Nombre: Jazmín Edad: 17 años.
La verdad es que no sé por dónde empezar mi historia. Es algo compleja, no complicada pero sí compleja de explicar.
Yo asistí a un colegio público durante la mayor parte de mi vida. Desde la primaria hasta tercero de secundaria (tienes 14 años, en Argentina, en tercero de secundaria), y todos esos años fueron espantosos para mí, y no es algo que me guste recordar. Yo conocía a esas personas de toda la vida, siempre fueron las mismas, y creí que en algún momento pararían de hacerme burlas.
Verán, yo nunca fui la chica más bonita, delgada, o simpática. La poca simpatía que tenía se fue, porque ya no estoy tan segura de mí misma. Esas personas me expusieron durante mucho tiempo, me decían "gorda, cerdito" y demás adjetivos mientras era mi turno de correr en la clase de Educación Física. Siempre tenía como ese temor de decir algo por el hecho de que sentía que todos me odiaban y si abría mi boca me iban a ignorar por completo, me iban a dejar en ridículo, o algo parecido. Decirle a un chico que me gusta lo que sentía siempre fue tan difícil para mí. Una vez, a los once años, le escribí una carta a un chico, y una compañera (con la que obligadamente me tuve que sentar ese día), curoseó lo que escribí, y leyó para quién era. Ella se ofreció a dejársela en su escritorio, y yo tontamente estuve de acuerdo. Fue un estúpido error.
No solo el chico terminó por enterarse de que me gustaba, sino que todo el curso, y las risas no se hicieron esperar. Ese fue uno de los peores días porque incluso él se rió en mi cara y me dijo que era demasiado fea para él.
Es hasta el día de hoy que me es imposible tener algo serio con una persona, o no tomarme los halagos como una broma. Cada vez que siento que alguien comienza a gustarme, termino rechazando el sentimiento, y creo que me acostumbre tanto a que todos los chicos me miren como si fuera un espectro que no me gusta que me digan que me quieren. Y sé que eso es un problema.
Tampoco puedo aceptar la amistad tan fácilmente. Las chicas eran las que peor trato me daban, ellas no escatimaron en insultos durante mis tres años de secundaria en ese colegio. ¿Saben lo que es fingir que uno está enfermo para no tener que ir al colegio? A mi se me acababan las enfermedades. Un día, si la profesora de Educación Física no hubiera llegado a tiempo, estoy segura de que hubiera vuelto a mi casa con moretones por todo mi cuerpo. Como si hubiera sido un complot, todos las chicas me habían mirado especialmente con odio ese día, y en la clase de Educación Física me ponían el pie para que me tropezara. Después de ese intento de golpearme, mi mamá tenía que ir a dejarme y a buscarme, a pesar de que vivía a tres cuadras del colegio.
Cuando salí de ese colegio e ingresé a otro en mi cuarto año de secundaria (15 años), había optado por cortar mi pelo en lugar de mis muñecas. Si me cortaba no iba a solucionar nada. Y de hecho, tengo que agradecerle ese pensamiento a todas las personas que se burlaron de mí y me hirieron durante toda mi vida, porque en cierto modo esas personas me ayudaron a forjar mi carácter de ahora. En fin, no sentía que cortarme fuera una solución a mis problemas, entonces simplemente tomé unas tijeras y me corté el cabello. Ese también fue un error, porque a pesar de que había bajado con gran esfuerzo de peso, mi rostro era tan redondo como una galleta, y el corte que me hice fue uno parecido al carré.
Los primeros tres meses en ese nuevo colegio estuvieron bien. Había unas personas simpáticas que no eran especialmente perfectas, así que nos llevamos bastante bien. Pero después, cuando ellos me animaron a salir a los recreos, las miradas burlonas y las risitas habían vuelto. Por supuesto que no me sentí bien.
Por eso, es hasta el momento que no salgo a los recreos más que a acompañar a alguien al baño, comprar fotocopias y cosas así. Me alegró que ese año terminara más rápido de lo que hubiera esperado, porque, por supuesto, no faltó la persona que me llamó "Dora la exploradora", y personas que se burlaban de mí por mi elección alimenticia o mi extraña alergia al sol. En el segundo año allí, me alegró haber sido una persona poco visible, no recibía burlas y tampoco se reían de mí. Aunque tampoco hablaban mucho conmigo. Sólo tenía a dos chicas maravillosas haciéndome compañía, y una de ellas, llamémosla Josefina, era prácticamente como mi hermana, incluso le decía mamá a mi mamá, y mi hermano es su futuro ahijado.
Pero algo siempre tiene que salir mal. El año pasado tuvimos una pelea, de cierto modo, después de esa pelea caí en la cuenta de que estaba siendo utilizada como una amiga consuelo. Es decir: cuando ella me decía que asista a clases, a pesar de que yo estaba enferma y esas cosas, porque sino ella se iba a sentir sola, yo iba y lo hacía, porque sabía lo que se sentía estar sola. Pero cuando yo se lo pedía a ella, me decía que no porque su alasiadora no funcionaba y no le gustaban sus rulos. Ella tenía otras amigas a diferencia de mí, pero yo era la que siempre estaba cuando la necesitaba... ¿Y ella dónde estaba cuando yo la necesitaba?
Ahora que estoy en mi último año de secundaria, nadie, absolutamente nadie se burla de mí. Se ríen conmigo y no de mí. No a todos les caigo bien, pero son lo suficientemente maduros como para no decirme nada ofensivo. Ahora estoy recuperando un poco mi confianza. Aún sigo siendo retraída, reacia a hablar frente a todos o salir a los recreos. También me cuesta mucho entablar una conversación de más de medio minuto con una persona que no pertenezca al profesorado, pero mis compañeros lo intentan y esas cosas son las que me están dando confianza.Siendo leído, esto parece sacado de una novela donde todos terminan felices. Pero mi año todavía no termina, y todavía pueden pasar muchas cosas. Así como una persona cambió de la noche a la mañana cuando estaba en primaria, también puede cambiar de la noche a la mañana otra. Y así comienza la cosa.
No se necesita más que una persona con maldad para comenzar un rumor, una burla o un chiste a costa de otra. Siempre que no sea contra uno, las demás personas lo van a alentar, se creerán el rumor y lo expandirán, apoyarán la burla con más burla, y se reirán del chiste para incentivarlo.
Nadie merece sufrir por el bullying, pero lastimosamente aún hay personas que no comprenden que todos somos personas. Todos tenemos sentimientos y merecemos respeto. Sin importar nuestra apariencia física, nuestras limitaciones físicas o mentales, nuestros orígenes o nuestros gustos a la hora de escuchar música o vestirnos. Nadie es diferente de nadie, pero tampoco somo iguales; y debemos respetar eso si nosotros también queremos que nos respeten.
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BULLYING STOPS HERE #2
RandomLIBRO 2/2 Libro en el que se recogen historias reales de personas que sufrieron bullying en algún momento de su vida. ¿Quieres contarme la tuya? Mandala a: bullyingstopshere8@gmail.com Comentad. Ayudáos mutuamente. Hay más gente pasando por lo mism...
