Lisa
Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí.
Despierta papá, despierta, mira que ya amaneció, ya los pajaritos cantan, la luna ya se metió...¿Alguna vez sintieron que todo en su vida va por un buen camino? Pues así me sentía yo. Papá estaba en su mejor momento en el trabajo. Creo que olvidé mencionarlo pero le habían ofrecido un ascenso.
¡Un ascenso!
Según tengo entendido es algo bueno, igual a cuando sacas premios en el colegio.Bueno, se lo habían ofrecido, eso no quiere decir que ya lo hubiera ganado, se lo habían ofrecido solamente y tenía que ganarlo... Pero siendo sinceros nadie era más listo que papá.
Por otro lado si los festejos no fueran suficientes, era su cumpleaños.
Amaba las fiestas. Papá lo sabía. Matilda lo sabía. Todos lo sabían. Podía pasar meses planeando los cumpleaños, y aquella ocasión no fue la excepción.
Hice un cartel con letras de colores, Matilda me acompañó a comprar una bolsa de confeti, cuatro gorros de fiestas y un pastel. Preparamos la grabadora de pilas y pusimos la canción de feliz cumpleaños a todo volumen. Nuestros vecinos nos odiarían, papá también lo hizo probablemente, pero no importó.
Corrí hasta su cuarto cantando a todo pulmón la canción, con Matilda a mi lado y la grabadora en mano.
Papá aún estaba dormido, o mejor dicho quejándose de que lo habíamos despertado con semejante escándalo, pero aquel enojo momentáneo desapareció cuando me lancé a la cama para abrazarlo.
Papá era mi familia, celebrar su cumpleaños era más que una fecha en el calendario. No sé muy bien como explicarlo, supongo que hay cosas que las palabras no pueden describir, quizás el amor que sentimos por las personas que amamos es una de ellas.
—Feliz cumpleaños papá —dije mientras lo abrazaba—. Oreo y yo te hicimos una carta, espero te guste. Él la decoró.
Papá sonrió y tomó el sobre con cuidado.
—Tiene bastante talento.
—¿Verdad que sí? Para celebrar tu cumpleaños estaba pensando que podría quedarme en casa para festejar todo el día...
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Querida novia de papá
RomanceTener diez años no es fácil. Compartir a tu padre todas las semanas con un remplazo del recuerdo de mamá, tampoco lo es. He visto cientos de caras pasar por la puerta, pero puedo contar con los dedos de las manos las que lograron hacerlo más de dos...