Capítulo 28

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Un año después:

Ya me había graduado y estaba a punto de comenzar la universidad, mi relación con Diego seguía perfecta, en todo ese tiempo juntos la pasamos de lo mejor. Mi amistad con Lourdes y Verónica era inseparable, cada fin de semana nos juntábamos para compartir las tres y recordar esos tiempos de escuelas, Verónica era la misma de siempre, coqueta y conquistadora. Todo marchaba perfecto, al menos eso pensaba.

Fueron pasando los meses y al fin entre a la universidad, cada paso que daba era un reto mas en mi vida para lograr cumplir mi sueño de ser una gran paramedica de aeronaves, pero cuando mas motivada me encontraba, la vida me juega una mala carta.

Mi madre se enfermó y tubo que ser hospitalizada nuevamente, pero esta vez era algo mas serio, ya no sabia que hacer, sentí que algo malo estaba a punto de pasar. Algo dentro de mi me decía que todo por lo que e luchado toda mi vida estaba a punto de acabar.

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Cinco meses después:

Mi madre continuaba en el hospital, los médicos no querían decir que tenia, el porque de esta recaída. La desesperación era tan grande que ya no podía concentrarme en mis estudios, mis promedios fueron bajando a tal extremo que la universidad tomó la sedición de expulsarme, ya que no contaba con el promedio que ellos exigían. En ese momento sentí que todos mis sueños habían terminado, pero no me importaba ya que lo único que me importaba en ese momento era la salud de mi madre. llamé a mi hermano Steven y le conté que me habían expulsado de la universidad, en un momento pensé que se pondría como loco y comenzaría con sus discursos de políticos como acostumbraba hacer, pero no fue así, me pidió que lo callara para  que mi madre no se enterara ya que ella siempre soñaba con verme lograr mis metas.

Llegué a casa y allí estaba mi hermana Juli preparando una maleta para mi madre.

— ¿Para quién es todo eso? — Pregunté curiosa.

— Son unas batas y cosas personales para mamá. — Responde con lágrimas rodando por sus mejillas.

— ¿Qué tiene nuestra madre? ¿Por qué a mi no me quieren decir qué es lo que tiene mamá? — Pregunté preocupada.

— Nuestra madre está bien, solo es una recaída. — Responde mientras se dirije a la puerta.

— ¡Maldita sea, Juli! ¡Yo también tengo el derecho de saber qué tiene nuestra madre y ahora mismo me lo vas a decir! — Grité furiosa y exasperada.

— Te dije que solo es una recaída y ya no te preocupes tanto que eso te hace daño, recuerda tu condición.

— ¡Al diablo mi condición y dime que rayos esta pasando! — Volví a gritar insistente.

— Te dije que no pasa nada y ahora dejame salir que tengo que llevar estas cosas al hospital. — Evade mi pregunta y se dirije al auto de su novio.

— ¡Sé que algo me ocultan y lo voy a descubrir! — Grite desde la puerta principal.

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Me la pase encerrada en casa todo el día ya que no me dejaban entrar al hospital a ver a mi madre, así que llamé a Diego para ver de que manera podía entrar al hospital a ver a mi madre, de alguna manera yo tenia que verla, así fuera a escondidas.

— Hola Diego

¿Qué tienes, amor?

— Estoy desesperada, no me dejan entrar al hospital a ver a mamá y nadie me quiere decir qué está pasando.

Tranquila, quizás no es nada grave.

— Yo no pienso igual, porque si no es nada grave, ¿por qué lleva meses en el hospital? Además mi hermana Juli se acaba de llevar una maleta para mamá.

¿Que quieres hacer? — Preguntó.

— Quiero que Lourdes y tú me ayuden a entrar al hospital.

¿Estas loca, Alison? Si nos cachan nos meteremos en problemas, ya sabes que en ese hospital tienen restringidas las entradas.

— Bueno, Diego, contigo o sin ti yo voy a entrar y no me importa que me cachen. Tengo que descubrir que está pasando con mi madre.

Esta bien, te voy ayudar pero deja que hable con Lourdes y le llegamos a tu casa.

Acá los espero. — Colgué la llamada.

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Una hora después:

Llegaron Diego y Lourdes a mi casa y nos reunimos en la sala para planear la manera de entrar al hospital. Se que no sera fácil pero vale el esfuerzo intentarlo, en esos momentos solo pensaba en ver a mama, aunque fuera de lejos.

— Alison, ¿sabes que nos estamos arriesgando a ser descubiertos? — Habló Diego.

— Lo se amor, pero vale la pena intentarlo. — Respondí con seguridad.

— Primo, ¿de cuando acá le tienes miedo a los retos? — Habló Lourdes.

— No es miedo, es precaución.

— Bueno, bueno. — Interrumpí. — Vamos a dejar las suposiciones y vamos a lo que vinimos. Además entraremos de noche cuando casi no haya nadie en el hospital. —  Me senté junto a Diego.

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Once de la noche:

Espere a que mi hermana Juli se quedara profundamente dormida para escaparme, coloque unas almohadas en mi cama y las cubrí con sabanas para simular que yo estaba acostada, así que salí de la habitación sin hacer ruidos y salí de la casa para poder llamar a Diego y poder dirigirnos al hospital.

En todo el camino sólo pensaba en mi madre y que por fin después de cinco meses volvería a verla. Todo esto era confuso, no entendía el por qué, si según mi hermana mi madre no tenía nada, por qué llevaba tanto tiempo en el hospital y por qué  no me dejaban verla.

De un sueño a la Realidad(editando)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora