Capítulo 5.

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I

Connor mira de reojo a Ayleen. Llevan ya un rato recorriéndose las calles de Chicago próximas a la residencia, donde suele haber ofertas de trabajo adecuadas para jóvenes estudiantes: que no requieran mucho tiempo, porque los chicos necesitan estudiar, pero en los que no paguen mucho, porque los jóvenes necesitan el dinero y aceptan lo que sea. Ayleen parece contenta, a pesar de que todavía no han encontrado nada. Es muy guapa.

-Connor –dice ella de repente, mirándole y descubriendo que él tenía los ojos puestos en ella.

-Dime –no aparta la mirada.

-¿Por qué te desagrada tanto Derek Harris? –suelta Ayleen.

El joven nota cómo sus cejas se arquean y suspira con resignación.

-¿Por qué lo dices? –siempre que no se quiera responder a una pregunta, es mejor responder con otra pregunta.

-Porque cada vez que lo ves, te cambia la cara y el humor –Ayleen se muerde el labio, consciente de que puede que haya preguntado algo que no debía; aun así, insiste-. ¿Por qué?

Connor no está seguro de que deba contárselo. Tampoco se conocen tanto, y no le gusta dar la primera impresión de víctima, o que la gente sienta lástima por él. Justo entonces ve un cartel en un restaurante de que se necesita empleada. Sí, lo especifica, necesitan a una chica joven de camarera.

-¡Mira! –señala el anuncio y se acerca al cristal para leerlo mejor.

El chico es consciente de que Ayleen se ha quedado esperando una explicación, pero ya se la dará más adelante. Un suspiro se escapa de los labios de ella, pero va también a leer el anuncio.

-¿Entramos? –lo mira.

-Eres tú la que tendrá que trabajar –Connor se encoge de hombros-. Pero yo entraría.

Ayleen echa un vistazo desde la cristalera que separa el restaurante de la calle. Tiene pinta de ser un sitio bastante informal, no demasiado cuidado ni elegante, pero trabajar le vendrá bien. En Aurora, su ciudad, solía cuidar a la hija pequeña de su vecina, y está acostumbrada a organizarse el horario. Además de que podría usar ese dinero para sus pequeños caprichos, como hacía el año pasado.

Connor ve a su nueva amiga pensativa, pero finalmente se decide y entran. Se acercan a la barra y Ayleen pregunta por el encargado a una camarera que está lavando unos vasos.

-¿Vienes por lo del trabajo? –la camarera mira a Ayleen, aunque antes no ha podido evitar repasar a Connor de arriba abajo.

-Sí.

-¡Jill! –grita la joven desde detrás de la barra, comprobando antes que no hay ningún cliente en el restaurante.

Un hombre bajito y regordete sale de una puerta que debe dar a las cocinas. No tiene pinta de ser el típico dueño de locales explotador de estudiantes de sexo femenino que las contrata más para alegrar la vista de la clientela que para que sirvan mesas. “Claro que muchas veces las apariencias engañan”, piensa Connor.

-Hola –se apresura a saludar Ayleen, tendiéndole la mano.

-Así que quieres el trabajo –el tal Jill estudia a la candidata con la mirada.

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