba decorado como nunca: guirnaldas de hiedra mágica que brillaban como estrellas, mesas flotantes con postres encantados, música clásica hechizada flotando por el aire. Todo relucía. Todo parecía sacado de un cuento.

Pero por dentro... yo solo pensaba en él.

¿Dónde estaba Draco?

Y, más importante... ¿por qué no estaba aquí conmigo?

Blaise me apretó el brazo con suavidad, como si supiera lo que pensaba.

—Esta noche, eres la reina. Vamos a hacer que el mundo mágico no hable de otra cosa que de ti —dijo con una sonrisa.

Blaise y yo estábamos apoyados contra una de las columnas ornamentadas del salón, conversando sobre la cantidad absurda de hechizos estéticos que algunas chicas probablemente habían usado para esa noche.

Always  | Draco Malfoy |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora