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Odiaba admitirlo... pero una parte de mí quería seguir discutiendo.
Aún así.
No miraré hacía atrás.
—Sí no te hubieras entrometido. Habría terminado mal.
—¿Para ti?
—Para ambos.
Froté mis brazos por la brisa de la lluvia que llagaba.
Reí y el me miró.
—¿Qué es divertido?
—Le diste un buen golpee en la espalda—recordé y moví mi mano simulando el golpee divertida,—Esta bien. Se lo merecía. Pero tienes muy buena puntería—alude.
—¿Eso te causa risa? Se divirtió.
—Sí.
—Entonces estabas en el lugar equivocado.
—¿Qué?
—Las peleas clandestinas son lo tuyo.
—No me digas que también has ido ahí por dinero...—me asombré y cubrí mi boca aterrada.
El me miró y sonrió. —Claro que no.
—No lo dudaría.
—Tienes bastante imaginación.
—No lo niego.
Subió su vista al cielo y con la palma de su mano la estiro recibiendo las gotas de lluvia. También levanté mi vista y entrecerré un poco mis ojos por la brisa húmeda.
—Parece que no se detendrá—murmuré.
De pronto comenzó a llover más fuerte y él me miró por segundos.
— Esto no nos ayudará—bajó el paraguas y tomó mi brazo atrayéndome con él.
Ambos corrimos hacía el restaurante a resguardarnos.
La lluvia caía sobre nosotros.
Lo único que iluminaba ese callejón, era el poste de luz y los pocos negocios que seguían abiertos.
Al llegar debajo de la entrada nos detuvimos agitados.
Él me soltó.
Tragué saliva.
Se supone que debimos habernos separado y cada quien ir a casa.
¿Cómo terminamos aquí?
Desvié mi vista a los clientes comiendo a través de los ventanales del restaurante.
—Oye. Seojun.
—¿Hm?
Me miro.
—¿No tienes hambre?
[..]
Emocionada observé la comida.
—No solo se veía delicioso—señale a la comida y lleve el pedazo de tteokbokki a mi boca,—Está delicioso.
—No hables con la boca llena, niña.
—¿Niña?—me cuestione,—¿De nuevo de eso? Creo que no me llevas más de tres años.
—Tengo veinticinco.
—Cumpliré veintiuno, señor.
—Bueno. Eres chica para mí.
—Y usted señor, como es mayor. Debería pagar la cena de esta chica menor—sonreí sarcástica.
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