Extra 2

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El sol entraba suavemente por la ventana, la casa estaba en silencio, demasiado silencioso y eso solo significaba una cosa.

Kagome abrió los ojos lentamente y se quedó mirando el techo unos segundos, luego giró la cabeza.

La cama estaba vacía.

—Ay no… — Kagome se sentó rápidamente.

—¡Inuyasha! — no hubo respuesta, suspiró - Esto no puede ser bueno…

Se levantó de la cama y caminó hacia la cocina.

Y entonces lo vio.

Inuyasha estaba de pie frente a la cocina, con un delantal, un delantal claramente demasiado pequeño para él y completamente cubierto de harina.

Kagome se quedó mirándolo en silencio.

—… — Inuyasha volteó lentamente al sentir otra presencia.

—Buenos días — ella entrecerró los ojos.

—¿Qué hiciste?

—Nada — Kagome miró alrededor.

La cocina parecía una zona de guerra.
Harina en la mesa.
Harina en el piso.
Harina en el cabello de Inuyasha.

—¿Intentaste cocinar? — Inuyasha levantó el mentón orgulloso.

—Estoy haciendo panqueques — Kagome caminó hacia la sartén.

Miró dentro.
Una masa negra e irreconocible descansaba allí.

—Esto no es un panqueque Inuyasha...

—Está en proceso — Kagome comenzó a reír.

—Esto es un crimen culinario — Inuyasha frunció el ceño.

—Oye.

—¿Cuánto tiempo llevas intentando?

—Una hora

—¡¿Una hora?! — Kagome se llevó una mano a la frente —Dios mío — Inuyasha cruzó los brazos.

—Quería sorprenderte.

Kagome se quedó en silencio un momento, se acercó más a  él y lo abrazó.

—La intención es lo que cuenta corazón...

Inuyasha murmuró contra su cabello y mirando hacia abajo, un poco de harina le cayó encima a Kagome.

—Entonces… ¿desayunamos cereal? — Kagome rió.

—Definitivamente — se separó y observo su pijama, ella también ahora tenia harina.

°°°

El desayuno terminó siendo cereal acompañado de muchas risas.

Pero el día no había terminado de sorprenderlos, el teléfono de Kagome sonó, lo tomó y miró la pantalla y frunció su ceño.

—Oh no.

—¿Qué?

—Es Sango — Inuyasha se encogió de hombros.

—¿Y?

— La ultima vez que llamo fue cuando mando a Miroku a vivir aqui con nosotros por unas semanas — le recordo Kagome a Inuyasha, luego contestó — Hola...

—¡Necesito ayuda! — La voz de Sango salió del otro lado con urgencia.

—¿Qué pasó? — Kagome parpadeo, Inuyasha le hizo señas poco entendibles y coloco en altavoz la llamada.

Miroku adoptó algo — Kagome se quedó congelada.

—¿Algo?

Un perro.

—¡Es adorable! — desde el fondo se escuchó la voz de Miroku.

Un ruido fuerte interrumpió la llamada.

Algo se rompió.

Ya rompió dos jarrones — Sango suspiró, Kagome miró a Inuyasha.

—Vamos a tener que ir — Inuyasha gruñó.

—No quiero cuidar perros — Kagome sonrió.

—No es un perro.

—¿Qué es?

Kagome volvió a mirar el teléfono.

—Sango… ¿qué raza es? — hubo un silencio.

—…un gran danés — Inuyasha casi escupe el cereal.

—¡Eso es un caballo! — Inuyasha negó a Kagome — No cariño...

— Sí no vamos, muy posiblemente tengamos a un gran Danés y a tu amigo defectuoso aquí — Inuyasha suspiró resignado.

°°°

Cuando llegaron a la casa de Sango, el caos era real.

Un enorme perro corría por la sala con un cojín en la boca y Miroku lo perseguía.

—¡Devuélvelo! — el perro saltó sobre el sofá e
Inuyasha cruzó los brazos.

—Esto es exactamente lo que imaginé — Kagome se agachó frente al perro.

—Hola…

El perro inmediatamente se sentó frente a ella y movió la cola, todos se quedaron en silencio.

Miroku parpadeó.

—¿Cómo hiciste eso? — Kagome sonrió.

—Le caí bien.

—A mí también me caíste bien — murmuró Inuyasha, Kagome lo miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Te escuché — dijo Miroku mirando a su amigo, Inuyasha lanzó un cojín hacia él.

— La verdad no me sorprende que esta bestia le hiciera caso a Kagome — comento Sango — Inuyasha fue uno... — Sango y Kagome se carcajearon y Miroku lo molestaba.

°°°

Esa noche, de vuelta en casa, Kagome e Inuyasha estaban sentados en el sofá, el día había sido largo, pero dentro de todo tranquilo.

Kagome apoyó la cabeza en su hombro.

—Me gustan estos días — Inuyasha entrelazó sus dedos con los de ella.

—¿Los días caóticos?

—No — Kagome sonrió.

—Los días normales — Inuyasha besó suavemente su cabeza.

—Entonces tendremos muchos.

El silencio llenó la habitación, un silencio cálido,
un silencio feliz, de esos que solo existen cuando dos personas saben, que están exactamente donde deben estar.

°°°

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NO ES LO QUE QUERÍA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora