Capítulo 9.

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I

Ayleen balancea los pies hacia delante y detrás, sentada en el borde de la cama de Connor. Él rebusca por entre las estanterías, convencido de que hay una bolsa de palomitas por alguna parte. La habitación está algo desordenada, como la de cualquier estudiante que se precie, pero resulta un lugar agradable. Es algo más amplia que la de la chica, y unas varillas con aroma de coco le proporcionan a la estancia una atmósfera grata.

 -¡Por fin! –Connor saca de un tirón un paquete de palomitas de debajo de una montaña de libros.

 La joven suelta una carcajada, pues él sostiene la bolsa como si fuera un trofeo, y su cara es totalmente triunfal.

 -¿Has decidido ya qué película vamos a ver?

 Ayleen niega con la cabeza.

 -¡Nos habíamos dividido el trabajo! –protesta Connor- Yo buscaba las palomitas, y tú la película.

-Pero es que no sé cuál elegir… Tampoco sé qué tipo de películas te gustan.

-Todas.

-Sí, claro, Titanic seguro que te encanta.

 Ahora es Connor el que ríe. Coloca su ordenador portátil encima de la mesita de noche y la desplaza para que quede enfrente de la cama.

 -Tal vez –responde con voz misteriosa, abriendo la bolsa de palomitas y colocando su contenido en un bol-. ¿A ti te gusta?

-Tal vez –Ayleen imita al joven rubio.

 La chica apoya la espalda en la almohada, que ha colocado pegando a la pared para que estén más cómodos mientras ven la película. Connor se acomoda a su lado, y por un momento Ayleen pierde la concentración. La pierna de él roza involuntariamente la suya, y la pelirroja se aclara la garganta. ¿Qué le pasa?

 -Iron Man –propone, intentando actuar con normalidad.

-¿De verdad? –Connor la mira sin estar muy seguro de que a ella realmente le gusten esas películas.

-Que sí. Me encanta Robert Downey Junior.

-¿Quién?

-¿Pues quién va a ser? El protagonista –Ayleen ríe-. Adoro todas sus películas.

-Y si este es Robert Downey Junior… ¿quién es Robert Downey Senior?

-¡Y yo qué sé! Anda, busca la película en tu mágica página ilegal –bromea ella.

 Connor se inclina hacia delante para utilizar el portátil, y mientras no se da cuenta, Ayleen le observa. Vuelve a llevar una camiseta de tirantas –aunque no la misma que esa mañana- y sus brazos quedan plenamente descubiertos. La respiración de la joven comienza a agitarse. Ahora sí se siente cómoda, como si Connor y ella fueran amigos desde hace más tiempo, y le agradece por dentro al chico que se haya preocupado tanto por ella. Ayleen siente un impulso enorme de alargar el brazo y tocarle, pero Connor vuelve a echarse para atrás, satisfecho de haber encontrado la película.

 -Ya está –coge una palomita y se la mete en la boca; luego se queda mirando a la pelirroja-. Ayleen, ¿pasa algo?

-¿Qué? –sacude la cabeza- No, nada, en absoluto. Sólo estaba pensando.

-¿En qué?

-En todo un poco, y en nada. Ya sabes, lo típico cuando tu mente empieza a pasar de una cosa a otra y de repente no sabes cómo has llegado hasta lo último que estabas pensando –dice de carrerilla, nerviosa, sin tener muy claro ni siquiera por qué.

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