Capítulo 12

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Luego de un largo rato, regresé a casa, mi madre estaba más tranquila. Fui a mi habitación sin decir una sola palabra y allí estaba Juli, escuchando música. Sólo tome unas cosas aún sin articular palabra, pero cuando al salir de allí me topé con mi hermano.

— ¿Adónde vas con tanta prisa? —me preguntó.

— A casa de Lourdes, tengo un trabajo que entregar en la escuela —le dije.

— Solo recuerda no llegar tarde.

— ¿Tu también estas como mamá?

— No, sólo que no quiero que nada malo te pase.

— Creo que ya estoy bastante grande para cuidarme sola —fruncí entrecejo molesta.

— No entiendo qué te pasa, ya no eres la misma Alison de antes —me dijo, viéndome con decepción.

— Discúlpame. Sé que últimamente no me he portado bien contigo, tú no tienes la culpa de mis enojos —lo abracé.

— Luego hablamos cuando estés más calmada. Ahora ve con tu amiga que debe de estar esperándote —me sonrió.

— Te quiero, hermano.

— Yo también te quiero.

Me dirigía a la casa de mi amiga para terminar un trabajo de la escuela, de pronto sentí como si algo detuviera mis pasos. Frené en seco y miré a todas partes en busca de algo, pero no estaba segura de qué. Mis ojos se clavaron en mi Lourdes quien estaba a lo lejos coqueteando con alguien, me acerqué un poco más, era Peter. Solté mi mochila yendo directo a ella, pero la muy cobarde salió corriendo en cuanto me vio.

— ¿Que significa todo esto? —le pregunté a Peter. Furiosa.

— No es lo que piensas —respondió nervioso.

— ¡Yo no estoy ciega, alcance a ver claramente como mi amiga coqueteaba contigo! —espeté molesta.

— Tranquila, mi amor, que yo solo tengo ojos para ti.

Mintió.

— ¡Los ojos son los que le voy a sacar a esa traidora, sólo deja que yo la agarre!

— Luego hablamos cuando estés más calmada —me dijo y se fue.

Otro cobarde.

— Esto no termina aquí, ya habláremos luego tú y yo.

Me alejé molesta y pensando en muchas cosas, cansada de tantas traiciones. Llena de coraje y odio por tantas cosas que sólo pensaba en vengarme.

Día siguiente:

Llegué temprano a la escuela para repasar la tarea, pasaron varios minutos y llegaron mis compañeras de salón.

- Hola, Alison —me saludó Verónica, una de las chicas más popular de la escuela.

— Estoy un poco enojada.

— Puedes contarme si quieres, quizás pueda ayudarte en algo.

— Hablamos después de clases y te cuento.

Sonó la campana para entrar a clases y nos dirigimos al salón.

De un sueño a la Realidad(editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora