Unos besos recorren mi torso y hacen que se dibuje una sonrisa en mi cara. Se me borra enseguida al recordar que no es Ana la dueña de esos besos.
Ana: -¿No me das un beso de buenos días?
Al escuchar esa voz abro los ojos y me encuentro con su sonrisa.
Pablo: -Hola preciosa. Digo después de darle un beso.
Ana: -¿Por qué has sonreído y dedpués te has puesto serio?
Pablo: -Es que al notar tus besos no he podido evitar sonreír pero al recordar que seguramente no eras tú sino Marta me he puesto serio. Más bien triste.
Ana: -Marta se ha ido a hacer unos recados asi que ya que estábamos solos he aprovechado.
Pablo: -Pues vamos a aprovechar el tiempo, pero lo hacemos bien.
Tras decir eso la tumbo en la cama y me pongo encima de ella. Después de un rato de besos y demás metí las manos por debajo de su camiseta, pero ella me paró en seco.
Pablo: -¿Qué pasa?
Ana: -Es que no puedo hacerlo, aquí no. Es vuestra cama, donde vosotros pues.... habéis.... eso.
Pablo: -Pues nada, no hay cama.
Dicho esto la cogí como un saco y la metí en la ducha. Después me metí yo, cerré la puerta y abrí el grifo. Ella pegó un saltito cuando empezó a caerle el agua por la espalda.
Ana: -¡Déjame salir, el agua está helada! ¿Estás loco o qué?
Pablo: -Sí, estoy loco, pero por ti.
Poco a poco nuestra ropa fue cayendo al fondo de la ducha hasta que nos quedamos desnudos. La agarré del culo haciendo que rodeara mi cintura y la pegué a la pared. Nos fundimos en un solo ser mientras el agua, que ya no estaba tan fría, caía sobre nuestros cuerpos haciendo que se deslizaran más todavía.
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Paró de besarme y miró a los lados.
Ana: -¿Qué ha sido eso?
Pablo: -¿El qué? Digo besando su cuello.
Ana: -¡Estáte quieto! ¿No has oído un ruido?
Pablo: -No. Estás obsesiva con el tema de Marta, no esta aquí. Tú misma la has visto salir. Digo sin dejar de besar su cuello.
Justo en ese momento oigo como alguien sube las escaleras. Inmediatamente Ana se baja de mí.
Ana: -¡Te lo dije! ¿Ahora qué hacemos?
Pablo: -Ponte detrás de mí, as8 no te verá y como la mampara está empañada pues menos todavía.
Se colocó detrás de mí y en ese momento entró Marta en el baño. Abrí la puerta y asomé la cabeza.
Marta: -¡Qué susto! ¿A qué hora te has despertado?
Pablo: -Hace una hora y algo.
Marta: -¿Quieres que meta en la ducha comtigo? Dijo acercándose a mí.
Pablo: -No hace falta, ya estoy terminando.
Marta: -Bueno vale. ¿Sabes dónde está Ana?
Pablo: -Se ha ido al parque a pasear a los perros.
Marta: -Pero si los perros están abajo, incluido Max.
Pablo: -¿Ah sii? Es verdad! Se ha ido a comprar churros.
Marta: -Vale, te espero abajo, voy a jugar un rato con los perros.
Pablo: -Vale, ahora bajamo.... bajo, ahora bajo.
Cuando ya había bajado salimos de la ducha y nos secamos. Nos vestimos y mientras Ana se terminaba de secar el pelo bajé para entretener a Marta. Después de una media hora jugando se levantó y entró en la casa. Yo la seguí para ver a donde iba y que no pillara a Ana.
Pablo: -¿A dónde vas?
Marta: -A beber agua.
Pablo: -Yo te la traigo.
Marta: -No hace falta.
Salimos de la cocina y en ese momento vimos a Ana a punto de salir. Cerró la puerta y vino hacia nosotros.
Marta: -Anitaa ¿no ibas a comprar churros?
Ana: -Así es.
Marta: -¿Y dónde están?
Ana: -Es que... no habían. Se han agotado.
Después de comer Ana recogió sus cosas y se fue. Aunque los dos le insitimos para que no lo hiciera, sobre todo yo. Fui al salón, donde estaba Marta acostada, y me senté en el otro sillón.