Recuerdos

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*Narra Diana*

Cuando conocí a Ana... Recuerdo que sentí un cosquilleo en mi cuerpo, el saludarla provocaba que me pusiera nerviosa, sentía un calor subir por mis mejillas, me trababa al hablar, y muchas veces tuve que secar el sudor de mis manos en mi pantalón. No comprendía porqué, estamos acostumbradas a sentir que eso pasa cuando estamos con un hombre, pero si soy honesta, nunca me puse así cuando conocí a Mario, claro en algún punto seguramente me emocioné al verlo, Pero nunca nada se va a comprar con lo que sentí por ella, los nervios de estar a su lado y sentir su aroma, la fuerza de su mano al sujetar la mía, el miedo de que escuchara lo fuerte que latía mi corazón al estar a solas.

No, no fué perfecto, pero si creí haber encontrado al amor de mi vida, tenía mis dudas pero aquella tarde, cuando ella exaltada, acariciándose el cabello y mordiendo su labio como ella sabía hacer, ver su pecho agitado subiendo y bajando, sus ojos abiertos de par en par denotando incertidumbre pero con ese brillo que muestra una pizca de esperanza, no tuve dudas, así estando solas en su casa, yo pegada a la pared, ella a escasos metros de mi esperando una respuesta y ese silencio que aunque fue poco sentí eterno y supe que debía confesarle, debía decirle todo lo que provocaba en mi, ¿Pero que palabras usar? A ella se le daba bien y aunque hubiera dicho cualquier cosa yo hubiera caído igualmente porque ya sabía que la amaba.
No había palabras suficientes o correctas, no logré articular ninguna, y lo mejor que pude hacer fue lamer mis labios mientras con un paso al frente me acercaba a ella para tomarle del borde de su suéter para jalarla hacia a mi y fundirle mi amor en un beso.
No sabía lo que estaba haciendo, más bien, claro que había besado antes, pero con ella debía ser especial, poco a poco abrió su boca y nuestros labios se encontraron en un dulce beso, lleno de cosquilleos y ternura,  ella me besaba despacio, y yo ponía poco a poco mis manos sobre su cintura, había correspondido a mi beso, sin embargo, no quería incomodarla al tocarla.
Pero ella dió un paso adelante al primero con las yemas de sus dedos posarse sobre mi mejilla, no había espacio entre ambas, el tiempo no pasaba, me impregnaba de su olor, se su esencia.

Ese beso fue el inicio de algo que me cambió para siempre. No hubo palabras después, solo la respiración entrecortada y el temblor de sus manos buscando las mías,acompañadas de sonrisas nerviosas y miradas llenas de complicidad. Esa noche, al volver a mi cama y mirar al techo sin poder conciliar el sueño pensando en ella, entendí que no todos los amores necesitan promesas, algunos solo piden silencio y un poco de valor.

Los días siguientes fueron un vaivén de miradas que se buscan entre la multitud, aparentemente con discreción, aunque sabemos que una enamorada es lo que menos tiene, de risas escondidas y excusas para vernos a solas e intercambiar cortos pero besos apasionados.Me acostumbré a su voz llamándome “Diana" con ese timbre de voz ronco pero suave, hacia que me gustara como sonaba mi nombre en su boca que tantas veces ya había probado, a sus notas dejadas sobre el tocador, a la manera en que la abrazaba por detrás con el pretexto de  arreglar el cuello del saco de su vestuario.

Pero la rutina de los escenarios no perdona y mucho menos al pasar los años, Comenzaron las giras, los compromisos, los ensayos que se alargaban hasta el amanecer. Yo seguía cosiendo lentejuelas mientras ella ensayaba los mismos versos una y otra vez. A veces me dedicaba una sonrisa desde el escenario, y eso me bastaba para creer que todo estaba bien.

Sin embargo, algo empezó a cambiar. Su mirada se fue llenando de cansancio, y su risa, antes tan libre, se volvió más breve. Había noches en que llegaba al camerino oliendo a un perfume que no era el mío, y aunque no me lo decía, supe que compartía su tiempo con otros rostros, otras manos.

No sé en qué momento dejamos de ser “nosotras”. Quizá fue el día que me pidió distancia “por el bien de las dos”, o cuando empecé a sentirme una más del equipo y no su confidente. Pero lo cierto es que, aún en medio del dolor, seguí vistiéndola con el mismo cuidado, cosiendo con ternura cada prenda que rozaría su piel, cuidandola detrás de los reflectores cuando nadie veía, amándola más allá de la artista.

Porque al final, por más que doliera, seguía siendo ella,mi primer amor, mi primer todo. Y aunque ya no me mirara con el mismo brillo, yo seguía buscándome en sus canciones, buscando una forma que me hablara de ella.

No era perfecto, pero era de nosotras… hasta que un día dejó de buscarme entre el público, dejó de alegrarse al verme y ese brillo en su mirada cuando estaba con ella se apagó al igual que su amor por mi...

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⏰ Última actualización: Nov 08, 2025 ⏰

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