V(2)

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—Pues claro. Supongo que no creerá que es usted el primer hombre al que beso. Mi mamá es inglesa, pero por mis venas fluye también sangre escocesa. Y en Escocia, las chicas gozan de mucha más libertad para... ejem... digamos que para divertirse.

La expresión en los ojos de Natsu no tenía precio. Lady Dundee tenía razón. Flirtear con un hombre —especialmente con uno que había estado a punto de echarla a patadas de su carruaje debido a las ganas que tenía de librarse de ella— resultaba enormemente gratificante.

Antes de darle la espalda por completo, lo miró por última vez por encima del hombro con el semblante divertido.

—Pero no se preocupe. Está usted a la altura del mejor hombre al que he besado, se lo aseguro. —Entonces se alejó de él, sonriéndose para sí con aire triunfal, aunque rezando por que él no la siguiera.

Pero Natsu era completamente incapaz de seguirla.

«¿Pero qué diantre...? ¿Quién diablos es esa mujer?»

Esa seductora que sabía fingir tan bien bajo el cuerpo de Lucy se había comportado como una de las típicas chicas fáciles con ganas de cazar a un nuevo pretendiente, en vez de la muchacha inocente y virginal que lo había mantenido desvelado muchas noches durante meses. Se frotó los labios. Todavía podía notar el suave aroma de ella, dulce y penetrante a la vez, y el olor a lavanda que se desprendía de su cabello.

Lavanda... ¡Lucy olía a lavanda!
Pero muchas jóvenes usaban agua de lavanda. Además, ¿cómo era posible que la cándida hija de un rector hubiera realizado una comedia tan magistral? ¡Si Lucy se escandalizaba ante la idea de decir una mentira piadosa! Y desde luego, Lucy no besaba así.

Por todos los demonios, Natsu estaba excitadísimo por culpa de ese beso. Sacó el pañuelo del bolsillo y se secó las gotas de sudor que le anegaban la frente. Si ella era Lucy, ¿dónde había aprendido a flirtear y a besar y a excitar a un hombre de ese modo? La habría desflorado allí mismo, en los jardines de los Merrington.

¡Desflorarla! Natsu resopló. Como si esa mujer pudiera ser todavía virgen. Lucy Heartfilia era sin lugar a dudas virgen, pero tenía serias dudas acerca de lady Lucía.

¿O es que acaso ella sólo había intentado confundirlo? Si no hubiera sido por ese beso, habría jurado que esa mujer era Lucy. Tenía el mismo olor y la misma apariencia que Lucy. Y estaba relacionada con lord Loxar.

A Natsu se le heló la sangre. ¡Claro, además había esa coincidencia! Murmurando maldiciones con los dientes apretados, se arregló la ropa para cubrir su prominente erección y se encaminó lentamente hacia la casa. Vislumbró una forma humana entre las sombras de un árbol cercano, pero supuso que se trataba de otra pareja que se estaba haciendo carantoñas arropada en la oscuridad del jardín, y continuó andando, sumido en sus pensamientos.

Si hubiera sido Lucy, se habría negado a mentir con la testarudez de una mula. ¿Era posible que Loxar hubiera obligado a la decentísima hija de un rector a fingir que era su sobrina? Ese tipo debía de tener unos motivos muy poderosos para darle a una persona de baja extracción social como Lucy una nueva identidad y una fastuosa fiesta de puesta de largo.

Un pensamiento desagradable emergió en su mente, asqueándolo hasta un límite insospechado. ¿Y si Lucy era la amante de Loxar? Loxar jamás se casaría con la hija de un rector, pero podría intentar buscarle un matrimonio de conveniencia para que de ese modo él pudiera... como pago por los servicios prestados.

Natsu sacudió la cabeza. Eso era absurdo. Loxar no podía haberse encandilado tanto de Lucy hasta el punto de convertirla en su amante para deshacerse de ella en un par de meses. Y tampoco podía creer que el conde de Dundee y su esposa se avinieran a cooperar en un plan tan retorcido.

My LordDonde viven las historias. Descúbrelo ahora