EXTRA 1

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°°°

La mañana comenzó tranquila. Demasiado tranquila.

Kagome Higurashi estaba sentada frente al espejo, observando su reflejo sin moverse.
El vestido blanco descansaba perfectamente sobre su cuerpo, pero su mente estaba en otro lugar.

Su corazón latía con fuerza. No por miedo.
Sino por todo lo que ese momento significaba.

Había pasado mucho tiempo para llegar allí.

Años de sanar.
Años de recordar.
Años de aprender que amar otra vez no significaba olvidar.

Detrás de ella, la puerta se abrió suavemente.

—¿Estás lista? — la voz tranquila de Sango llenó la habitación, Kagome sonrió levemente.

—Creo que sí — Sango se acercó y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Estás hermosa.

—Estoy nerviosa — Sango soltó una pequeña risa.

—Eso significa que es importante —Kagome respiró profundo.

—¿Llegaron todos?

—Sí — Sango sonrió con picardía.

—Incluso alguien que juró que nunca asistiría a algo tan sentimental — Kagome levantó una ceja.

—¿Sesshomaru?

—Exacto.

°°°

Mientras tanto, en el jardín, las sillas estaban acomodadas frente a un pequeño altar decorado con flores blancas, el viento movía suavemente las hojas del gran árbol que dominaba el lugar.

Debajo de ese árbol, había una pequeña placa de piedra.

El nombre de Bankotsu estaba grabado allí.

Inuyasha se encontraba de pie frente al altar, vestido con un traje oscuro que claramente le incomodaba.

—Deja de mover los pies —murmuró Miroku a su lado.

—No los estoy moviendo.

—Los estás moviendo — Inuyasha resopló.

—Esto es ridículo — Miroku sonrió.

—Estás nervioso.

—No lo estoy.

—Claro que sí — Inuyasha cruzó los brazos.

—Cállate — Miroku soltó una risa.

—Si Bankotsu estuviera aquí te estaría molestando peor — el silencio cayó entre los dos.

Inuyasha bajó la mirada hacia la placa bajo el árbol.

—Sí… lo sé.

°°°°

La música comenzó a sonar suavemente.

Todos los invitados se pusieron de pie, Inuyasha levantó la cabeza y entonces la vio.

Kagome Higurashi caminaba lentamente por el sendero de flores.

El vestido blanco se movía con el viento, sus ojos estaban fijos en él y solo en él.

El corazón de Inuyasha dio un salto.

Por un momento… todo lo demás desapareció.
Cuando Kagome llegó frente a él, sonrió suavemente.

—Hola —Inuyasha parpadeó.

—Hola.

El sacerdote comenzó a hablar, pero sus voces se volvieron un murmullo lejano para ambos, porque lo único que realmente importaba era el momento.

El instante en el que sus manos se encontraron.

El instante en el que prometieron algo más grande que el dolor que habían vivido.

—Inuyasha —dijo el sacerdote—. ¿Aceptas a Kagome como tu esposa?

Inuyasha miró a Kagome.
Recordó todo.
Las lágrimas.
La pérdida.
La forma en que se habían sostenido el uno al otro cuando el mundo parecía demasiado pesado.

Sonrió.

—Sí.

—Kagome —continuó el sacerdote—. ¿Aceptas a Inuyasha como tu esposo? — Kagome apretó suavemente su mano.

—Sí.

—Entonces… — el sacerdote sonrió.

—Pueden besarse.

Inuyasha no esperó un segundo más.

La besó.

Y el jardín se llenó de aplausos.

°°°°

Horas después, la música y las risas llenaban el lugar. Miroku ya llevaba varias copas encima.

—¡Discurso! —gritó levantando su vaso.

Todos rieron, Inuyasha rodó los ojos.

—Esto va a ser un desastre — pero Miroku se aclaró la garganta dramáticamente.

—Solo quiero decir una cosa — miró a Kagome, luego a Inuyasha.

—Bankotsu estaría muy feliz hoy — el silencio cayó un momento.

Pero no fue un silencio triste.
Fue un silencio cálido.

Kagome levantó su copa.

—Por él.

Todos levantaron sus vasos.

—Por Bankotsu.

Un momento a solas, más tarde, cuando la fiesta comenzaba a terminar, Kagome caminó hacia el árbol, la noche era tranquila.
La luna iluminaba suavemente la placa de piedra.

Kagome se agachó frente a ella.

—Lo hicimos

El viento movió suavemente las hojas.

—Seguimos adelante — una voz apareció detrás de ella.

—Te estaba buscando.

Inuyasha se acercó y se sentó a su lado, Kagome tomó su mano.

—Creo que le habría gustado la boda —
Inuyasha sonrió.

—Seguro se habría quejado de algo —
Kagome rió.

—Definitivamente.

Ambos se quedaron mirando el árbol unos segundos. Luego Kagome apoyó su cabeza en el hombro de Inuyasha.

—Gracias por quedarte — Inuyasha besó suavemente su frente.

—Siempre.

El viento volvió a mover las hojas.

Y por un instante…pareció que alguien más estaba allí.

Sonriendo.

°°°

NO ES LO QUE QUERÍA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora