Conocí a una dama en el prado Increíblemente bella, un hada de cuento Tenía una larga melena, y unos pies ligeros Y unos ojos turbadores.
Lucy se quedó mirando a lord Dragneel con estupefacción.
—¿Cómo dice?
—Juega con ventaja respecto a mí: usted lleva un antifaz, y yo no. —Su voz sonaba profunda y gutural en el pequeño espacio no que tenía el carruaje—. Me gustaría verle la cara. ¿Le importa?
Ella dudó sólo brevemente antes de alzar las manos hasta las cintas que mantenían la máscara sujeta a su cara.
—No, por supuesto que no. —Después de todo, lo que él le pedía para enmendar de alguna manera su error era algo pequeño, y de hecho se había comportado como un perfecto caballero desde el momento en que habían aclarado lo acontecido.
Además, la lógica aplastante le decía que él tenía razones más que suficientes para haber malinterpretado las circunstancias.
Probablemente ese desventurado había sufrido más de una vez el acoso de alguna muchachita ilusa que mostraba una clara intención de cazar a un conde adinerado. ¿Cómo iba a acusar a un hombre tan rico y poderoso como él por mostrarse precavido? Lo mínimo que podía hacer era mostrarle la cara.
Si pudiera desatarse las cintas... ¡Virgen santa! Estaban bien anudadas. Ni tan sólo podía deslizar ese bendito antifaz por encima de la cabeza. Le desharía el peinado, y si regresaba al baile con el pelo revuelto, la gente sospecharía que había sucedido algo más.
—Lo siento, pero no puedo soltar las cintas.
—Permítame que la ayude. —A pesar de sus largas piernas, Natsu se movió con agilidad desde su asiento opuesto al de ella hasta el que Lucy ocupaba para sentarse a su lado—. Incline la cabeza hacia delante, por favor.
Ella dudó unos instantes. El pequeño pensamiento de imaginar los dedos del conde posados sobre su nuca le provocó una suerte de deliciosa quemazón en todo el cuerpo. Algún instinto femenino la estaba previniendo sobre el peligro de dejar que ese sujeto se le acercara tanto.
Sin embargo, era evidente que él no estaba interesado en ella como mujer. Le había mostrado claramente su contrariedad cuando se enteró que era virgen. Así que, ¿por qué tanto recelo?
—De acuerdo —convino Lucy, intentando mantener un tono de voz tranquilo.
Natsu depositó sus largos dedos en su nuca y se enzarzó en la labor de desatar el nudo. Lucy se quedó completamente quieta, como si se hubiera convertido en una estatua incapaz de sentir el cuerpo masculino a escasos centímetros de ella.
¡Menuda pasada! Jamás había estado tan cerca de un hombre, y el más leve movimiento del conde imprimía una reacción inmediata en todos sus sentidos: esos brazos apoyados en su espalda, esos músculos flexionados mientras intentaba deshacer el nudo... su respiración, cálida y acompasada, que le hacía cosquillas a través de la fina capa de pelo que le cubría el cuello desnudo... ese muslo firme, presionando contra la parte inferior de su espalda.
Lucy notó cómo la sangre fluía más alborotada por todo su cuerpo. Cantos años dedicada en cuerpo y alma a asistir a su madre en la larga enfermedad que la consumía y luego el año de luto la habían alejado de cualquier posible pretendiente. De todos modos, tampoco había demasiados jóvenes solteros en Willow Crossing, pero seguramente habría encontrado alguno si no hubiera estado cuidando de su madre.
Ahora su madre estaba muerta, ella tenía veintidós años, y sólo contaba con la compañía de su padre. Esos días, con él tan distante y sus actividades tan restringidas, ni tan sólo su padre lograba mantener a raya la terrible soledad que la acompañaba. Sin embargo, había adoptado la determinación de mantenerse ocupada en casa.
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My Lord
Fiksi PenggemarLucy es una chica de la baja aristocracia, hija de un rector que gracias a la culpa de una amiga llega a tener problemas, conociendo así a un Lord que cambiara su vida, pura y sana...
