Somos verdaderamente incansables a la hora de satisfacer las necesidades
del cuerpo, pero jamás logramos saciar las del alma.
Ophelia desparramó su orondo cuerpo en el sofá justo enfrente de la silla que ocupaba Randolph, luego liberó sus doloridos pies de los zapatos que los apresaban y los depositó encima de un taburete tapizado con crin de caballo. Ahora estaba pagando el precio por las excesivas horas que había pasado de pie la noche anterior. Y encima su hermano estaba de un pésimo humor. Decididamente, su cuerpo ya no estaba para tantos trotes ni preocupaciones.
—¿Y bien? —La acució Randolph—. ¿Dónde está esa muchacha presuntuosa?
—No tardará en bajar, tranquilo. —Ophelia bostezó—. Tienes que darle tiempo para que descanse, o no realizará bien el trabajo que le hemos encomendado.
—¡Como si realmente estuviera cumpliendo su compromiso! Aún no he oído ni una sola referencia a lo que sucedió en el baile. ¿Es por eso que la enviaste derechita a la cama ayer por la noche, incluso cuando le ordené que me contara todo lo que había sucedido? ¿La estabas protegiendo porque sabías que no había descubierto nada?
—La envié a dormir porque la pobrecita no se sostenía en pie.
—¿Después de una fiesta tranquila que acabó prácticamente después de medianoche?
—No, después de haber soportado tantas lecciones seguidas de baile y un día completo de compras, y por último una fiesta en la que no paró de bailar.
—Y todo a mis expensas, claro.
Ophelia torció el gesto y se inclinó hacia delante para masajearse los pies
—Mira, si no querías meterte en este lío, no deberías haberme pedido que la preparase con esmero para esas galas. La habría vestido con una ropa harapienta, la habría cubierto de mugre y después la habría dejado tirada en la primera esquina que encontrara a cada evento al que asistiéramos juntas.
Randolph la miró con irreverencia. Jamás había apreciado el particular sentido del humor de su hermana.
—Pues será mejor que esa muchacha tenga algo que contarme cuando baje a desayunar. No pienso costear sus juergas si no puede ofrecerme ninguna información a cambio.
—¿Juergas? —La carcajada seca que soltó Ophelia resonó atronadoramente en la quietud de las primeras horas matutinas en la casa que los Loxar tenían en la ciudad—. Pues ella lo considera una tortura. —Cuando Randolph la miró enfurecido, con los ojos entrecerrados como un par de rendijas, ella añadió deliberadamente—: Sin embargo, no entiendo el porqué. Si esa chica no quería ser partícipe de semejante farsa, lo único que tendría que haber hecho era negarse. ¿O acaso me equivoco?
Él apartó la vista de ella y frunció los labios con aprensión.
Había llegado el momento de un asalto más directo.
—Randolph, ¿qué le dijiste a Lucy para convencerla de que participara en tu plan? Es obvio que ella considera que esta farsa es absolutamente desdeñable. Deberías haberla visto después de la fiesta ayer por la noche; estaba callada, amedrentada, como un ratoncito que hubiera caído en las garras de un temible gato.
—¿Y también se comportó del mismo modo en el baile? Eso no es lo que acordamos, y lo sabes. Quería que ella se mostrara...
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My Lord
Fiksi PenggemarLucy es una chica de la baja aristocracia, hija de un rector que gracias a la culpa de una amiga llega a tener problemas, conociendo así a un Lord que cambiara su vida, pura y sana...
