Capitulo 105 Baile de Navidad

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El sonido suave de pequeños pasos y el tenue chasquido de la magia llenaban la casa de una forma armoniosa.

Rose estaba de pie en medio de la sala, observando cómo todo comenzaba a transformarse. Donde antes había quietud, ahora había movimiento, pero no caótico, si no preciso y elegante.

Los elfos domésticos se movían con rapidez, colocando telas, ajustando luces, haciendo aparecer decoraciones con un leve destello.

-No tan arriba -indicó Draco con calma.

Un elfo, de orejas grandes y expresión concentrada, corrigió la altura de una guirnalda en cuestión de segundos.

-Así está mejor, señor Malfoy.

Draco asintió levemente. Rose cruzó los brazos, divertida.

-Draco.

Él giró hacia ella de inmediato, su expresión suavizándose apenas al verla.

-¿Sí?

-No es necesario supervisarlo todo.

-Sí lo es.

Ella negó con la cabeza, conteniendo una sonrisa.

-Son elfos domésticos, no un equipo de aprendices.

-Y aun así -respondió él con tranquilidad- esto es para ti.

Rose dejó escapar una pequeña risa.

-No tiene que ser perfecto.

Draco la observó unos segundos, como si esa idea no terminara de convencerlo.

-Tiene que estar a tu altura.

El comentario fue tan natural que Rose no supo qué decir por un instante.

La sala ya comenzaba a tomar forma: telas claras cayendo con elegancia, luces cálidas suspendidas con delicadeza, detalles dorados que reflejaban la luz como si todo estuviera preparado para una velada distinguida, casi de otro tiempo.

-Parece un baile de época -murmuró ella.

-Lo es -respondió Draco- o lo será.

Rose sonrió, imaginándolo.

-Música en vivo, vestidos elegantes.

-Si eso es lo que quieres.

-Quiero que se sienta especial -dijo en voz baja- como si el tiempo se detuviera por una noche.

Draco la observó con esa atención que solo le dedicaba a ella.

-Entonces se detendrá, detendría el tiempo por ti.

Rose estaba a punto de responder cuando él dio un paso hacia ella, su expresión cambiando ligeramente.

-Has estado de pie demasiado tiempo.

-Estoy bien.

-Rose -la regaño en un tono bajo, firme.

Ella suspiró, sabiendo que no iba a convencerlo.

-Cinco minutos.

-Ahora -como siempre, terminó cediendo.

Draco la guio con suavidad hasta el sofá, acomodando un cojín tras su espalda y cubriéndola con la manta como si fuera algo delicado.

-No soy frágil -murmuró ella.

-No -respondió él, ajustando la tela con cuidado-pero eso no significa que no deba cuidarte.

Rose lo miró en silencio.

Draco se inclinó frente a ella, evaluando su rostro con una atención casi minuciosa.

Rose WeasleyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora