Capítulo 30

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El camino de regreso esos días había sido mas incómodo de lo que le gustaría admitir, no era justo... Solo había cometido un error y ya le estaban condenando por eso, además ese error estaba justificado, cualquiera lo hubiera hecho.

Shinobu y Sanemi estaban más callados de lo usual y ni siquiera le prestaban atención, Gyomei siempre estaba callado y sabía que las atenciones que este y Kyojuro le ofrecían era más que nada por el lazo que los obligaba de cierta forma a hacer sentir mejor a su omega y Tengen... podía ver su decepción, no era grosero pero ya no le dirigía la palabra, hacia una semana estaba tras de el rogando por una salida y ahora solo se le quedaba viendo como un cachorrito apaleado, el cual había sido apuñalado por la espalda.

Le dio un asentimiento con la cabeza al rubio como agradecimiento cuando este le abrió la puerta, antes de entrar a la casa y ser sorprendido por Mitsuri quien se abalanzo sobre el.

— ¡Tanjiro! — chilló la alfa con los ojos llorosos estrechandolo entre sus brazos—¿Dónde estabas? ¡Estaba muy preocupada por ti! — gritó antes de apartarse bruscamente en busca de heridas.

— Verás...— comenzó a decir avergonzado, mientras se sobaba el otro brazo, buscando las palabras correctas para explicarle, pero de inmediato fue interrumpido por Muichiro quien también llegó corriendo hacia el.

— ¡Tanjiro! Que bueno que llegaste, también quise ir en tu búsqueda pero estaba en una misión y Oyakata-sama dijo que ya eran demasiados — le explicó el ojimenta, abrazándose a su cuerpo.

— Pero no te preocupes, ya estás a salvo, tenemos una sorpresa para ti — habló de nuevo la ojirosa en un tono emocionado, antes de guiarlo hacía la sala para que viera la nishirin que estaba colocada sobre la mesa de centro — ¿Te gusta? ¡Llego esta mañana! — exclamó, viendo extasiada la mueca de confusión del pelirrojo, quién debía estar tan emocionado por el regalo que seguramente apenas podía procesar sus emociones, por lo que ignorando la mirada burlona de Sanemi y Shinobu, decidió seguir hablando — Obviamente no podrás ir de misiones ahora debido a tu estado, pero lo estuvimos hablando entre todos y decidimos que tenías razón, estábamos siendo muy injustos contigo, ¡Tal vez podrías volver a tus labores de cazador una vez los cachorros nazcan! — terminó de decir la alfa con una gran sonrisa y una mirada espectante, wow, lo había dejado sin palabras, pensó para sus adentros ante el silencio que se formó en la habitación.

— Si no le dices tu, lo hare yo — advirtió Sanemi.

— ¡No, espera! Ya voy — contestó apresurado, dandole un leve empujoncito al albino, notando como su aroma se agriaba debido a la ansiedad.

— ¡Tanjiro, ¿Por qué tienes esa marca?! — preguntó Muichiro con un puchero, llamando la atención de Mitsuri y Giyu, quien hasta el momento se había mantenido al margen.

— ¡¿Qué?, pensé que yo sería la próxima en marcarte! — se quejó la alfa incrédula, acercándose más al omega para examinar la marca — ¿Quien fue? — preguntó, mientras lo olfateaba desesperadamente tratando de adivinar quien era el otro alfa.

— Fui yo — respondió Kyojuro orgulloso, en un tono presumido, haciéndose notar.

— ¿Pero por qué el? Ni siquiera hablas con el tanto como con nosotros — alegó el alfa joven, notando derrepente lo tenso que estaba el ambiente en la habitación, todos sus compañeros estaban callados — ¿Qué pasa? ¿Sucedió algo malo mientras estuviste fuera? — preguntó en un tono preocupado, colocando una de sus manos en el vientre del mayor, pensando que se trataba de uno de sus cachorros y que no le habían dado ni siquiera tiempo al omega de explicarse.

— Tanjiro dará una buena explicación Tokito-san, no te preocupes — habló la ojimorada con una falsa sonrisa, recibiendo una mirada de sospecha por parte de Giyu, quien ya sabía desde un principio que algo andaba mal.

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