Capitulo 31

471 59 13
                                        

Había pasado la noche en vela cumpliendo misiones, por lo que estaba agotado, su plan era solo pasar por ese pueblo, alimetarse y regresar a la sede. Camino tranquilo entre los puestos de comida buscando uno que ofreciera Salmon, cuando de repente, lo olió, frutos rojos.

Aspiro las dulces feromonas, disfrutando de la dulce fragancia, hasta que sintió como su lobo interno se alteraba después de muchos años exigiéndole que lo buscara y lo reclamara.

Volteó a todos lados en busca del dueño de ese aroma, notando como este se alejaba, se sintió tentado a dejarlo ir, después de todo el no estaba en busca del amor, total si era su destinado entonces el destino haría de las suyas y haría que se encontraran de nuevo, incluso podía ser llevado y encontrado por otro de sus compañeros, sacudió la cabeza en negación al escuchar las protestas de su alfa quien le pedía que fuera tras su omega, por lo que dejandose llevar por este siguió el aroma hasta llegar a un callejón que estaba detrás de un restaurante.

Se preguntó que hacía su destinado en un lugar como este, cuando llego al callejón notó confundido que nomás había una persona...un vagabundo de espaldas a el buscando en la basura, su olfato no le podía engañar, el era de los mejores rastreadores, quizás su omega estaba escondido por miedo.

Frustrado, decidió acercarse a la otra persona, después de todo era un pueblo y en los pueblos todos se conocían.

— Disculpe, ¿Ha visto a una omega con aroma a frutos rojos pasar por aquí? — preguntó, tomandolo del hombro, notando como el contrario rápidamente se ponía a la defensiva, volteando a verlo asustado, viéndose ambos sorprendidos al notar que eran destinados.

Analizó con decepción las ropas sucias y desgastadas del menor, sus manos llenas de restos de basura, sus ojos color granate, debía de admitir que quizás tenía buenas facciones en el rostro debajo de toda esa mugre que le cubría...era un niño todavía.

Salió de sus pensamientos al notar como este le sonreía levemente, volviendo a tirar a la basura lo que tenía entre manos.

— ¡Eres mi alfa ¿Cuál es tu nombre?! — exclamó emocionado para su horror, pensó en dejarlo tirado, realmente lo pensó, pero su alfa le exigía ayudar a su pareja, era muy peligroso que un omega viviera en las calles.

— Tomioka, un gusto— respondió secamente por cortesía, antes de moverse a un lado al notar como el ojirojo se acercaba más a el —¿Qué estabas haciendo en la basura? — preguntó aunque ya sabía la respuesta, pero quería creer que estaba equivocado, quizás solo estaba buscando algún objeto perdido o algo, al ver que el pelirrojo desviaba la mirada avergonzado decidió seguir preguntando— ¿Dónde están tus padres? ¿Vives en las calles? — cuestionó un poco preocupado, sin preguntar su nombre.

— No tengo padres, pero si tengo un hogar — respondió en un tono triste, antes de sonreírle abiertamente ilusionado, por fin había encontrado a su destinado.

Después de eso, sintiendo lástima por el pelirrojo lo invito a comer, lo bueno de ese pueblo es que nadie lo conocía, así que no tenía que sentirse avergonzado porque lo vieran acompañado de el.

— ¿Cuántos años tienes? — preguntó curioso viendo como este comía desesperadamente, seguro es su primera comida completa en mucho tiempo.

Trece ¿Y tu? — respondió con una sonrisa amable, desde que lo había encontrado no dejaba de sonreír extasiado, seguramente pensaba que el lo iba a mantener y que le iba a dar de los mejores lujos, pensó molesto y aunque no era mentira ya que se negaba a que su omega viviera en condiciones tan pesimas no le gustaban los oengas interesados.

— Dieciocho — contestó viendo los dedos huesudos del menor y como unos mechones rojos se escapaban de su gorro todo andrajoso — tendrás que venir conmigo después, tenemos que lavarte y comprarte ropa mas presentable antes de presentarte a tus compañeros — avisó, terminando de comer.

Omega PrimeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora