Cap:36# "Quédate"
"He intentado casi todo para convencerte
Mientras el mundo se derrumba, todo aquí a mis pies
Mientras aprendo de esta soledad que desconozco
Me vuelvo a preguntar, quizás sí sobreviviré
Porque sin ti, me queda la conciencia helada y vacía
Porque sin ti, me he dado cuenta, amor, que no renaceré... Dejaría todo"
Pov. Edward
Si alguien me hubiera dicho que aquel día terminarían nuestros cuerpos desnudos, junto y cálidos uno contra otro, jamás lo hubiera creído ¿imaginado? Eso tal vez sí, ¿deseado? Definitivamente que sí; era solo que el Edward de un inicio de aquella historia no era para nada el mismo que estaba en aquel presente tirado sobre una manta al descubierto, desnudo, junto a ella, feliz y eso era demasiado.
Estaba tan... enamorado, que sabía nada podía arruinar ese momento, ese recuerdo que guardaría por siempre.
Las yemas de mis dedos paseaban sobre la cara de Isabella, recorriendo sus facciones con suavidad y enredando su cabello hermoso con mi tacto, contando sus pecas infinitas; sus ojos verdes me miraban con amor y los míos la consumían entera, era preciosa, así despeinada, cansada de amarnos, radiante, enamorada de mí. Ella era más perfecta de lo que una vez había siquiera soñado.
Mi pecho estaba lleno de felicidad de tenerla ahí conmigo, así, después de lo tanto que me había costado contenerme ante otras situaciones, aquel día fue sencillamente perfecto y lo dedicamos a entregarnos en cuerpo y alma el uno al otro, conociendo nuevos espacios uno del otro, encajando perfecto dentro de su cuerpo. Yo deseaba que ella sintiera ese placer que nunca antes había sentido, quería complacerla hasta los límites y no es que fuera experto en la materia, pero creía entender que era lo que le gustaba. Además, debía admitir que me daba felicidad y algo de satisfacción personal saber que era yo quien provocaba todo eso, que era yo el primero y desee ser también el único por el resto de la vida, sabía que no había mejor música que sus labios pegados a mi oído gimiendo y quise que siempre fuera de esa manera.
Isabella y yo dormimos acurrucados y nos amamos una y otra vez, reímos juntos hasta cansarnos, pero debíamos regresar pronto, a la realidad, pues el sol comenzaba a bajar y el viento a soplas más frio, era invierno y poco a poco entraba lo helado de la temporada, hasta mucho había sido que ese día el sol calentara y además de eso yo no quería tener problemas en regresarla a casa tan tarde, su padre me miraba de reojo a veces esperándome dar un mal paso y no me lo podía permitir.
Fue pasada de las 6:00 pm cuando llegamos a su casa y bajamos ambos de la camioneta, llevábamos cargando todos los tiliches que había ella llevado para esa tarde, avanzamos entre suspiros, tomados de las manos, pegados, enamorados, sonriéndonos y creía que de alguna manera todos se darían cuenta de aquel secreto guardado en los árboles y el rio.
-No me quiero separar de ti – me dijo con ojos llorosos, eso me pareció curioso, pero sinceramente me pasaba lo mismo, ella se había acurrucado a mi lado todo el camino de regreso, y pensé en lo afortunado que era, en que definitivamente jamás quería irme de su lado y nos visualice como a esas parejas que uno se encuentra a veces en la vida, jóvenes y de pronto no tan jóvenes, y de pronto casados y de pronto con niños y de pronto viejos y de pronto hasta el infinito ¿Podía soñar con ese futuro? Parecía que sí, siempre estaríamos juntos.
-Yo tampoco corazón, pero nos veremos pronto y podremos darnos más besos y cariños – ella me miraba con dulzura y sonreí, mientras se recargaba de mi como una pequeña y yo la sostenía de la cintura y tomaba su rostro para besarla – Te amo. – le dije seriamente -En verdad Isabella, quiero que quede claro.
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Heart of Stone
RomansaHEART OF STONE Prólogo El joven con corazón de piedra, quien no se permite amar ni ser amado, el hombre que llora encerrado en su habitación; entre cuatro paredes porque piensa que el sonido de su llanto no saldrá de ellas... esas paredes sin alma...
