Capítulo 34

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—¡Oye, Ye Eun!—gritó Minsu llegando agitado a mí,—Espera. Ya cerré—señaló hacia atrás,—Saliste muy rápido—reprochó,—¿A dónde ibas?

—Ah...quería buscar a una persona que me ayude a eliminar esa publicación. Pero mejor lo haré mañana.

Ambos seguimos caminando.

—¿Algo como un ingeniero en informática?

—Bueno...algo así. Alguien astuto, debe tener todo tipo de trucos y conexiones—murmuré para mí.

—¿Y dónde están tus abuelos? ¿No los visitas?—se tornó curioso.

—No los veo. Desde hace dos años.

—¿Por qué?

—Huí de casa.

—No lo creo—rió y junto sus manos al aplaudir dos veces,—La honorable y trabajadora Han Ye Eun. Una abandona abuelitos...—sonrió y negó,—No va contigo. Tan solo imagina...dos pobres ancianos juntando el dinero de su poca y digna pensión esperando a verte algún día de nuevo...

—De pobres no tienen nada.

—¿Eh?

Trato de analizar sí estaba siendo seria al respecto.

—Tienen un negocio familiar, viven mucho mejor que yo—le expliqué y golpee mi pecho,—La pobre soy yo.

—¿Tienen un negocio? ¿De qué tipo? ¿Es de comida?

Levante mi mano y señale al Hotel en lo alto de Seongsu.

—¿Qué? ¿El puesto de fruta?

Negué.

—Ese de allí. Da billones de wones al año.

Permanecí señalándolo, lo bajé y continué mi camino. El permaneció atrás.

—¿Hotel Hanun?—se asombró,—Oye, ¿de qué hablas

Corrió para llegar a mí.

—La honestidad no es tu mayor virtud. ¿Verdad?—hizo una pequeña mueca y negó,—¿Por qué la nieta heredera viviría de esta manera?

Me juzgo.

Me detuve y lo miré.

—Eso sí que es una larga historia—pose mis brazos sobre sus hombros,—Me mudaré este viernes. ¿Me ayudarás?—sonreí sarcástica.

Palmee sobre sus hombros y seguí mi camino.

—¿Qué? Estaré ocupado.

—No te dije la hora.

—También trabajo.

—Lo haces por horas.

—¿Eso qué?

Lo inválido.

—Te daré cuarenta y cinco mil wones.

—¿Es temprano o por la tarde?—se interesó.

Sonreí divertida.

[..] Jueves

Salí del aula y ví a Suho recargado en la pared deslizando en su teléfono.

—¡Lee Su Ho!—lo llamé, el levantó su vista al escuchar su nombre, sonreí y levanté mi mano saludándolo.

Él me miró extraño y giró a su alrededor.

Me aproximé.

—¿Y a ti qué te sucede hoy?—me observó.

—¿Estás libre hoy a las siete y media?

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