I
Si la realidad fuera una película, Natasha habría sentido la presencia de Owen detrás de ella, y algo que todavía los unía misteriosamente la habría hecho girarse sabiendo con exactitud lo que éste quería. Pero la realidad es diferente, y Natasha no ha sido consciente de que Owen la seguía hasta que él ha pronunciado su nombre en voz alta. Sorprendida y algo asustada, la chica se queda paralizada y es Owen el que camina para ponerse en su campo de visión.
-Hola –dice él con tranquilidad.
-Hola –Natasha intenta no fruncir el ceño ni hacer ningún gesto que pueda contrariarle.
Mientras tanto, la gente pasa a ambos lados, dirigiéndose a clase y apartándose del camino de la pareja como el agua de un río lo hace con una piedra.
-¿Me echas de menos? –pregunta Owen directamente, y su voz suena casi dulce.
Natasha lo piensa durante un segundo antes de contestar.
-Ya te echaba de menos cuando todavía estabas en la residencia.
-No comprendo...
-Owen, tú... te fuiste hace mucho tiempo. Ahora te miro y no te veo a ti, sino a un extraño. No sé qué te ha pasado, pero hace semanas que dejaste de ser el Owen del que me enamoré.
Las palabras salen atropelladas de sus labios, y a pesar de saber que quizás no deba haberlo dicho, no consigue evitarlo.
-No he cambiado, sigo siendo yo... y te quiero –susurra el joven, y por un momento Natasha cree vislumbrar en él al chico que era antes.
-No se le hace daño a alguien a quien se quiere.
El rostro de Owen cambia totalmente. Sus ojos se vuelven fríos, sus labios se contraen y su ceño se frunce de tal modo que parece que sus cejas vayan a tocarse. Cierra las manos en puños y Natasha consigue no echar a correr porque todavía hay gente pasando a su lado y está convencida de que Owen no será capaz de lastimarla delante de ellos.
-Owen –se arma de valor- no quiero volver a verte.
La sorpresa se refleja en la expresión del joven que tanto daño le ha hecho. Cuando consigue encajar el golpe, se acerca un paso a Natasha y su respiración es tan agitada que parece que vaya a ponerse a gritar. Pero no lo hace.
-Ya entiendo de qué va todo esto –escupe cada palabra-. Ahora estás con otro y por eso ya no me quieres a mí.
-¿Qué...? ¡No! –contempla asustada como ya no queda casi nadie pasando a su lado, y todos pasan de largo creyendo que será alguna acalorada pero típica discusión de pareja- Escucha, tengo que irme a clase.
-No, no, no –la agarra de la muñeca con fuerza-. No. No puedes mentirme. Te he visto. ¡Joder, que ahora te follas a Axel! ¿Es que vas a ir tirándote a todos los amigos de tu hermano o qué?
Natasha lo contempla con los ojos desencajados, sin querer creer lo que acaba de escuchar. Tarda demasiado en reaccionar y para cuando lucha por soltar su muñeca, Owen ya la ha agarrado por la cintura y le impide moverse.
-¿Quieres saber lo que eres? –grita, pues ya no queda nadie que le escuche- ¡Eres una puta!
Le propina una bofetada y cuando logra recomponerse, Natasha le escupe en la cara como única forma de defenderse, como la única manera que encuentra de expresar su frustración y su rechazo. Él es mucho más fuerte y la tiene sujeta de un brazo y del torso, y por mucho que forcejea con la otra mano no logra escapar.
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TESTIGOS DE LA LUNA
Roman d'amourAyleen Miller se muda a una residencia de estudiantes en Chicago para empezar sus estudios en medicina. Ayleen llega a Chicago convencida de que sus años de universitaria van a ser los mejores de su vida, pero no tiene ni una leve idea de lo que pu...
