Capítulo 57

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Horas después...

Los padres de Ana se habían ido a comer algo a la cafetería después de que ella les insistiera, fue el único momento en el que nos quedamos a solas. A mitad del beso noto como a Ana le caen las lágrimas, se las limpio y le acaricio la cara.

Pablo:
-¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?

Ana:
-Los ángeles no pueden hacer daño. Gracias, muchas gracias.

Pablo:
-¿Por?

Ana:
-Por lo que has hecho por mí, ha sido increíble. Gracias a ti he sobrevivido. No tengo vida suficiente para pagártelo.

Pablo:
-No me tienes que pagar nada, ya lo estás haciendo al compartir tu vida conmigo. Lo que hecho no es nada comparado con lo que haría por ti.

Ana:
-Te quiero.

Pablo:
-Y yo a ti muñeca, te quiero muchísimo.

En mitad del beso aparecieron los padres de Ana. Por suerte reaccionamos rápido y no nos vieron.

Alicia:
-Toma hijo, que llevas aquí todo el día y no has comido nada. Dijo dándome un café y un donut.

Pablo:
-Muchas gracias señora, no hacía falta.

Alicia:
-Llámame Alicia. Oye hija me gusta este chico ¿estás soltero?

Pablo:
-Jajaja.

Ana:
-Mamá no sigas. Él acaba de salir de una ruptura y ya sabes que yo... bueno.... que está Hugo.

Alfonso:
-A ese ni me lo nombres, cuando lo pille...

Ana:
-Tú quieto, ni se te ocurra hacer nada.

Alicia:
-Hija tu padre tiene razón. ¿Por qué sigues con él? ¿No ves que no os queréis? ¿Hace falta que te vuelva a pegar para que te alejes de él?

Ana:
-Mamá yo sé lo que hago, déjame a mí.

Alicia:
-Yo solo quiero que seas feliz cariño, y con ese hombre no lo eres.

Ana:
-Mamá ya.

Alfonso:
-Tengamos la fiesta en paz.

Me senté en una silla al lado de Ana y le agarré la mano. Apoyé la cabeza en la camilla y noté como poco a poco el sueño me invadía.

Alicia:
-Anda muchacho vete a casa, te estás quedando dormido en la silla.

Ana:
-No no, él se queda aquí conmigo. Dijo agarrándome el brazo.

Alfonso:
-Ni que fuera tu novio, deja al hombre que se vaya a su casa, tendrá cosas que hacer.

Pablo:
-No se preocupe, estoy bien aquí. Me quedaré aquí toda la noche.

Ante eso Ana sonrió, cosa que me alegró mucho ya que una sonrisa de ella es lo mejor qie puedo recibir y más en las circunstancias en las que se encuentra ahora mismo.

Ana:
-¿Por qué no os váis vosotros? No quiero decir que molestéis, me refiero a que lleváis muchas horas aquí y no hace falta que estéis pendientes de mí. Tengo a Pablo y a los médicos.

Tras mucho insistir consiguió que cedieran, les dio las llaves de su casa y se fueron.

Pasados unos días le dieron el alta a Ana. Cuando llegamos a su casa sus padres están durmiendo en el sofá-cama. Acompaño a Ana a la habitación y la ayudo a ponerse el pijama. Me cambio de ropa y antes de acostarme le echo un vistazo a los perros. Vuelvo a la habitación, cierro la puerta y me acuesto.

Pablo:
-¿No crees que tus padres sospecharán algo si me ven durmiendo contigo?

Ana:
-No, se darán cuenta de que no hay más camas y ya está.

Pablo:
-Ya. De todas maneras hay que tener cuidado. Tienen la mosca detrás de la oreja.

Ana:
-Tranquilo, saben que estás aquí unos días por la ruptura con tu ex.

Pablo:
-¿Y cuando vean que no son solo unos días? Y tendremos que controlar nuestros impulsos y nuestro comportamiento.

Ana:
-No se quedarán aquí mucho tiempo, mañana o pasado se van, tienen su vida y su trabajo.

Seguimos hablando un rato y después vimos una peli ya que Ana decía que no tenía sueño porque en el hospital estaba todo el día durmiendo. Cuando acabó la peli....

Ana:
-¿Vemos otra?

Pablo:
-Me encantaría muñeca pero estoy muerto de sueño.

Ana:
-Por favor no te duermas, quédate despierto.

En ese momento le empiezan a salir las lágrimas que en segundos pasan a ser un río sin control. Me incorporo apoyándome en el cabezal y la estrujo entre mis brazos. Por mucho que la consuele no para de llorar.

Pablo:
-¿Qué te pasa Ana?

Ana:
-Nada, no me pasa nada, ha sido un bajón puntual. Buenas noches. Dijo girándose y tapándose.

Pablo:
-Tss, de eso nada, ven aquí anda.

La cogí con cuidado para no hacerle daño y la senté en el hueco que había entre mis piernas. La tapé y la rodeé con los brazos.

Ana:
-¿No ibas a dormir?

Pablo:
-Sí pero se me ha quitado el sueño, ahora me apetece ver la tele con mi niña preciosa. Dije mientras le daba varios besos en la mejilla.

Ana:
-¿De verdad?

Pablo:
-Claro que sí.

Ana:
-Gracias.

Me dio un beso con mucha efusividad y se apoyó en mi hombro. La verdad es que me estaba cayendo de sueño pero por ella aguantaba toda la noche si hiciera falta.

El calor de tu sonrisa [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora