Capítulo 22.

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I


Hayley está preparando su bolsa para ir a clase mientras Mark la espera apoyado en la puerta. Unos días atrás se cambió el tinte y ahora las puntas de su pelo son rojas, pero la paciencia con la que escucha a su amiga no ha cambiado en absoluto.

-Estaban ahí, liándose. Los vi con mis propios ojos, estos de aquí -se gira para mirar a Marcus y se señala los ojos-. Y Derek encima tiene prohibido entrar en la residencia.


-Era evidente -se limita a decir él.


-Ya, pero -mete con energía un libro de economía en su bolso- Connor no lo sabe.


-Connor no quiere saberlo. A veces, el cerebro almacena información que...


-No me hace falta saber todo eso -Hayley hace una mueca de contrariedad-. Sólo quiero saber si debo decírselo a Connor o no.

-Lo estás poniendo todo como si Connor y Ayleen fueran pareja y ella le estuviera siendo infiel.

La chica menuda y de voz aguda se queda mirando a Mark como si fuera la primera vez que lo viera.


-Todo el mundo cree que lo son -coge sus cosas y sale de la habitación.


-Excepto ellos -Marcus cierra la puerta y sigue a Hayley con resignación.

-¿De verdad crees que Connor no piensa que entre ellos hay algo más que una simple amistad? -su tono es más sarcástico que curioso.

-Creo que Connor es más consciente de la situación de lo que tú crees -él se encoge de hombros.

-¿Entonces me estás diciendo que no se lo diga porque ya lo sabe o que se lo diga precisamente por el mismo motivo?

Tras un prolongado suspiro, Mark se pone a su altura y la hace parar de andar.

-¿Quieres saber qué pienso?

Hayley asiente con la cabeza.

-Creo que tienes celos de Ayleen, porque ella ha llegado mucho después que tú y aun así Connor ya la ha puesto en su zona VIP, mientras que tú te has quedado en la business.

-¿Eres psicólogo o azafata? Porque menuda comparación aérea -bufa Hayley-. Pero no estoy celosa.

-Ya.

-¡Es cierto! Lo que estoy es cansada de ver cómo Connor siempre acaba con el corazón hecho pedazos, y sólo le resultamos importantes cuando tenemos que recoger los trocitos y pagarlos con pegamento fuerte.

-No será tan fuerte cuando siempre se lo vuelven a romper -bromea Marcus, pero Hayley permanece seria.

-No sé qué hacer -su cara revela auténtica preocupación.

-Entonces no hagas nada.

-¡Pero eso ya implica hacer algo! Tomar una decisión, quiero decir... Y no sé si lo correcto es...

-Hayley -el chico le pone las manos sobre los hombros-, tienes tiempo para pensarlo cuando te aburras en clase de Derecho Romano. Ahora vamos o llegaremos tarde.

Con un suspiro, y sin las ideas claras, la joven camina hacia la universidad, más confusa tras la charla con Mark que antes de ella. "Sin duda, algunos psicólogos te hacen acabar con más problemas de los que tenías al principio".

TESTIGOS DE LA LUNADonde viven las historias. Descúbrelo ahora