La vida solo es ese juego que no te cansas de mirar una y otra vez hasta que finaliza en "Game Over"
La nieve se hundía bajo sus pies; crujiendo. Fría. Y ella se encontraba en sus pensamientos, sumergida. Pasó cerca de un quiosco, lo miró de reojo y se detuvo al contemplar algo que llamó su atención. Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras su corazón se encogía en el interior de su pecho.
En el titular de un periódico logró leer –con desgana– "AVISTAMIENTOS DE SOMBRAS ANGELICALES" como titular de una noticia, entrecerró los ojos, se acercó al dependiente –Un hombre de unos 50 años de tez robusta y bigote ancho– y, mientras que observaba todas sus facciones, masculló:
–– ¿Me podría dar un periódico, por favor?
El quiosquero la miro con sorpresa, clavando sus pupilas en ella mientras la correspondía con una alegre sonrisa en sus labios.
––Claro–– Agarró el gélido papel que se encontraba doblado en el escaparate y se lo ofreció, aceptando el euro diez que le daba a cambio Martina.
––Muchas gracias–– Espetó con cortesía, pero su mirada era tan fría que cortaba como si se tratara de un afilado cuchillo.
––De nada señorita–– Se quedó callado durante unos instantes, dubitativo de lo que hacer mientras que observaba a la joven que se encontraba parada, leyendo el pie de foto con cautela –en el que se encontraba la sombra de un humano con enormes alas surcando los cielos–. Apoyó sus antebrazos en el cristal que tenía delante y venció todo su cuerpo sobre el mostrador, relajándose. ––Perdone si la interrumpo, de verdad, pero... ¿Usted se lo cree? ––Sus ojos reflejaban un brillo de angustia mientras que su cara tenia expresión de duda –ceño fruncido y labios apretados– Martina recordó con malicia como un hombre extrañamente hermoso entro por su puerta y salió por la ventana, alzando el vuelo con tan solo batir sus dos ardientes alas.
–– ¿Por qué no deberíamos creerlo?–– Su cabeza se inclinó débilmente –nuevamente parecía un cuervo curioso–
––Son seres míticos... al igual que los monstruos. No tiene sentido que existan, nuestros padres siempre nos hablaban de ellos como sacados de un cuento–– Se encogió de hombros.
Martina esbozó el pariente triste de una sonrisa entre sus labios ––Eso realmente no es del todo cierto–– Sus ojos se fijaron sobre él, analizándolo ––Los monstruos siempre han existido, solo que la gente no se dedica a mirar en el interior de las personas. Les suelen interesar otras cosas–– frotó sus dedos pulgar e índice, refiriéndose al dinero ––Los mitos nacen de las historias y las historias de las personas–– Finalizó diciendo aquellas palabras que anteriormente habían sido pronunciadas por su madre.
––Entonces usted podría ser uno de esos ángeles, dicen que son preciosos ante la vista de los humanos.
«Tal vez eso es lo que menos soy» Cerró el periódico, doblándolo por la mitad y sujetándolo con tan solo una mano ––Tal vez–– contestó con una sonrisa de amabilidad ––De todas formas, gracias por el cumplido–– Finalizó justo antes de marcharse. Dejando un rastro de huellas blancas hasta el supermercado.
Nada más entrar en el local una bocanada de aire caliente la sacudió el cuerpo. Era débil pero por fin podía sentirse tibia después de no sentir ni la punta de sus dedos. Parados al lado de las cajas había cestos apilados unos encima de los otros. Agarró uno, sacó el asa y lo posó bruscamente contra el suelo, permitiendo que las dos diminutas ruedas que llevaba en la parte trasera rodaran por las baldosas blancas del sitio. Suspiró. Estaba cansada y la idea de que su madre hubiera desaparecido aún no le parecía del todo real. Aún esperaba esa llamada que le dijera "cariño, ya estoy en casa, siento haberte asustado" pero por más que esperara no iba a recibir nada. Y por si no era suficiente un ser había entrado en su casa para intentar matarla mientras que su mejor amiga estaba con ella. Eso la inquietaba aún más. Caminaba despacio mirando por cada estante, tomándose su tiempo –quien diría que iba de compras, parecía que se iba paseando– levantó su brazo y se colocó de puntillas para llegar a la parte superior y agarrar una caja de cereales, escuchó a unas señoras que se encontraban cercanas a ella, comentaban lo que anteriormente había leído en el periódico –el avistamiento de los ángeles– y negó con la cabeza mientras tragaba saliva sin poder evitar mirarlas de reojo.
–– ¿Piensas que los ángeles esos vienen para ayudarnos?–– Aquello le parecía demasiado vulgar a Martina. Pero nunca fallaba la típica cotilla de turno que se entera de todo y lo propaga por media ciudad ¿no? «O para comenzar una nueva guerra» Pensó mientras se encaminaba hacia la zona de las carnes. Aún le daba vueltas a sus pensamientos. Había recibido tantas llamadas de su trabajo. La gente se preocupaba por ella, incluso Ángel, pero aun así, ella se sentía más sola que nunca. Escuchó pasos tras ella y al girarse su corazón le dio un vuelco. No se esperaba encontrarla a ella. Sus pupilas se dilataron y sus manos estrecharon con angustia el asa del carro. Retrocedió torpemente, tropezando con la barra de metal que se encontraba en el suelo. Su cuerpo tembló y sus ojos se volvieron cristalinos a la par que su boca se abría para intentar pronunciar palabra alguna. Su voz no emergió. Lágrimas recorrieron sus mejillas. Se sentía desnuda ante aquella intromisión.
¿Cómo era posible? ¿Por qué estaba ella allí? En el negro de sus pupilas se veía el reflejo de quien se encontraba en frente suya. Aquella sonrisa. Aquellos ojos grises azulados separados por una pequeña nariz enternecedora.
––Pensaba que ibas a reaccionar de manera diferente, tal vez dándome un abrazo ¿no?–– Comentó risueña mientras sus labios carmín esbozaban una sonrisa que la partió en mil y a la vez rejuntó los pedazos que acababa de romper.
[Esto se lo dedico a una seguidora muy especial para mi. Jamas dejes de creer en algo o morirá. El numero de la mala suerte se convertirá en el numero del renacer] RMB
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El futuro Incierto
Teen FictionCuando todo el mundo padece y se transforma en todos tus miedos. Cuando un amor irracional se alberga en tu corazón, pierdes los hilos de tu destino y te encuentras sola en medio de un mar de dudas y peligros. Martina, una joven diseñadora gráfica...