Capitulo 32

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— ¿Por qué mejor no te divorcias? — le propuso Giyu, comenzando a sentir lastima por el menor, quien le miro sorprendido — te casaste con nosotros para proteger a Murata, el ya ni siquiera está aquí — le recordó el mayor para su sorpresa, era cierto, lo había olvidado por completo, no tenía nada que lo ataba, excepto la marca de Kyojuro y Gyomei, pero aún así podría divorciarse del resto, quizás podrian tener algo como lo de antes, una clase de custodia compartida para los cachorros que se avecinaban.

Gyomei estaría de acuerdo, había prometido no arrebatar a Tatsumi de su lado, Giyu tampoco tendría ningún problema, después de todo el mismo le estaba proponiendo la idea, Muichiro no estaba seguro, desde lo de Murata no habían hablado mucho.

La decisión estaba ahí, al alcance de su mano, era todo lo que una vez quiso, pero muy a su pesar, de solo pensar en el divorcio se le hacía un nudo en el estómago, no podía dejar atrás la idea de tener una familia con sus cachorros, quería una familia perfecta, con cenas divertidas, sin peleas de por medio, cuentos de buenas noches, pero también quería salir allá afuera, volver a Nezuko humana, a esas noches de adrenalina en las que era cazador, no podía dejar ir la idea de tenerlo todo, también quería compartir sus noches con Muichiro, Mitsuri y Obanai, salir por las tardes con Tengen, en quien últimamente pensaba mucho al darse cuenta de lo injusto que había sido con el.

Pero también sabía que eso no iba a poder ser, si se quedaba en casa con sus cachorros tendría que dedicarse al hogar y si hacía de las suyas y se convertía en cazador no podría ver a sus cachorros siempre que quisiera, la única vez que estuvo cerca de obtener todo lo que quiso lo arruino escapandose con Murata, recordó sintiendose desanimado.

Espera, ¿Por qué Giyu le estaba proponiendo esto?, se pregunto, sintiéndo como el nudo subía hasta su garganta de la mortificación, el tampoco lo quería, se dio cuenta para sus horrores, sintiendo como su lobo rascaba en su pecho desesperado, sabía que la había cagado y miles de veces había pedido que cada uno siguiera con su vida, pero aún así... No quería que salieran con nadie más, no era justo.

— ¿Por qué? ¿Qué he hecho? ¿Esto es por lo de Murata?— preguntó en un tono temeroso no queriendo oír una respuesta realmente, sin darse cuenta comenzó a hiperventilar ante el aparente rechazo de su alfa, aun cuando trataba de convecerce de que esto era lo mejor, que todo lo que estaba sintiendo era por culpa de su omega interno, que en unos meses todo pasaría.

— ¿Qué? ¡No, te digo esto porqué es lo que siempre quisiste!— contestó, levantandose rápidamente de su asiento, alarmado por las feromonas del menor, con la intención de abrazarlo para darle calma, pero rápidamente fue apartado a un lado por otro alfa.

— ¡Tanjiro, ¿Estás bien?! — preguntó el rubio preocupado, quien había sido alarmado por medio del lazo, mientras tomaba la cara del pelirrojo entre sus manos para tener algo de contacto visual y fallando en el intento ya que el omega solo desviaba avergonzado sus ojos brillosos por las lágrimas que se negaba a soltar.

— ¡¿Qué sucede?! — cuestionó Tengen alterado, entrando a la cocina alarmado por las feromonas y por los gritos del rubio — ¿Te duele algo? ¿Quieres que traigamos a Sinobu? — preguntó de nuevo en un tono más calmado, recibiendo una negativa por parte del omega, quien ahora exudaba un olor a frutos rojos podridos.

— Vayamos a tu habitación — ordenó Kyojuro después de unos minutos tomandolo suavemente del hombro para guiarlo, en un intento de tranquilizarlo, siendo seguidos por el albino y dejando al azabache solo en la cocina.

— ¿Qué tienes bonito? — pregunto el ojifucsia en un tono suave, mientras entraban a la habitación, sintiendo como le daba mala espina el hecho de que Tanjiro ni siquiera pudiera mantener el contacto visual.

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⏰ Última actualización: Jan 06 ⏰

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