I
Connor hace girar distraídamente la taza de chocolate entre sus manos. Ni siquiera es consciente de que lo está haciendo, pues su cabeza está muy lejos de allí. O no tanto, teniendo en cuenta que MacMurray's está justo enfrente de la residencia y que él está pensando en Ayleen. Cuanto más lo piensa, más le cuesta comprender qué hace una chica tan fantástica como ella con alguien como Derek.
-Connor, cariño, el chocolate caliente se suele beber caliente –la señora MacMurray se acerca hasta su mesa.
-Lo sé, lo sé –dice él dándole un sorbo para contentar a la mujer.
-¿Qué te pasa? –lo mira con ojos tristes.
-¿Por qué hay siempre personas que se llevan lo que no se merecen?
La mujer piensa durante unos segundos.
-Bueno, el mundo no es un lugar justo –hace una breve pausa-. Pero muchas veces no somos nosotros quienes debemos decidir qué merecen los demás. En realidad nunca sabemos por completo sus circunstancias y... en fin, en cualquier caso, que nosotros deseemos algo no quiere decir que no haya otros que lo deseen también.
El joven asiente con la cabeza y da un pequeño sorbo a su bebida.
-No estés triste, cielo. El tiempo siempre pone las cosas en su sitio.
La campanilla de la puerta tintinea a la llegada de un nuevo cliente y la señora MacMurray se marcha para atenderlo.
Sí, tiene razón. El tiempo siempre pone las cosas en su sitio. Pero ese sitio no siempre es en el que querríamos que estuvieran.
II
Natasha deja que el movimiento del autobús la balancee y cierra los ojos un instante. Las visitas al psicólogo la hacen acabar agotada. No sabe mucho de esas cosas, pero cree que el suyo es un buen psicólogo. Tiene un diván en la habitación, pero a ella siempre la ha dejado quedarse en la silla. Puede que los psicólogos sólo usen los divanes en las películas; en cualquier caso, este en concreto pasa el tiempo de la consula charlando con ella. Le hace preguntas sutiles, le habla de la vida, la escucha como nunca nadie la había escuchado y sobre todo, habla con ella de temas no-Owen.
Desde que salió del hospital, todos le preguntan por lo mismo. Natasha prefiere responder de forma ambigua, porque no le apetece que medio Chicago sepa que quien fue su novio había intentado violarla. De todos modos, un cuarto de Chicago ya lo sabe. Posiblemente gracias a las conversaciones con el psicólogo, no se avergüenza de ello, pero le duele y mucho, y no soporta cuando la gente siente lástima por ella, o cuando creen saber lo que le está pasando. Igual que Natasha no puede comprender lo que están pasando millones de personas que sufren de diferentes formas en el mundo, nadie excepto los que realmente hayan vivido lo mismo que ella pueden comprenderla. No pueden, porque no saben lo que es que la persona a la que amas, aquel que debería protegerte, el que debería ser tu refugio del mundo, sea en realidad el que te haga daño.
Pero Natasha es fuerte. O al menos intenta serlo, y lucha contra ese sentimiento de humillación y de abandono que crece en su interior cada vez que piensa en lo ocurrido, porque no está sola, y aunque le cueste admitirlo el apoyo silencioso que le están transmitiendo Derek, Axel, Ayleen e incluso Connor no tiene precio. Hasta sus padres han estado en Chicago todo el tiempo que estuvo en el hospital más varios días estando ya fuera de él. A Natasha les costó convencerles para que se fueran, pero la realidad es que tienen que trabajar. En cualquier caso, su madre va a ir hasta allí tres veces a la semana sólo para asegurarse de que su hija está bien.
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TESTIGOS DE LA LUNA
RomanceAyleen Miller se muda a una residencia de estudiantes en Chicago para empezar sus estudios en medicina. Ayleen llega a Chicago convencida de que sus años de universitaria van a ser los mejores de su vida, pero no tiene ni una leve idea de lo que pu...
