Sintió como el olor de su tío se alejaba y se fusionaba con el aroma del resto de personas que se cruzaban en su camino. Alguna vez había explicado la forma en la que sentía los movimientos de los demás. Su tío Mark siempre había estado muy interesado en cómo ella percibía olores, sonidos, formas, movimientos…Realmente no sabía explicarlo. Suponía que al carecer de un sentido, el resto de sentidos se potenciaba, o al menos era la explicación que le daba a esa peculiaridad suya. Pero no era la única ciega de la ciudad, y la diferencia entre ella y el resto era notable.
Halia había pasado su vida a cargo de su tío Markus, desde que sus padres murieron en un accidente de barco. Un incidente parecido a lo que acababa de pasar durante aquella noche con el barco de pescadores. Su familia nunca se había puesto de acuerdo a la hora de aclararle el motivo de la muerte de sus padres. Su tío le había contado que una gran ola volcó el barco en el que viajaban sus padres. Su abuela, que lo había hecho un gran animal marino que por aquella época rondaba la costa. Era verdad que la versión de su tío siempre había sido la más lógica y fiable, pero desde que empezaron a ocurrir aquellos sucesos en el mar, la versión de su abuela tomaba realismo.
Su tío por aquel entonces era un adolescente que adoraba los deportes acuáticos y la pesca, y por tanto fue la persona que le enseñó todo lo que sabía del mar. Poco después, tuvo que marchar para estudiar biología marina. Durante esos años, Halia estuvo a cargo de su abuela, y fue cuando conoció los mitos y leyendas que rondaban la isla, la más misteriosa de las habitadas del archipiélago de Lofoten. Quizás aquel misterio se debía a que estaba realmente cerca de otra isla, desierta de habitantes al menos humanos, y a la cual no se podía llegar por mar, y a veces tampoco por aire. Unas corrientes de agua y de viento hacían que los barcos y helicópteros que se acercaban a ella, se perdieran en las profundidades del mar. Y los pocos barcos que regresaban, contaban sus marineros que habían podido ver monstruos marinos o volar grandes pájaros con forma humana, cerca de aquellas aguas malditas, en las que nadie se atrevía a navegar.
Su tío Mark le había contado muchas historias del mar cuando Halia era una niña, pero aquello fue antes de que marchara a la Universidad. Cuando regresó con un título bajo el brazo, ya no hablaba de mitos ni de leyendas, solo de ciencia. Algo infinitamente más aburrido.
Pisaba tierra dura, lo cual significaba que había salido del centro de la ciudad y se había adentrado en el bosque. El instituto estaba cerca. Podía reconocer el murmullo de sus compañeros de clase. El olor de los almuerzos de los alumnos. La máquina de café de la sala de profesores. Respiró hondo. Sonó el timbre, echó a correr.
Muchos de sus compañeros estaban en la puerta, charlando bajo las escaleras. Seguramente hablando del suceso de aquella noche. Le parecía extraño que ni siquiera el timbre los hubiese hecho abandonar la conversación.
Apoyó su mano en la cabeza de Ulises, y lo empujó levemente para que se adentrara entre la multitud de jóvenes. A Ulises no le gustaban las aglomeraciones, y menos las del instituto. Aunque era un perro de gran tamaño y anchura, la mayoría de jóvenes no miraban hacia abajo, y acababan por pisarlo. Halia se detuvo. Una de las normas del instituto sobre el uso de animales guía, era que el perro estuviese atado en todo momento.
Buscó en su mochila y sacó una correa de cuero marrón. Mientras intentaba concentrarse en alguna conversación en concreto, ató al perro.
—Mi padre logró verlo —decía una voz de chica— la cola de una ballena de al menos nueve metros. El barco dejó de responder al timón, dos horas estuvieron a la deriva.
Se oyeron exclamaciones de asombro. Halia reconocía la voz de cada uno de sus compañeros.
—¿Y qué me dices de los pájaros? —decía otro chico a su derecha— Mi hermano dice que los vio muy cerca de nuestra casa. Vienen de la isla del norte.
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Cazadores de Titanes: La cuarta raza
FantastikUna isla al norte de Noruega queda aislada, remolinos en el agua y en el cielo hacen que barcos y helicópteros acaben en las profundidades del mar. Halia, una joven invidente, vive en esa isla donde testigos dicen ver criaturas en el cielo, la monta...