Capítulo 31.

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I


Las siguientes semanas pasan rápido para Ayleen. No sólo está inmersa en sus estudios, sino también en su relación con Derek. Pasan juntos la mayoría del tiempo que ella tiene libre, y tal vez por aburrimiento o tal vez por verdadero deseo, Derek va a clase y a veces, sólo a veces, también estudia. Ayleen y Connor estuvieron unos días estudiando juntos, otra vez, en las tumbonas de la piscina, de modo que parecía casi casual, pues no implicaba que se fueran a la habitación de ninguno de los dos, y ahora que ha comenzado a hacer frío suelen irse a la sala de estudio de la residencia. Casi no hablan, probablemente porque no saben qué decirse, pero al menos han recuperado esos silencios que no son incómodos. "Poco a poco", piensa Ayleen cada vez que sale, frustrada, de la sala de estudio.


Y así pasan los días. Ayleen se ha permitido volver a acostarse con Derek porque a) Por el momento no le ha demostrado que tenga intenciones de dejarla o que siga con ella sólo por eso y b) Sabe que su fuerza de voluntad no es suficiente como para resistirse permanentemente a Derek, ni tampoco quiere hacerlo.


De modo que el día anterior a su dieciocho cumpleaños, después de ver Elysium en el ordenador con Derek, después de expresar su frustración ante esa forma de acabar de la película, y después de que Derek la bese en la clavícula y le diga que el hecho de que algo acabe mal no implica que la historia no haya sido bonita, Ayleen lo agarra del cuello de la sudadera y lo atrae hasta ella, haciendo que su cuerpo quede sobre el de ella encima de la cama, y se pierde, se pierde en sus labios, en sus manos, en la tinta negra que cubre su piel desnuda.



II


A la mañana siguiente, al despertar, Derek no está en la cama. En cambio, en la parte libre de la almohada, hay un paquete plano y de forma cuadrada envuelto en papel de regalo, con un pequeño lazo dorado en una de las esquinas. En el papel se ve escrito:


Los pelirrojos tenéis que apoyaros entre vosotros, así que he decidido contribuir a la causa.


Aunque no tiene sentido en ese momento, Ayleen sonríe, y su sonrisa se ensancha al abrir el papel y encontrarse un disco de Ed Sheeran, el primero. No está muy segura de si es que Derek sabe que es un cantante que le gusta o sólo lo ha comprado por el color naranja, pero le da igual, porque en ambos casos le ha hecho ilusión. Se dice a sí misma que tiene que recordar decirle a Derek, una vez más, que no es pelirroja.


Se levanta de la cama, pone el disco a reproducirse en el ordenador, y se viste mientras lo escucha. Sus padres la llaman mientras se está poniendo las botas, y habla con ellos durante casi media hora. Ventajas de cumplir años en sábado.


Al bajar a desayunar, a Ayleen se le hace extraño que gente de la residencia con la que casi nunca ha hablado la felicite, pero se siente tan feliz sin motivo aparente que se acerca a darle las gracias a todo el mundo con un abrazo.


En el comedor sólo están Hugo, Hayley, Mark y Connor.


-Hola –saluda Ayleen alegremente.


Luego se da cuenta de que lleva bastante tiempo sin hablar con ellos, y que tal vez no quieran saber nada de ella. Se muerde el interior del labio inferior, mira al suelo y se da la vuelta para ir a por las cosas del desayuno. Pero antes de que pueda girarse del todo, Hugo la estruja en un fuerte abrazo, y aunque le empiece a faltar el aire, Ayleen lo abraza también con fuerza.

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